ARTÍCULO

Los artistas plásticos en el cine español

Cátedra/Filmoteca Española, Madrid, 1997
381 págs.
 

Sabíamos ya que el cine era un medio de expresión (un arte) híbrido. En las películas se cuentan historias más o menos verosímiles y escuchamos melodías o ruidos variados, así que es obvio su parentesco con algunos géneros literarios o musicales. Pero es imposible dudar de su carácter predominantemente visual, de su dependencia de las artes plásticas, y muy especialmente de la pintura y de su heredera histórica, la fotografía. ¿Olvidaremos que los primeros productores y críticos, en el Hollywood de los años diez, llamaban a las películas moving pictures?

Esta constatación ha permitido revisar, en fechas recientes, los criterios con los que se escribieron las viejas historias del cine. No se trata ya de apreciar solamente el interés del guión, las implicaciones ideológicas del producto, los valores de los intérpretes, o la supuesta habilidad para todo del director, sino de considerar la película como un producto fundamentalmente artístico dirigido a espectadores (mirones). Y dado que la responsabilidad profesional de los aspectos visuales (lugares de la filmación y ambientes en general) ha corrido a cargo de los directores artísticos, éstos han pasado a ocupar un papel relevante en las últimas evaluaciones críticas del séptimo arte. Hablo en términos generales, pensando en otras cinematografías como la alemana, la rusa o la norteamericana, pues faltaba hasta ahora una reivindicación similar para el cine español.

Pues bien, este es el mérito del libro de Gorostiza. Su autor –un arquitecto canario que viene publicando desde hace años estudios sobre los arquitectos en el cine– llena un hueco ominoso en nuestra bibliografía cinematográfica. Podríamos abundar más en la expresión tópica y calificarlo de laguna, bache o socavón, donde naufragaban todos los que querían hacerse una idea sobre la verdadera realidad histórica de las cosas. Ahora sabemos detalladamente que nuestras películas se hicieron (se siguen haciendo) en lugares construidos o amañados a propósito, en estudios más o menos rudimentarios o al aire libre; conocemos también el nombre y las circunstancias biográficas de sus autores. Gracias a los datos aportados por Gorostiza podemos deslindar mejor qué tipo de responsabilidad correspondió a cada cual en una multitud de películas antiguas.

La primera parte del libro es una historia relativamente sumaria de los episodios más relevantes de la dirección artística en España. Destacaremos una cierta sincronía global con la evolución técnica y artística de otras cinematografías, aunque con algún retraso en ocasiones: resulta sintomático, por ejemplo, que el apogeo de nuestros decoradores se sitúe a finales de los años cuarenta y en los cincuenta (pensemos en las películas históricas de CIFESA ), en un momento en que las grandes compañías hollywoodienses empezaban a abandonar la filmación completa en los estudios. La paradoja es que semejante evolución favoreció a la industria cinematográfica española, y muy especialmente a la dirección artística: durante los años sesenta Samuel Bronston y otros productores eligieron España para filmar algunas de sus más importantes superproducciones, haciendo para ello grandiosos decorados tridimensionales. Su impronta sobre los creadores nacionales fue muy grande, como se desprende de los testimonios recogidos por Gorostiza.

Llaman la atención otros aspectos curiosos, como el papel de algunos emigrados, que importaron técnicas y hábitos del cine alemán. El lector de este libro adquiere la impresión global de hallarse ante un arte relativamente modesto en sus medios y planteamientos, pero de notable calidad media. Los directores artísticos parecen haber sido el sector más estable de la industria cinematográfica española: hubo períodos patéticos, con guiones y directores más bien espantosos (casi todas las «españoladas» del franquismo, por ejemplo), pero aun en esos casos la dirección artística mantuvo una dignidad equiparable a la de los estudios internacionales.

Además de lo dicho hay aquí una serie de entrevistas, interesantísimas, a algunas grandes figuras de la dirección artística española; también puede consultarse un diccionario completo con datos biográficos y la filmografía de todos los profesionales españoles, así como otro apéndice dedicado a los «directores artísticos extranjeros que han trabajado en España». La obra de Gorostiza es, pues, la primera historia completa de la dirección artística en España, además de una utilísima enciclopedia de consulta. Las lagunas (inevitables) y algunos desenfoques suscitarán las previsibles controversias; pero también es seguro que se convertirá en una referencia indispensable para los múltiples estudios que han de proliferar en esta misma dirección.

01/05/1998

 
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