ARTÍCULO

Brother, can you spare a paradigm?

 

Me sorprende e irrita la facilidad con que se invoca genéricamente un supuesto nuevo paradigma cognitivo para dar carta de naturaleza científica a terapias esotéricas, charlatanerías de autoayuda y supercherías paranormales y místicas; para proponer un retorno a economías preindustriales y de trueque, o una versión actualizada como «sociedad en red» del antiguo Reino de Aragón. Sobre todo cuando intento comprender en qué consiste ese nuevo paradigma del saber y pensar, pues si bien hay nociones y tópicos que se repiten en todas las versiones, su formulación es bastante ecléctica y a la carta.

Dentro de ese magma fláccido de creencias, hipótesis, conjeturas y teorías más o menos científicas y a medio cocer, hay versiones claramente ridículas y absurdas que nutren las corrientes más folclóricas y extravagantes de la new age de baratija y esoterismo de tienda de «todo a cien» y herbolario naturalista. Asimismo, y en el otro extremo, encontramos aquellas variantes que pretenden exhibir una vitola de seriedad académica y disfrutar de la consideración de alternativa seria y fundamentada al conocimiento establecido por las ciencias naturales y otras vías gnoseológicas acreditadas. Entre estas últimas corrientes, Fritjof Capra, doctor en física teórica por la Universidad de Viena, está considerado como uno de los pensadores más originales, influyentes y prolíficos. Se ha dicho de él que es «el teórico fundamental de la complejidad»Manuel Castells, «El genoma y la humanidad», en El País, 19 de febrero de 2001. Capra le devuelve el cumplido en este libro, citándole en veintidós ocasiones. y sus numerosos libros (El Tao de la física, El punto crucial, Sabiduría insólita, La tramade la vida, etc.) se han vendido y siguen vendiéndose bastante bien entre los fieles adeptos y seguidores de los llamados movimientos sociales alternativos, habiéndose traducido a numerosas lenguas. Sospecho, empero, que muchos de los que se han comprado o regalado no se han leído o no se han acabado de leer, pues Capra no es fácil de entender, ya que utiliza un argot confuso tomado unas veces de las ciencias naturales y demás disciplinas sobre las que divaga; otras, del lenguaje lleno de neologismos de los teóricos de la contracultura occidental y de las escuelas de pensamiento más marginales y especulativas. Precisamente porque sus ideas casi siempre están tomadas de esas enseñanzas e hipótesis, a menudo quiméricas, Capra se muestra con frecuencia vago en sus exposiciones y ambiguo en sus conclusiones, incurriendo con frecuencia en falacias lógicas de tipo non sequitur y otras que veremos más adelante.

El nuevo paradigma, que pretende presentarse como una visión novedosa de la realidad, una nueva cosmovisión, o, en palabras del propio Capra sacadas de Las conexiones ocultas, «un nuevo marco unificado para la comprensión de los fenómenos biológicos y sociales», se caracteriza, en todas sus versiones y variantes, por el ataque furibundo a «la visión del mundo cartesiana y mecanicista» de Occidente. Para Capra y otros proponentes del nuevo paradigma, el reduccionismo cartesiano es el origen y causa de casi todos los males y problemas que afligen a nuestra sociedad occidental. La crítica al sistema de pensamiento –o mejor dicho, lo que Capra entiende por tal sistema– que surge del autor del Discours de la Méthode es una constante en los escritos de este físico teórico de origen vienés, y es principalmente en El punto crucial (1982) donde la desarrolla en toda su extensión. En Las conexiones da por demostrada la validez de su análisis y reprobación del reduccionismo y dualismo cartesiano y es uno de los motivos conductores de su disertación. Sin embargo, ni su crítica del reduccionismo es válida ni él mismo escapa a ese supuesto mal en sus explicaciones, pues el reduccionismo metodológico (Capra no distingue entre reduccionismo ontológico, epistemológico y metodológico) está, muy probablemente, en nuestros genes y, desde luego, en nuestra cultura, y, por mucho que lo intente disfrazar de pensamiento holístico y sistémico, casi todo lo que escribe Capra en Las conexiones, principalmente sobre sociología, economía y política, más que reduccionista, es de un simplismo tan obvio que resulta, a veces, francamente tediosoPara una detallada y bien argumentada refutación de las ideas de Capra sobre el reduccionismo cartesiano, véase Stephen Gay Gould, «Utopia (Limited)», recensión del libro The Turning Point: Science, Society and the Rising Culture, The NewYork Review of Books, 3 de marzo de 1983..

¿Cuál es la alternativa que propone Capra a su versión particular del viejo paradigma cartesiano y mecanicista? Una nebulosa de citas inconexas de científicos que han extrapolado, sin base ni justificación, conceptos y resultados de las teorías ortodoxamente establecidas de la física clásica a las arenas movedizas de la divagación filosófica (Ilya Prigogine) o que trabajan en la frontera entre ciencia y especulación metafísica o esotérica (Francisco Varela y Humberto Maturana; Brian Goodwin) o que han dejado en vía muerta teorías sin posibilidad de avanzar (Von Bertalanfy), filósofos epigramáticos, oscuros y de dogmática ambigüedad (Gregory Bateson), popularizadores de la irracionalidad anticientífica y el anticartesianismo y promotores de lo paranormal (Arthur Koestler), místicos de la consciencia cósmica (Teilhard de Chardin), profetas de la ecología profunda (Arne Naess), exégetas de la psicología mística y del sincretismo religioso (el monje benedictino David Steidl-Rast, Abraham Maslow), etc. Una de las características de Capra es su tendencia a los argumentos basados en las analogías. Stephen Gay Gould lo expresa con claridad: «La estrategia básica de Capra consiste en buscar similitudes en los aparentemente dispares sistemas [de conocimiento] de los que [cree él] van por el buen camino. Si los físicos occidentales y los místicos orientales están realmente diciendo lo mismo en sus ostensiblemente diferentes forcejeos por entender la realidad más profunda, entonces, ¡por Dios!, debe ser por algo. Se trata de un peligroso y superficial enfoque del análisis de similitudes»Stephen Gay Gould, op. cit.. En textos de divulgación de los conocimientos acumulados sobre asuntos tan complejos y diversos como aborda el autor en este y otros libros suyos, las metáforas desempeñan un papel muy importante. Pero cuando se pretende que la metáfora se convierta en una nueva realidad (como en el caso de las «redes autogenéticas»), o en puente de unión entre ideas inconexas e incluso, contradictorias, las falacias de inducción y de falsas semejanzas empiezan a ser cargantes. Si, además, observamos que Capra abusa continuamente del argumento de autoridad (sea o no la supuesta autoridad citada experta en la disciplina de la que se está discutiendo), y que rara vez menciona las limitaciones, carencias y contradicciones de las teorías y explicaciones sobre las que pontifica, Las conexiones ocultas es un texto muy alejado de la práctica científica normal, sea académica o de divulgación, y se acerca más a un manual de propaganda de las ideas del autor y de sus pensadores favoritos.

La segunda parte, la más extensa, está dedicada a analizar y criticar, con las ideas y herramientas que supuestamente le proporciona su nuevo paradigma, la sociología, la economía, la ecología y la política de Occidente, proponiendo soluciones para «los retos del siglo XXI », título que lleva esta segunda y última parte. La mayoría de las reseñas favorables o corteses que he leído de este libro, algunas sorprendentes por el medio de comunicación en que se han publicado, se centran precisamente en esta revisión de Capra de las organizaciones sociales, el capitalismo global, la biotecnología y la ecologíaEntre las más sorprendentes, la aparecida en Nature (vol. 420, noviembre de 2002), «Living with capitalism», firmada por el rector de la Universidad de Kent, sir Crispin Tickell, un influyente diplomático muy relacionado con organizaciones ecologistas y medioambientales (Climate Institute de Washington, Earth Center de South Yorkshire, Advisory Committee on the Environment [ACE],etc.). Este chancellor británico, posiblemente –a la vista de los juicios que expresa en la citada reseña– poco versado en ciencias tales como la física, la bioquímica o la biología evolutiva, es un ejemplo del tipo de políticos e intelectuales prominentes que creerán que la síntesis del conocimiento que pretende Capra en este libro proporciona una visión nueva, casi revolucionaria, de la vida y de los sistemas vivos, como la biosfera y las organizaciones sociales, la cual justifica una postura ecológicamente trascendente y casi mística para abordar los problemas de nuestra sociedad, principalmente los relacionados con el crecimiento sostenible. En España, la entusiasta que publicó El Cultural (17 de julio de 2003) no sorprende, ni por el medio ni por el autor (el poeta Antonio Colinas), que encuentra fascinante el «revolucionario pensamiento a gran escala» de Capra, al que califica de «no lineal». ¡Benditas sean tanta inocencia e ignorancia!. Revisión que se hace desde la creencia del autor de que el nuevo paradigma del pensamiento representa un cambio del modelo individualista y autoritario que lleva a la alienación social y al deterioro acumulativo de los valores humanos, del medio ambiente y de la diversidad cultural, a otro basado en el pensamiento cooperativo, por el cual podemos desarrollar verdaderamente un profundo sentido de pertenecer a una totalidad superior y universal, lo que es el «fin esencial de toda espiritualidad y de la ecología profunda». Claro que lo que nunca explica Capra satisfactoriamente es qué tipo de salto mortal en el vacío hay que dar para, a partir de «conceptos como atractor, retrato fase, diagrama de bifurcación, fractal y dinámica no lineal», se puede llegar, vía la «visión sistémica de la vida» y la «organización en redes autogenerativas» de la sociedad y su entorno, a entender de forma holística la compleja realidad y a buscar soluciones «espirituales y ecológicas» para nuestro futuro en santa armonía y cooperación desinteresada y oenegera.

Como esto parece una imposibilidad metafísica, Capra se limita a acumular citas de las ideas más obvias y triviales sobre «sociedades en red» y de la sociedad de la información de Manuel CastellsPara Arcadi Espada, «el profesor Manuel Castells [...] a veces es obvio, egregio practicante de la retórica de la obviedad» (véase Diarios, Madrid, Espasa, 2002). ; metáforas, como la que se basa en las semejanzas entre las organizaciones humanas –las empresas, por ejemplo– constituidas en «redes de aprendizaje, con autoorganización y autogeneración», y los organismos vivos, metáfora que se convierte casi –la ambigüedad característica de Capra impide hacer afirmaciones categóricas– en postulado ontológico al considerar que las «estructuras emergentes» de las sociedades humanas les confieren vida propia y las convierten en entidades vivas reales, en verdaderos organismos en el sentido biológico del término. Naturalmente que para ello el autor tiene que adaptar la biología a su nuevo paradigma y a su nuevo lenguaje, incluyendo la propia concepción de los seres vivientes (como emergencia espontánea de orden en los puntos críticos de inestabilidad y como red autopoiésica y autocognitiva); la evolución (autodirigida, como proceso cognitivo, que ya no se rige por las mutaciones aleatorias de los genes y el azar de los acontecimientos fortuitos, sino que se debe a la tendencia inherente de lo vivo a aprender a crear novedad mediante la emergencia espontánea de mayor orden y complejidad); la genética (sustituida por la «epigenética», una supuesta nueva disciplina donde la función biológica de los genes se difumina y minimiza –a fin de eliminar cualquier atisbo de determinismo genético– merced a una confusa concepción sistémica de las células por las que su forma y comportamiento resultan ser propiedades emergentes de la dinámica no lineal de redes) y la biología del desarrollo (que ahora es un despliegue continuo de un sistema no lineal, cuya trayectoria en el «espacio fase» se mueve dentro de una «cuenca de atracción» hacia –¡no faltaba más!– un «atractor»)Para justificar sus curiosas y poco ortodoxas ideas, Capra cita prolijamente a Evelyn Fox Keller, de cuyo texto, The Century of the Gene (Cambridge, Harvard University Press, 2000) escoge, curiosamente, las opiniones más controvertidas y discutibles de la autora. Para conocer los defectos –y los aciertos– de este libro, véase John Maynard Smith, «The Cheshire Cat's ADN», en The New York Review of Books, 21 de diciembre de 2000..

El análisis –sin aportar prácticamente dato alguno– y la crítica de Capra de asuntos tales como el capitalismo informatizado de la nueva economía, la globalización capitalista y la ecología (incluyendo una sección dedicada a la biotecnología y agricultura, llena de falacias, opiniones injustificadas y descalificaciones sin fundamento), es de una simplicidad propia de manual de divulgación para seguidores educados e instruidos de los movimientos ecologistas y antiglobalizadores, pese a la jerga confusa en que se expresa con cierta frecuencia. Por supuesto que muchos de los males que denuncia son reales y muy graves, y que sus observaciones sobre el creciente deterioro del medio ambiente y de las sociedades humanas que produce un capitalismo descontrolado son muy acertadas, mas estos problemas ni se explican ni se solucionan mediante el amancebamiento de un vago pensamiento sistémico con la escuela filosófica irracional y mística de la ecología profunda y el ecofeminismo, ni con utopías de «economías de servicios y flujos basadas en redes de agrupaciones ecodiseñadas con tecnologías locales y de pequeña escala».

Mucho tendrá que cambiar y mejorar el cacareado nuevo paradigma (para empezar, desprenderse de las notorias y abundantes irracionalidades) para que nos lo podamos tomar en serio y ver hasta qué punto puede enriquecer nuestro conocimiento y proporcionarnos soluciones válidas y eficaces para los retos del siglo XXI y –¡ojalá!– también para los venideros. Mientras, no doy por él, ni por este libro que pretende basarse en dicho paradigma, ni una moneda de diez centavos, un dime, que era la limosna que pedían por la calle los mendigos en los días de la gran depresión de 1929 cuando se dirigían a los viandantes, con el brazo extendido, la palma de la mano hacia arriba, diciéndoles: «Brother, can you spare a dime?» Por cierto, que, al poco, aquellas gentes superaron la terrible situación económica y social sin salirse, al menos eso dice la historia, del viejo y sólido paradigma del pensamiento occidental, que, entre otros logros, nos ha proporcionado la ciencia moderna, la democracia liberal y la música clásica de nuestra alta culturaNota para curiosos, desconocedores del inglés o sorprendidos por el título de esta reseña. Dime se pronuncia daim y rima con pær-daigm, que es la pronunciación más frecuente de paradigm. La expresión, que puede traducirse por «Hermano, ¿te sobran diez centavos?», se convirtió en un símbolo de la pobreza de la gran depresión del 29 merced a la canción Brother, can you spare a dime (Gorney, Harburg) del musical de Broadway New Americana. Fue grabada por Bing Crosby en octubre de 1932. .

01/02/2005

 
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