ARTÍCULO

Amores desatados

Destino, Barcelona
272 pp. 19 €
 

Los confines arranca con una cita de Stendhal que proclama la imposibilidad de escribir sobre el amor «un libro que no sea una novela». Esa fe en su naturaleza narrativa proporciona la coartada para contar una historia donde el amor comparece de una forma azarosa y repleta de aventuras, y cuyos protagonistas, Max y Claudia, han de enfrentarse a las convenciones sociales y a sus propias conciencias. No oculta la narradora (la propia Claudia) los paralelismos con Adán y Eva, pues su pasión, desatada en un edén tropical, entraña una condena inapelable que les obligará a cargar con el sufrimiento y la culpa. Pero el castigo bíblico no disuade a los protagonistas, que consiguen mantener viva la llama de su pasión más allá de la muerte.
Ante este planteamiento, el lector tiene derecho a preguntarse si Trapiello no ha elaborado una ficción demasiado complaciente con los cánones de la novela rosa más añeja. La pareja de amantes, por ejemplo, está adornada con todas las gracias físicas y morales con que ese subgénero idealiza a sus héroes para satisfacer primarios deseos de escapismo. Frente a ellos, los demás personajes se alinean en dos facciones, la de los sumisos colaboradores y la de los aviesos antagonistas. La inevitable fuerza del destino, los espacios exóticos y los ambientes lujosos, los lances de alcoba consignados con meloso estro poético, las añagazas y persecuciones, el plano enfrentamiento romántico de los amantes con las convenciones sociales: todas las convenciones de la novela romántica comercial asoman casi sin rebozo.
Habrá quien vea un rasgo de originalidad o una puerta hacia la complejidad moral y psicológica en el hecho de que se trate de un amor incestuoso. Pero el auténtico papel del incesto es el de reforzar los aspectos novelescos de la peripecia y las emociones más rudimentarias: el amor imposible, la persecución de los amantes, las estimulantes cosquillas de lo pecaminoso. Resulta, además, sonrojante que la narradora omita el detalle de que es la hermana de su amante hasta la página 85. En realidad, toda la novela está jalonada de pequeños o grandes golpes de efecto, tales como anónimos insidiosos que hunden reputaciones o adulterios sorprendidos in fraganti, por no hablar de la sorpresa final: Claudia cuenta su historia desde el más allá. Parece evidente que no interesaba tanto la verosimilitud o la originalidad como satisfacer los apetitos elementales de un público que –me parece– no es la parroquia habitual de Trapiello.

01/01/2010

 
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