ARTÍCULO

La locura en el primer Lope

Hélène Tropé Castalia, Madrid
352 pp. 13 €
 

El inmenso caudal dramático de Lope determina que nuestro conocimiento del mismo sea siempre parcial. El conjunto de su obra está disponible en ediciones ya clásicas (Hartzenbusch, Menéndez Pelayo, la nueva edición de la Academia preparada por Cotarelo y otros) y está editándose con renovados criterios, poco a poco, en las dos nuevas series de Biblioteca Castro y de Prolope (Universidad Autónoma de Barcelona); pero son muchas las piezas que aún no pueden leerse en ediciones rigurosas y anotadas. Por eso hay que aplaudir la iniciativa de Clásicos Castalia, que en corto espacio de tiempo nos ha ofrecido dos interesantes ediciones de comedias de la primera época del poeta: La viuda valenciana, a cargo de Teresa Ferrer, y Los locos deValencia, de la que ha sido responsable Hélène Tropé.

Las dos piezas están vinculadas al destierro valenciano de Lope, tras el proceso por libelos y su presunto enrolamiento en la Invencible. Según los datos que hoy conocemos, el Fénix vivió en Valencia un año: desde principios de 1589 a principios de 1590. Le quedó un recuerdo imborrable de esta ciudad, a la que volvería en otras ocasiones, y que permanece vinculada a su obra poética («Hortelano era Belardo / en las huertas de Valencia...», «Mirando está las cenizas / de aquel saguntino fuego...») y a un puñado de comedias, entre las que se cuenta, además de las citadas, El grao de Valencia. Se trata de piezas que pertenecen a la primera etapa del dramaturgo, esa época de aprendizaje, de conformación del modelo de la comedia española, que Weber de Kurlat llamó Lope-prelope. Hoy rechazamos esta graciosa y pegadiza denominación porque creemos que en el poeta de 1590 se halla en plenitud un dramaturgo genial llamado a revolucionar el teatro de su tiempo, un dramaturgo que estuvo siempre ensayando nuevas formas, experimentando constantemente desde la década de 1580 hasta su muerte en 1635.

Los locos de Valencia pertenece a ese «modelo temprano de comedia española» que analizó sagazmente Ignacio Arellano. Comedia que hoy podemos caracterizar sumariamente por su libertad en la estructura y en las ideas y valores; a veces (El anzuelo de Fenisa,El rufián Castrucho, El caballero del milagro) raya en el libertinaje al pintar ambientes prostibularios y marginales. No llega a tanto Los locos de Valencia, pero sí presenta un mundo cómico regido por un erotismo a flor de piel, hábilmente inserto en la ágil trama del espectáculo.

Hélène Tropé ha llegado a Los locos de Valencia a través de sus estudios sobre el marco referencial elegido por Lope. Es autora de una documentada tesis doctoral publicada en español con el título de Locura y sociedad en la Valenciade los siglos XV a XVII: los locos del Hospital de los Inocentes (1409-1517) y del Hospital General (1512-1699) (Valencia, 1994). Desde este conocimiento de la institución que inspiró a Lope su comedia, nos ofrece un excelente y sintético estado de la cuestión sobre la situación de los locos y la consideración social de la locura en la Edad Moderna. Cuestiones todas ellas de indudable interés y de gratísima lectura, pero que afectan sólo de refilón al estudio y comprensión de la obra literaria y teatral pues, como reconoce la prologuista, «el dramaturgo no persiguió una meta de reproducción documental de las prácticas asistenciales del hospital valenciano» (p. 47). Con todo, la rica anotación médica y filosófica ilumina muchos aspectos de la comedia que quedarían oscuros o perdidos para el lector culto de hoy. Al hilo de los versos de Lope,Tropé nos guía con mano sabia y nos permite adentrarnos en el mundo cultural de finales del siglo XVI y las ideas en torno a la locura.

Bien es verdad que, en el juego cómico de Lope, el hospital valenciano y sus asilados son simplemente una excusa original y novedosa («se trata muy posiblemente de la primera representación dramática de una casa de locos en el teatro cómico europeo», p. 9) para trazar una fábula de amores de lances disparatados y a ratos angustiosos, pero con final feliz. Un enredo que podría desarrollarse en el manicomio de Valencia o en cualquier otro.Tropé nos recuerda que se conserva un manuscrito de principios del siglo XIX (con dos aprobaciones de 1818) que contiene una adaptación titulada Los locos de Zaragoza.

Lope, aun sin pretender reproducir con puntualidad el hospital, que probablemente conocía solo de alguna visita, «logró crear una poderosa ilusión de "realidad" del asilo representado» (p. 63) y –lo que es más importante– aprovechó el motivo de la locura para insuflar a sus versos el «espíritu carnavalesco» que le posibilita la creación de un mundo regido por el disparate, la sinrazón y la inversión de valores.

La atención que presta la editora al universo referencial que inspira a Lope determina, quizá, una menor insistencia en los modelos literarios. Por ejemplo, convendría tener presente el género de los disparates (cultivado con tanto éxito por Juan del Encina y los poetas del Cancionero general), que constituye el sustrato de muchas escenas y, en particular, de los amores de Erifila y Floriano en las postrimerías del acto I. Aquí aparece la parodia disparatada del mundo caballeresco: Orlando, Amadís, Doralice, Mandricardo..., y se anuncia la comicidad absurda que constituirá la base de la comedia burlesca.

Alguno podría echar en falta la consideración de la vida escénica de Los locos de Valencia, su recepción posterior, cuyo último eslabón fue, que sepamos, el montaje de Adolfo Marsillach al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Probablemente, el espacio dedicado al estudio de la locura impidió consagrar unas páginas a esta cuestión.

El texto que nos ofrece Tropé se basa en la primera edición, incluida en la Trecena parte de las comedias de Lope de Vega (1620). La sigue con rigor, modernizando ortografía y puntuación. No sangra el primer verso de las estrofas, como es ya habitual en este tipo de ediciones.A veces corrige o acepta correcciones ajenas que no son necesarias y mucho menos imprescindibles. Así ocurre, por ejemplo, en los versos 572, 2069 o 2809. Pero lo señala en nota, de modo que el lector experto puede discernir qué texto es el genuino. En algunos momentos señala errores en la versificación; pero rara vez introduce correcciones que parecen inevitables. Así, el verso 2008 es un decasílabo (no eneasílabo, como mantiene la editora), al que hay que añadir por fuerza una sílaba (la incluyo entre corchetes): «y que con [mi] Beltrán está casada». Lo mismo ocurre con el dodecasílabo que aparece como 2177 (señalo lo que hay que suprimir entre paréntesis angulares): «que soy amigo de hombres virtuosos».

Las notas son, en general, interesantes y pertinentes. Sobra, sin embargo, anotar a traición (v. 1738). Falta, en cambio, anotar está en el cuento el lobo (v. 2159, lupus in fabula), expresión no tan familiar en España como parece suponer la editora.Algunos equívocos obscenos (vv. 2481-2484, por ejemplo) me parece que no estaban en la mente de Lope, sino en la posfreudiana de sus anotadores modernos.

Tropé no corrige los versos 21352136: «porque sabed que la mujer al hombre como la forma a la materia quiere». Atribuye el error (según Aristóteles, es la materia la que desea la forma, y no al contrario) a la ignorancia del médico Verino; pero éste no resulta tan necio en otros momentos de la comedia, por lo que me parece que hay que pensar en una errata y corregir: «como a la forma la materia quiere».

En el prólogo y las notas se desliza alguna erratilla de ordenador. Se habla de La Circe Angélica (p. 14; ¿se trata de Angélica en el Catay?) o de Don Quichotte (nota al v. 2709), con ortografía francesa...

En conjunto, estamos ante una buena edición, que ofrece al lector no sólo el texto razonablemente limpio de la comedia de Lope, sino una serie de interesantes notas sobre la locura, su realidad social y su papel en el simpático y original enredo dramático.

01/11/2005

 
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