ARTÍCULO

Voces de allí, aquí

Siruela, Madrid
256 pp. 17,90 €
 

Ésta es la historia de la doble rebelión de una mujer dominicana. La emancipación de un marido que impuso su machismo con los galones de general y la ruptura con una madre que hizo de los vínculos sanguíneos otra forma de dictadura. Ganadora del premio Cafe Gijón, Madre mía, que estás en los infiernos revela también una forma de contar que establece puentes a uno y otro lado del Atlántico y que el cambiante escenario sociológico, con las nuevas generaciones de la inmigración, favorecerá.
La autora, Carmen Jiménez, es una española que trabaja con organizaciones de cooperación internacional y conoce bien la idiosincrasia de la inmigración hispanoamericana. Nos encontramos, pues, ante un fenómeno innovador en una literatura que se desarrolla en una doble dimensión. Con gran dominio de los registros léxicos, Jiménez viaja, como su protagonista, entre la República Dominicana y Madrid; y plasma con solvencia ese maridaje cultural, conjugando las voces de cada ámbito. El detalle no es baladí y marcará tendencias en la literatura que los hijos de la inmigración facturen en los próximos años, así como en las aportaciones que el colectivo hispanoamericano pueda introducir en el Diccionario de la Real Academia.
La trama de la novela posibilita ese mestizaje. Adela, la protagonista, estuvo unida al hombre más poderoso de su país y arriba al aeropuerto de Barajas huyendo de aquella férula brutal y militaroide. A sus esfuerzos por salir adelante en España, similares a los de cualquier inmigrante, se añade esa especial condición «política». Pero lo que parece ser un episodio de violencia de género, Jiménez lo «enriquece» con los demonios familiares. Así, al perfil del marido perseguidor, general violento pero ya caído en desgracia, se añade el ajuste de cuentas contra una madre manipuladora, que culmina en la trágica oración que da título a la novela: «Madre mía, que estás en los infiernos. Maldito sea tu nombre...». A la postre, la victoria de Adela será deshacerse del chantaje emocional de una madre tiránica. La huida del violento general deviene en liberación y desvela el auténtico sentido de la historia.
Adela transmite las vivencias de una inmigración que se siente extraña, tanto en el país de origen como en el de acogida. Soledad introspectiva que supera la nostalgia del terruño para diseccionar unos lazos familiares que coartan el desarrollo personal. Y Carmen Jiménez consigue expresar esa realidad con la riqueza léxica del mestizaje.

01/06/2009

 
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