ARTÍCULO

La vida del autor no es la vida de la persona

Siglo XXI, Madrid
Trad. de Carlos Fortea
708 págs. 34,90 €
 

El 18 de mayo de 1910 los praguenses dirigen su mirada hacia el cielo, donde tiene que emerger desde la oscuridad la cola de fuego del cometa Halley. Entre la muchedumbre, el lente del biógrafo descubre a Franz Kafka, funcionario de seguros y, con quince páginas publicadas, a sus veintisiete años una joven promesa literaria. Está charlando con los escritores Franz Blei, de Múnich, cuya revista Hyperion había acogido bajo el título Betrachtungen (Contemplaciones ) unas de sus pequeñas piezas en prosa, y con Max Brod, el amigo íntimo, promotor y futuro legatario de su obra.

Ya la introducción a la más reciente biografía de Franz Kafka (Praga, 1883-1924) cautiva al lector con un escenario sorprendente. Ingeniosamente, Reiner Stach (que ya había anticipado algunos resultados de sus investigaciones en esta revista) enfrenta la empresa nada fácil de escribir sobre el escritor más mitificado del siglo XX , cuya ubicuidad mediática nos recuerda una frase de Marlene Dietrich: «They photographed me to death». La vida y tal vez la obra de Franz Kafka han desaparecido bajo la cantidad de libros publicados sobre él. Su rostro se ha quedado congelado en un icono; su nombre se ha convertido en logo y su fama de poeta malogrado y visionario de la realidad kafkiana le ha convertido en una superestrella. Por otro lado, el balance desolador de su vida parece oponerse a una biografía exhausta: su muerte prematura, sus fracasos amorosos –desproporcionados con la energía afectiva empleada–, la imposibilidad de dedicarse exclusivamente a la literatura y, finalmente, el incumplimiento de sus ambiciones literarias manifiesto en el grado fragmentario de su obra. De hecho, existen más ensayos dedicados a aspectos parciales de la vida de Kafka (los de Walter Benjamin, Jorge Luis Borges y Elias Canetti entre los primeros) que biografías completas. Libros canónicos, como la biografía de su juventud de Klaus Wagenbach, Franz Kafka. 1883-1912 (1958), o el enciclopédico Kafka-Handbuch (1979), de Hartmut Binder, ya no están disponibles en las librerías. Sobre todo –Stach lo constata con asombro– no existe ninguna biografía global que estuviera a la altura de la investigación reciente y que satisficiera los modernos estándares formales establecidos por algunos autores del género en los últimos años. La suya, de momento, es un proyecto. De los tres volúmenes previstos ha aparecido uno, que en la cronología ocuparía el segundo lugar. Sin embargo, ya esta primera entrega ofrece tal riqueza de conocimientos y reflexiones, de discursos nítidos y relámpagos aforísticos, de información distanciada e imaginación empática que será capaz de ventilar a fondo los prejuicios estancados alrededor de Kafka. Sin duda, el libro es el mejor argumento a favor de una de sus reivindicaciones principales: el reconocimiento de la biografía como género literario.

Se acerca a la vida del escritor basándose en la observación de que Kafka no era un cometa solitario, como bien señalaba Klaus Wagenbach al final de su biografía pionera. Así, Stach describe a una persona involucrada en su entorno histórico, social y cultural, que toca con los pies en el suelo. En ese sentido, la escena inicial es programática y, además, ejemplar para el método empleado. No sabemos si el encuentro de los amigos tuvo lugar de esta forma, pero hubiera podido ser así. Basta conjeturar los datos disponibles (en este caso se encontró una nota en el Diario ) y animarlos con la imaginación necesaria para que cobren vida. Stach asegura no haber inventado nada. No obstante, entre las reacciones entusiastas que suscitó la edición alemana del libro (Kafka. Die Jahre der Entscheidungen. Fischer Verlag, 2002) se mezclaron voces críticas, según las cuales la narración escénica lindaba ilícitamente con la biografía novelada. En realidad, el biógrafo es el primero en señalar los peligros de un exceso de empatía y en advertir que no se trata de llenar con fantasías los huecos causados por la falta de documentos. «Por otra parte, hay días en los que podemos reconstruir su vida casi hora por hora; y ese es uno de los momentos más placenteros del trabajo biográfico, cuando la densidad de lo transmitido permite definir al menos los contornos de una presencia escénica [...] el placer del éxito detectivesco». Tal vez proponer cómo pudo haber sido la vida ajena en cuestión resulta más sincero que apelar a la autoridad infalible de los datos objetivos, en el fondo siempre sujetos a interpretación.

Gracias a la edición modélica de la editorial Siglo XXI, los lectores hispanohablantes podrán convencerse de ello. La traducción de Carlos Fortea traslada al castellano tanto la sobriedad como las sugerentes metáforas del original. Muy convenientemente, se ha ampliado la bibliografía con los datos de las ediciones españolas cuando éstas existen. Este detalle y la prontitud con la que se ha realizado la traducción corresponden al interés que Kafka sigue suscitando en España donde, bajo la tutela de Jordi Llovet, se está llevando a cabo la nueva traducción de las obras completas conforme a los criterios de la edición crítica publicada por la Fischer Verlag (por cierto, recientemente puestos en duda por una nueva edición crítica de la pequeña Stroemfeld Verlag).

Con verdadero afán detectivesco, Stach relaciona la enorme cantidad de datos dispersos en los diarios, en la correspondencia, en diversos archivos y en testimonios de contemporáneos que ya estaban disponibles, aunque no siempre aprovechados. Además, aporta nuevas informaciones del legado de Felice Bauer descubierto por él en Nueva York. En 1999, el propio Stach había organizado la exposición La novia de Kafka, mostrada en varias ciudades europeas. El material encontrado arroja nueva luz sobre la larga, ambigua y dolorosa relación con Franz Kafka y, ante todo, sobre la personalidad de Felice Bauer. Hasta entonces considerada una mujer sin importancia en comparación con Milena Jesenská o con Dora Diamant –amantes de Kafka a las que incluso las investigadoras prestaron mucha más atención–, pasó inadvertido su talante independiente y emancipado de mujer que ocupaba un cargo de responsabilidad en un mundo dominado por los hombres. Hasta la fecha, las oscilaciones afectivas de Kafka hacia ella a lo largo de cinco años eran incomprensibles o se habían atribuido a las tendencias neuróticas del escritor. Stach, en cambio, no busca explicaciones psicológicas sino sociales. Además de recopilar los detalles sobre el papel de Felice en el seno de su familia bastante conflictiva y de los esfuerzos de Kafka para establecerse como escritor, pone al descubierto el corsé de convenciones y las dificultades materiales en las que se encontró atrapada la infeliz pareja, perfilando la fascinante hipótesis de que los dos se quedaron a medio camino en un nuevo modelo de masculinidad y feminidad: «Porque la vida de Kafka iba por detrás de su conocimiento, pero el conocimiento de Felice iba por detrás de su vida». Dilatadas excursiones en la historia cultural tratan de la constitución de la familia burguesa; el código de comportamiento de la familia judía; las condiciones de la vivienda; los medios de comunicación; el mundo del trabajo; el papel de la mujer; el naturismo; el mundo literario y el funcionamiento de las editoriales; las crispaciones de los judíos de Praga y los judíos orientales, el sionismo, los preparativos de la Gran Guerra y los devastadores efectos de la misma sobre la vida cotidiana.

La decisión poco común del biógrafo de enfocar la vida de Kafka a partir de 1910 y de seguirla tan solo hasta mediados de 1915 –que es, por cierto, el período mejor documentado– resulta muy eficaz, aunque no sea más que por la esperanza de que un día surjan nuevos datos sobre los primeros años de Kafka del legado de Max Brod. Así sobresalen esos años, tan importantes en todos los sentidos; son, como reza el título, los verdaderos años de las decisiones , tanto en el campo personal como en el histórico-político, ya que la Primera Guerra Mundial cambiaría las constelaciones en Europa y rompería definitivamente las tradiciones del siglo XIX . La producción literaria de Kafka atraviesa dos fases extraordinariamente fecundas que comprenden el principio de los Diarios, El juicio, La metamorfosis , El fogonero y otros capítulos del proyecto de novela El desaparecido, El proceso y La colonia penitenciaria . Kafka se acerca a la cultura judía y al sionismo. Se sustrae sutilmente a la autoridad paterna. Mantiene la correspondencia más intensa de su vida con Felice Bauer. A lo largo de esta relación se agudiza el conflicto entre su deseo de contraer un matrimonio normal y su apremiante necesidad de escribir, hasta llegar a la catástrofe.

Cinco años parecen pocos si entendemos el tiempo como una línea horizontal. Sin embargo, en cuanto a intensidad y profundidad, ese lapso puede ser inmenso. De acuerdo con la complejidad de la vida de su personaje, Stach se despide de la biografía lineal y teje una red que relaciona todo con todo, de modo que los datos se iluminan los unos a los otros. Del conjunto de los puntos se desprende una nueva imagen de Franz Kafka, la de un ser palpable cuyas aspiraciones tanto vitales como literarias pertenecen a las tendencias progresistas del siglo XX.

Reiner Stach, en su anterior estudio sobre el mito erótico en Kafka (Kafkas erotischer Mythos. Eine ästhetische Konstruktion des Weiblichen , Fischer Verlag, 1987) partió de los textos. Su biografía conduce hacia ellos, obsesionado por cómo llegó a producirse una prosa tan perturbadora. Topamos con la cuestión clave: ¿cómo explicar la relación entre la vida y la obra de un escritor? Stach reconoce que nunca se podrá escrutar del todo el proceso de creación, que sería algo tan erróneo como establecer una ecuación entre posibles «influencias» y la obra, como coleccionar partículas de experiencia real transformadas en los textos. Sin embargo, el conocimiento de los datos biográficos puede permitir ver cómo está hecho el texto. En el caso de El proceso, por ejemplo, se sabe que la novela ha absorbido un sinnúmero de alusiones biográficas. Pero lo que cuenta realmente es «la inaudita capacidad de Kafka para fundir hechos en signos que prescinden de su origen material». Constatar cómo las cosas pierden su significado unívoco, en lugar de buscar la seguridad engañosa de la explicación biográfica, es el camino emprendido por Stach para entender la angustiosa inestabilidad que reina en la prosa de Kafka.

Al final de esta primera entrega biográfica, cuyo hilo conductor es la relación entre Felice Bauer y Kafka, solamente echamos en falta que el volumen no nos revele el segundo y definitivo desenlace en 1917. En otras palabras, se trata de uno de esos libros que no se quieren dejar, que no deberían acabar. Por suerte, habrá continuación.

01/06/2004

 
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