ARTÍCULO

Historia de una ambición

Alfaguara, Madrid
400 pp. 19,50 €
 

Hacía tiempo que no me pasaba lo que con esta novela de Use Lahoz (Barcelona, 1976): la he leído de una sentada (al menos la primera parte), entretenida y algo perturbada, sin tener la eterna sensación de que ya estaba otra vez ante una de esas novelas primerizas destinadas al olvido inmediato, de autores españoles que no sólo escriben mal sino que además se creen en posesión absoluta de la verdad.
Los Baldrich es básicamente la historia de una ambición, la de un joven de la maltrecha Barcelona de posguerra que desde muy pronto tiene claros sus objetivos: formar una familia y fundar un negocio que le reporte dinero y mucho prestigio, aunque ello suponga arramblar con las mínimas reglas morales y de conviviencia. Desde la primera página –y esto está muy bien contado– somos testigos de cómo Jenaro Baldrich, paradigma de burgués emprendedor y sin escrúpulos, va acomodando sus circunstancias vitales para lograr esos objetivos en una ciudad que empieza a modernizarse.
Guiado por este sentido práctico, estudia la carrera más corta y se casa con la primera chica que le presentan porque le «pareció absurdo desperdiciar la oportunidad, y dejar para más adelante algo que podía finiquitarse de un plumazo». Esa misma determinación lo lleva a la siguiente decisión: como su mujer, Sagrario, no se queda embarazada y él quiere tener hijos «cuando antes mejor», obliga a la criada a tener relaciones con él sin pararse a pensar en los sentimientos ajenos. Fruto de estas relaciones, tras un embarazo que se lleva a cabo en secreto, nace Jaime, que será presentado ante la sociedad como hijo del matrimonio Baldrich. Más adelante, la propia Sagrario consigue desquitarse del despecho teniendo dos hijos propios: Rodrigo y Natividad.
Una vez fundada la familia, empieza a albergar la idea de fundar un negocio propio en el mundo textil. Para ello se rodea de la gente que más le conviene: un gallego trabajador que había conocido años atrás y un joven espabilado, Mateo, de quien prescindirá años más tarde sin escrúpulo alguno. En general, todos los personajes que el autor va presentando de manera jalonada tienen su razón de ser y ayudan a conocer la historia. Pero algunos, como el de la criada y su relación con la señora o con su propio hijo, no están, desde mi punto de vista, del todo explotados (¿qué siente en su fuero interno esta criada que ha sido «utilizada» para engendrar una criatura y parir como si fuera una vaca?). En la segunda parte de la novela cobran protagonismo los hijos, a los que Jenaro no logra amoldar (dos de ellos no comparten su ideología y modo de vida y el otro no tiene ganas de partirse la espalda como ha hecho él), generándose así el primer fracaso de una existencia que más adelante se desvela absurda.
Son los hechos descritos (y no la intervención partidista del narrador) los que hacen que el lector se forje, poco a poco y por su cuenta, una opinión de las cosas. Las escenas no sólo están bien descritas (véase la página en que la criada «recibe» al protagonista para esas relaciones sexuales obligadas), sino que además se anticipan en la mente del lector. Use Lahoz prepara muy bien el terreno. Por ejemplo, cuando Jenaro Baldrich empieza a intuir que su mujer no se va a quedar embarazada, de repente, sin motivo alguno y en contra de sus principios de burgués, invita amablemente a la criada a que se siente a hacerle compañía. O, en el capítulo en que la familia se junta con los amigos para ver el Festival de Eurovisión, el lector percibe con espanto cómo, poco a poco, Jenaro va acumulando la ira que luego descarga contra su mujer en privado.
Los diálogos son ágiles y creíbles, sobre todo la parte tocante al protagonista, cuya manera de hablar concuerda perfectamente con su personalidad. Lo que no acaba de funcionar es el narrador. En un principio parece un narrador omnisciente, aunque más adelante, concretamente en la página 96, da la cara: el que cuenta la historia es un amigo de Natividad, la hija del protagonista. El hecho de que se trate de un extraño que no ha vivido lo que cuenta lo lleva a utilizar constantemente expresiones innecesarias del tipo «seguramente», «es indudable que» o «es de suponer», que truncan el ritmo de la narración.
Pero el mayor reparo a esta novela es, sin duda, el exceso de crónica social. Si bien se agradece el esfuerzo documental que ayuda a conocer la evolución de la ciudad de Barcelona desde la posguerra hasta el momento actual (la historia de la saga llega hasta comienzos del siglo XXI), a veces uno tiene la sensación de que Use Lahoz ha escrito el libro pegado a un anuario. La alusión exhaustiva a nombres de diarios y revistas, anécdotas de la época, fechas, personajes y acontecimientos no aportan gran cosa a la historia y también lastran el ritmo de la narración.
Pero en conjunto, y aunque la segunda parte decae un poco (ni los hechos narrados ni los personajes tienen el interés de la primera), Los Baldrich es una buenísima novela, un texto lleno de sugerencias y de talento. Creo que, en este caso, el que, en el momento de escribir estas líneas, vaya ya por la cuarta edición tiene su razón de ser.

01/04/2010

 
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