ARTÍCULO

Una psicología para el cambio social

Trotta, Madrid, 1998
Edición, introducción y notas de Amalio Blanco Epílogo de Noam Chomsky
376 págs. 3.400 ptas.
 

Resulta doloroso hacer memoria sobre la persona y la obra de Ignacio Martín-Baró, SJ, vallisoletano de origen pero salvadoreño por decisión personal, porque todo en él era serena alegría y vitalidad esperanzada cuando la estupidez criminal de la soldadesca le asesinó junto a sus compañeros jesuitas, con Ellacuría a la cabeza, del equipo rectoral de la Universidad José Simeón Cañas, en San Salvador.

Más allá del dolor y de la rabia que todavía nos sobrecoge cuando recordamos las fotografías de su cuerpo abatido en el patio de la residencia, es necesario entender por qué fue asesinado. Martín-Baró no fue, desde luego, una víctima accidental en un país en guerra civil, como tampoco lo mataron por una militancia política partidista que le convirtiera en enemigo de otras facciones. La vida de MartínBaró fue segada porque estaba entregada a la verdad, y no sólo en las aulas, en las salas de congresos y en las revistas especializadas, sino en toda su comunicación con los otros, desde lo amistoso o familiar hasta las relaciones civiles y políticas. Él, como sus compañeros asesinados, irradiaba verdad en lo que decía y hacía, poniendo al descubierto la sinrazón de la injusticia y la violencia de la oligarquía y haciendo así inteligible, desde una racionalidad universal, el conflicto civil que asolaba a la sociedad salvadoreña. Si Martín-Baró y sus compañeros fueron mártires de su fe religiosa, lo fueron también sin duda de un compromiso con la razón. Con su muerte, los asesinos quisieron matar la razón misma.

La obra científica de Martín-Baró ha consistido en la elaboración de una psicología social crítica para dar cuenta de la realidad social centroamericana y, en general, iberoamericana y, desde ese esfuerzo de esclarecimiento, impulsar los procesos de cambio y desarrollo social hacia la realización de valores democráticos.

Formado en las tradiciones más convencionales de la psicología social norteamericana, pronto descubriría la radical insuficiencia de tales planteamientos para el contexto en que se desenvolvía su trabajo. En sintonía con los debates epistemológicos que se libraban en los centros del poder académico durante la década de 1970, Martín-Baró fue sopesando críticamente el diseño de psicología social más adecuado para entender la sociedad que le rodeaba e intervenir en ella. Su perspectiva se configura en un momento en que está muy extendida la idea de crisis en la psicología social, cuando se ponen en cuestión los fundamentos del paradigma naturalista-experimental y la posición del psicólogo ante la realidad humana que estudia.

En la polémica desencadenada por Kenneth Gergen al considerar «la psicología social como historia», MartínBaró se alinea junto a él, lo que no nos sorprende si consideramos su conocimiento de Ortega y del Zubiri de Naturaleza, Historia, Dios, además de su proximidad a Ellacuría. En ese legado ya disponía Martín-Baró de elementos filosóficos de mayor hondura y actualidad que el verificacionismo positivista al uso en la psicología social.

Pero además de un criticismo epistémico, desde el que concibe la psicología como un empeño teórico-práctico para la libertad, nuestro autor adopta también una perspectiva crítica de la realidad social, de las condiciones que traban y ocultan los posibles caminos de esa libertad. En este sentido, aun sin reconocerlo muy explícitamente, hay en su obra claras resonancias de la Escuela de Francfort y, en general, del pensamiento marxista; de sociólogos norteamericanos como Wright Mills, o iberoamericanos como Orlando Fals Borda, etc. Esta dependencia analíticocrítica de la sociología, necesaria para su programa de trabajo, no se manifiesta, sin embargo, en una exigencia explícita de constitución interdisciplinar para la psicología social, sino casi siempre dentro del territorio y el discurso académico-profesional de la psicología. En este sentido, uno de los aspectos de sus trabajos que habría que desarrollar y profundizar, para ser coherente con los supuestos de partida de su programa de investigación, sería una mayor apertura a las ciencias sociales y a la sociología en particular. Estoy convencido de que Martín-Baró habría seguido esa trayectoria intelectual, a la vista de sus planteamientos teóricos y de los temas de investigación en que andaba ocupado cuando fue asesinado. Una psicología de la liberación, es decir, una psicología del cambio y para el cambio psicosocial tiene que ser también una sociología.

Una exigencia fundamental que se desprende de la psicología social crítica de Martín-Baró es la teorización propia y autónoma, generada en respuesta a los problemas específicos del contexto sociocultural en que se inscribe el investigador y no como mera extensión o transposición de los conceptos, hipótesis y metodologías de supuesta validez transcultural, pero en realidad vinculados a los intereses y problemas de los investigadores de los países desarrollados. No se trata, según él, de rechazar in toto la tradición científica dominante de la psicología y la ciencia social, sino de crear la propia en un diálogo abierto para discernir aquellos elementos que le ayuden a entender y resolver mejor sus propios problemas.

Muchas de las cuestiones que Martín-Baró suscitó hace más de una década han seguido siendo objeto de análisis y debate entre los psicólogos iberoamericanos. Quizá no con la radicalidad y viveza con que él las planteó; pero siguen estando ahí. Su legado ha sido tal que puede ser considerado uno de los creadores de la psicología social actual en Iberoamérica, donde se mantiene de él muy viva memoria. No sucede así en España, a pesar de que mantenía estrechas y frecuentes relaciones con colegas españoles, y asistió a varios de sus congresos y reuniones desde 1981. Sus publicaciones no son de fácil acceso para los lectores españoles, por su dispersión y por las editoriales poco conocidas aquí.

Esta injusta desmemoria viene a ser reparada ahora con el espléndido trabajo de Amalio Blanco, que en este volumen nos ofrece una cuidada edición de los estudios más significativos de Martín-Baró, ordenados sistemáticamente, con amplios y esclarecedores comentarios y con un estudio introductorio que nos ofrece una visión de conjunto de la obra del psicólogo social (el propio Amalio Blanco ha dirigido una reciente y excelente tesis doctoral de Luis de la Corte sobre Martín-Baró). Todo ello hecho con la pasión intelectual y la devoción de una gran amistad que nos devuelve la presencia-ausencia, dolorosa pero necesaria, de alguien que ya es un símbolo de compromiso ético en la investigación. Da mucho que pensar este reencuentro con Ignacio Martín-Baró en estos tiempos que corren de postmoderna indiferencia y poco sutil escepticismo.

01/10/1999

 
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