ARTÍCULO

El turista libertino

Alfaguara, Madrid
474 pp. 19,50
 

Desde hace una década, cuando se puso a viajar en InterRail para la colección Vive la vía, Gabi Martínez ha ido añadiendo kilómetros y octanaje literario a su obra, con títulos como Una España inesperada o su celebrada novela Sudd. Consciente de una tradición rubricada por los maestros Joseph Conrad y Paul Theroux, el autor barcelonés culmina en Los mares de Wang una singladura por la costa china y arriba a buen puerto al aportar otra mirada –y no una mirada más– sobre una realidad que cuenta con una exhaustiva bibliografía.
Del contaminado Pekín al feísimo Dongxing, nuestro viajero inventaria experiencias; le acompaña en la primera mitad del periplo Wang, traductor veinteañero del interior que no había visto el mar, incapaz de romper los corsés de su educación comunista y de superar barreras personales. Si el nacionalismo se cura viajando, la China inédita y compleja desquicia a un Wang obsesionado por el mianzi, talante nacional del «guardar la cara» que comulga con ruedas de molino totalitarias. El guía acabará enfrentándose al escritor; Martínez proseguirá su viaje: primero en solitario y después en compañía de la joven Li Qin.
Los mares de Wang, o la costa que desbarata visiones dogmáticas, topografía un carácter moldeado por la mentira confucianista y maoísta, hasta alcanzar una perversa conjunción de comunismo y capitalismo salvaje. Si la China futura se cuece en la costa, escribe Martínez, «allí convivían hiperricos e infrapobres, más de medio centenar de etnias, religiones de todo tipo; el mandarín oficial comulgaba con múltiples dialectos empleados por millones de personas. Pese a su clandestinidad, la prostitución se disparaba para satisfacer la demanda del turismo creciente y de los nuevos ricos en la cresta».
Perfectamente dosificado en la descripción periodística, la documentación histórica y la cita literaria, Los mares de Wang no cae en el tópico turístico ni en la prepotencia; percibimos la fuerza perturbadora de un Oriente que el extranjero no llega a aprehender, un «vértigo de lo ininteligible» que le arrastra a la soledad demoledora. Entre comidas vomitivas y manjares de ensueño, basureros y paraísos, Gabi Martínez transita cual funambulista por un territorio minado de prejuicios que sortea con las artes del librepensador y la curiosidad cosmopolita. Su literatura de viajes es moderna y modélica, digna de figurar entre los títulos de referencia sobre China.

01/01/2009

 
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