ARTÍCULO

Las tareas actuales de la teoría crítica

Katz, Buenos Aires
Trad. de Graciela Calderón
150 pp. 13,90 €
 

Durante el siglo xx abundaron los diagnósticos críticos de la actualidad a partir de conceptos en los que se pretendió sintetizar la signatura de la época. Uno de estos conceptos fue Verdinglichung (en castellano, cosificación o reificación), con el cual György Lukács ­intentó articular productivamente ­determinadas ideas de Karl Marx, ­Georg Simmel y Max Weber a comienzos de los años veinte del siglo pasado. Mediante esta categoría, Lukács realizó un análisis del capitalismo desarrollado como esa época en la que la mercancía se convierte en el prototipo de toda forma de objetividad y de subjetividad. Su influencia fue decisiva para la primera generación de la teoría crítica (Walter Benjamin, Max Horkheimer y Theodor W. Adorno) y llegó a ser relevante para Habermas, que le respondió con su propia noción de cosificación en términos de colonización de los subsistemas sociales (economía capitalista y administración estatal) sobre el mundo de la vida.
Pero los avatares sociopolíticos y filosóficos del último tercio del siglo xx han hecho perder atractivo al concepto de cosificación y a la problemática teórica que sustentaba. El ascenso de las «nuevas» ideas posmodernas convirtió estos problemas en un fósil teórico, inactualizable por su economicismo, su pretensión totalitaria de totalidad, su idealismo y su mesianismo político. De ahí el mérito fundamental de esta obra de Honneth que, más allá de los parámetros de lectura con los que Habermas se enfrentó a Lukács y a la primera generación de la teoría crítica, realiza una aproximación más interesada en la actualización productiva de la tradición de pensamiento crítico que en el estéril establecimiento de dos orillas teóricas (los famosos paradigmas filosóficos del sujeto y de la intersubjetividad propuestos por Habermas) inconmensurables.
Honneth, director del Institut für Sozialforschung en Fráncfort, a partir de una confrontación con la corriente teórica de la que es el máximo representante institucional en la actualidad, pretende salvar el concepto de cosificación para la filosofía social y las ciencias sociales. Para ello polemiza con la formulación lukácsiana de dicho concepto y efectúa una reinterpretación del mismo en términos de su propia teo­ría del reconocimiento. Además de su valor como esfuerzo de actualización de una categoría olvidada en los debates filosóficos y sociológicos actuales, el libro es significativo para la evolución teórica de su autor, pues en él confluyen los dos proyectos teóricos que han vertebrado su trabajo intelectual durante los últimos años: su teoría del reconocimiento moral, plasmada en su obra La lucha por el reconocimiento (Barcelona, Crítica, 1997), y su concepción de una filosofía social orientada al diagnóstico de patologías sociales, es decir, de problemas que tienen que ver no tanto con la justicia sino con cuestiones éticas, esto es, con cuestiones relativas a la autorrealización personal en el marco de una determinada concepción de vida buena (véase su libro Das Andere der Gerechtigkeit, Fráncfort, Suhrkamp, 2000).
Reificación anuda ambas temáticas. Define la cosificación como esa actitud de no implicación afectiva que trata a los demás seres humanos, a las propias capacidades y estados anímicos y a las realidades naturales como meras cosas disponibles, manipulables y mercantilizables. Su tesis es que esta actitud se configura a partir del olvido de una actitud ontogenética y categorialmente más originaria: una actitud de «predisposición anímica positiva» (p. 49) respecto a los demás y nosotros mismos que Honneth denomina reconocimiento. Apoyándose en estudios de psicología evolutiva, el autor defiende que para el desarrollo y maduración psicológica del niño es esencial el reconocimiento de los demás, en términos de una implicación afectiva y existencial con ellos que permita asumir los deseos y actitudes ajenos como posibles razones vinculantes para el propio actuar. El reconocimiento tendría primacía en todos los sentidos respecto a las actitudes objetivantes afectivamente neutralizadas. Por ello, cuando los sujetos adoptan una actitud cosificante respecto a los demás, a sí mismos y a la realidad natural, están dejando de lado, olvidando, esta dimensión antropológicamente más originaria. La cosificación es un olvido del reconocimiento constitutivo de lo humano.
La cosificación es considerada aquí como una patología social, generada a partir de la obliteración de esa dimensión antropológicamente esencial que constituye a su vez la base de la capacidad para apreciar como valiosas las capacidades y cualidades de los demás, sobre la que se ocupa la teoría del reconocimiento moral de Honneth. Éste consigue así, por un lado, afianzar tanto su propuesta de filosofía social como su teoría del reconocimiento en una dimensión antropológicamente originaria. La diversidad de proyectos teóricos de Honneth puede recibir aquí la iluminación de una articulación sistemática. Por otro lado, logra tematizar un nivel tanto antropológico como sociológica y ontológicamente originario que le permite poner en diálogo su teoría con importantes pensadores como Heidegger o Dewey.
El intento de Honneth de actualizar la categoría de reificación no se ha realizado sin pérdidas, y ello posiblemente a causa de su propuesta de fundamentación antropológica de los parámetros que permiten diagnosticar críticamente fenómenos de cosificación. Esto le ha conducido a concebir los fenómenos de cosificación como no ligados específicamente a las relaciones sociales capitalistas, sino a condiciones y actitudes más generales. Fue esta pretensión, polémica respecto a Lukács, la que hizo enredarse a Adorno y Horkheimer en su obra Dialéctica de la Ilustración en una crítica de la razón occidental (como causa última de la cosificación) que, como mostró Habermas, difícilmente puede dar cuenta de los parámetros normativos que la sustentan. En el caso de Honneth, su orientación antropológica tiene que pagar también un precio: se ve condenada a un formalismo y abstracción que le impide referir convincentemente las raíces histórico-sociales de la cosificación.
La insuficiencia de los ejemplos dados por Honneth de situaciones generadoras de cosificación (un partido de tenis entre amigos, una entrevista de trabajo) pone de manifiesto algo que el propio autor ha reconocido después en una discusión pública sobre su libro: el hecho de que su teoría de la cosificación debe sustentarse en una teoría crítica de la sociedad actual. Al llegar aquí el lector puede pensar que se le ha hecho dar un largo rodeo para desembocar en el que debería ser el punto de partida y la tarea primordial de una teoría crítica del presente. Lo que resulta cada vez más patente es que esta tarea no es realizable sin una discusión, no sólo con la primera generación de la teoría crítica, sino también (y quizá sobre todo) con sus representantes actuales. 

01/11/2007

 
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