ARTÍCULO

Hayek x 4

Unión Editorial, Madrid, 1996
Trad. de Carlos Rodríguez Braun
176 págs.
Unión Editorial, Madrid, 1996
Trad. de José Antonio Aguirre
176 págs.
Unión Editorial, Madrid, 1996
Trad. de Antonio Castillo
320 págs.
Unión Editorial, Madrid, 1996
Trad. de Federico Basáñez
320 págs.
 

Probablemente, el que se publiquen en España en un solo año cuatro libros de cualquier autor ya sería motivo de asombro. Si resulta que ese autor es Friedrich A. Hayek (1899-1992), ello obliga a añadir la admiración a la sorpresa, y a dar la enhorabuena a José Antonio Aguirre, que ha cuidado la edición española de las dos primeras obras, y al profesor Jesús Huerta de Soto, que se ha ocupado de las otras dos.

Líder de la Escuela Austríaca y Premio Nobel, Hayek fue uno de los grandes economistas del siglo XX , pero el triunfo del keynesianismo oscureció su labor durante décadas. De hecho, Hayek prácticamente abandonó sus estudios de teoría económica y cuando recibió en 1974 el Premio Nobel ya estaba casi plenamente dedicado a la filosofía política, a diseñar los contornos de la sociedad liberal –en Los fundamentos de la libertad y en Derecho, legislación y libertad– y a la crítica del socialismo, que fue el tema de su último libro, La fatal arrogancia.

No son estos asuntos, empero, el objetivo principal de los libros que aquí reseñamos, sino fundamentalmente la teoría del dinero y los ciclos, el sistema monetario internacional y la historia de la Escuela Austríaca de Economía.

Los dos volúmenes más complicados y de mayor altura analítica son Precios y producción y Contra Keynes y Cambridge, que deben ser leídos uno a continuación del otro, pues el primero fue el desencadenante básico del segundo, y ambos en realidad tratan de lo mismo: la teoría monetaria, del capital, del equilibrio (o desequilibrio) y de las fluctuaciones económicas.

Fruto de cuatro lecciones que Hayek fue invitado a pronunciar en la London School of Economics, Precios y producción fue publicado en 1931. Aquí Hayek explica las condiciones de equilibrio entre la producción de bienes de consumo y la producción de bienes de capital, y los efectos del dinero y el crédito, y demuestra que la intensidad de los ciclos deriva principalmente de factores monetarios.

Su conclusión es que los intentos de prolongar artificialmente la fase expansiva acentuarán la recesión ulterior. Hayek se opone a la política monetaria, que llama moneda «elástica», y su mensaje ante la depresión fue: no intervenir. Es fácil imaginar la reacción que dicho mensaje provocó en una Inglaterra cuyo paro alcanzó el 20% en 1931. Se desató inmediatamente un agrio debate entre Hayek y Keynes en las páginas de Economía, a raíz de Precios y producción y de la reseña que escribió Hayek sobre el Tratado del dinero de Keynes. Muy poco después hubo otro entre Hayek y Piero Sraffa en el Economic Journal. La sensación que da esta discusión, recogida en Contra Keynes y Cambridge, es que las partes no terminaban de asumir sus términos recíprocos, y la complejidad se eleva exponencialmente porque nadie parece querer decir lo mismo con palabras cruciales como ahorro, inversión, capital y tipo de interés; con todo, es destacable el afán de Hayek de integrar una sugestiva teoría del capital en el conjunto, empeño en el que no lo siguieron sus críticos.

Los autores continuaron con su labor pero los senderos se bifurcaron para siempre. Keynes se lanzó a escribir La teoría general de 1936, que Hayek ya no reseñó, y la expansión posbélica consolidó la hostilidad hacia el mercado y la confianza económica en el Estado, que no iba a ser puesta en cuestión hasta la década de 1970. Hayek publicó La teoría pura del capital en 1941 y fue (Hicks excluido) ampliamente ignorado. Algunos años después se fue a Chicago y a la filosofía del derecho y la política.

Irónicamente, cuando Hayek ya estaba adentrado en su nuevo campo de investigación, arreció el debate económico que había estado aletargado durante la era keynesiana, el debate sobre la existencia y eficacia del sistema autorregulado de una economía de mercado. Y ese debate, que yace en el fondo de su polémica con los keynesianos en los años 1930, está hoy más vivo que nunca.

Otro debate de plena actualidad, y que se remonta también a las polémicas de entreguerras, es el referido a los tipos de cambio y la organización financiera mundial, precisamente el tema de cinco conferencias que Hayek pronunció en el Instituto Universitario de Altos Estudios Internacionales de Ginebra en 1937, publicadas con el título El nacionalismo monetario y la estabilidad internacional.

Parece haber pocas salidas al problema que plantea Hayek. Critica el patrón oro y sostiene que la diferenciación monetaria a escala nacional induce perturbaciones cíclicas. Si se pretende resolverlas manipulando el tipo de interés, dichas perturbaciones se acentúan. Pero si se adopta un sistema de tipos de cambio flexibles la situación empeora y se desata la inflación. Por un lado no se puede aislar a un país del entorno exterior y por otro lado tampoco es prudente mover los tipos de cambio a piacere. ¿Qué hacer?

La solución para Hayek estriba en un patrón monetario internacional, con abundantes reservas, de forma que las perturbaciones monetarias puedan ser neutralizadas mediante transferencias y no mediante peligrosas expansiones y contracciones monetarias nacionales. Propone la transnacionalización bancaria, un sistema de bancos «cuyas áreas operativas coincidieran, en parte, a todo lo largo y ancho del mundo». Finalmente, y aunque piensa que «una política monetaria racional sólo está al alcance de una autoridad monetaria internacional», concluye que a falta de eso, será mejor el patrón oro que los cambios flotantes.

El sistema que surgiría siete años después en Bretton-Woods apuntó en la dirección de Hayek, de reducir la diferenciación monetaria nacional y establecer un sistema de tipos fijos, aunque ajustables. Su ulterior fracaso movió a Hayek a dar un paso más y a proponer la abolición del curso legal y del monopolio de emisión, que presentaría en La desnacionalización del dinero de 1976.

Por fin, Las vicisitudes del liberalismo no es un título suficientemente explicativo, porque en realidad el grueso del volumen se dedica a un campo en el que Hayek era un extraordinario maestro: la historia del pensamiento. (Entre paréntesis, por cierto, la primera mitad de Precios y producción contiene la mejor historia de la teoría monetaria clásica que quien firma haya leído jamás.) En efecto, Las vicisitudes incluye varios ensayos que rastrean la historia de la Escuela Austríaca de Economía, dedicados tanto a las grandes figuras de la misma –Menger, Wieser, Mises– como a nombres menos conocidos. Las páginas finales del libro recogen, ya sí, varios escritos con el liberalismo como tema fundamental. Hayek revisa las obras de autores que le fueron muy cercanos –Eucken, Röpke, Jouvenel, Leoni, Read y otros– y anota también recuerdos personales, como por ejemplo los ligados a la Sociedad Mont Pèlerin, que él mismo fundó, que reúne a liberales de todo el mundo, y que cumple un lozano medio siglo en este año de 1997.

Si se me permite concluir con una evocación personal, y hablando de cumplir, el propio Hayek me dijo en una ocasión que era verdad que estaba asistiendo a un renacimiento del interés por su obra, pero que eso era así sólo porque había cumplido muchos años. De haber muerto a una edad estadísticamente normal, lo habría hecho creyéndose poco menos que un fracasado, no habría sido testigo de dicho interés renacido, y jamás habría concebido el delirio de que cuatro libros suyos pudiesen ser publicados en un solo año en España.

01/06/1997

 
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