ARTÍCULO

La variedad de Quién

Destino, Barcelona, 1997
Premio Nadal
272 págs.
 

Antonio López Ranieri, profesor universitario que se caracteriza por ser fiel representante de la mediocridad, está continuamente deseando salir del anonimato que le tiene atormentado. Esta lucha titánica, extremada por la tensión que conlleva la distancia entre ambos aspectos, hace que el personaje se decida a pergeñar las breves líneas y algunas de las anotaciones sobre las que bien pudiera descansar una novela que está dispuesto a escribir. Así se tiene noticia de Proyecto de monólogopara la soledad de G. H. Gilabert, idea inicial y germen del complicado meollo de Quién, la novela con la que Carlos Cañeque (Barcelona, 1957) ha conseguido el último Nadal, el de 1997. A partir de tan atractiva idea inicial, la novela de Cañeque va enredando sus contenidos mediante el continuo juego de las cajas chinas y por los abundantes guiños literarios que la llenan de complicación y ambigüedad.

Antonio López acabará escribiendo Proyecto de monólogo para la soledad de G. H. Gilabert y también acabará ganando el Premio Gracián poco antes de morir de infarto en el mismo acto del fallo, sin comprender cómo todo ello ha sido posible, puesto que ni él envió la novela a la convocatoria ni tiene conciencia de haber dado, todavía, forma definitiva a la misma –de ahí el concepto de «proyecto» incluido en el título–. Tan extrañas circunstancias en este inicio narrativo pronto perderán tal condición, ya que Gilabert, personaje del libro de Antonio López, es a la vez un editor que está escribiendo una novela en la que el protagonista es un frustrado que, precisamente, se llama Antonio López. Pero todavía falta la última vuelta de tuerca, la que se ejecuta y supone la aparición de Luis, hermano del finado, quien también entra en acción y en la escritura al conocer y leer Proyecto demonólogo para la soledad de G. H.Gilabert. Una continua presencia de la duda y de la sorpresa, por tanto, que se unen a la ambigüedad y complicación ya señaladas.

A la vista de lo anterior, Quién es una novela que, comparada con las que obtuvieron el premio en las dos últimas convocatorias del Nadal, escapa de unos esquemas demasiado habituales y demasiado predominantes en nuestro panorama literario, cada vez más dominado por factores exógenos a la literatura y que la llenan de banalidad. En principio, pues, el Nadal de este año parece estar enderezando esa trayectoria reciente en la que se estaba tomando una dirección equivocada. Pero tal ruptura, pese a la buena nueva que ello supone, no llega a ser del todo positiva, puesto que, pese a los logros del todo destacables que se encierran en Quién, presenta sombras en lo que se refiere a su conformación estructural, en exceso tendentes a buscar el brillo de lo inteligente y también en aras de la bruma típica de la ambigüedad que, aunque conlleve el esfuerzo reflexivo, acoge también el acecho permanente de esa sensación de que el autor no ha logrado dominar su pasión por deslumbrar y mostrar sus conocimientos técnicos, literarios y culturales.

El buen uso, aunque dificultoso para el lector no instruido en lo técnico, de la fragmentación y el carácter circular utilizados por Carlos Cañeque en la novela, permiten el continuo trasvase de una posibilidad a otra –Antonio López, Gilabert, Luis– y, en consecuencia, permiten vencer la dificultad de la asimilación de la misma, que, por otra parte, incluso se explica en varios momentos de su desarrollo (véase pag. 48, por ejemplo). Quién, se convierte así en una novela que se construye sobre la literatura y se alimenta de literatura. Y ello no sólo es visible en que los personajes y el tema andan a vueltas con el mundo literario, o en el uso variado –o combinado– de varios géneros literarios como las parodias que se hacen de la erudición en las notas a pie de página o en el uso literario de la entrevista y de la crítica, sino en las constantes referencias, guiños y ecos que abundan en sus páginas (Virgilio, Dante, El Quijote y los falsos Quijotes de Avellaneda y Pierre Menard, Pessoa... y, sobre todo, Borges, «el Gran Parodiador») empezando, incluso, por las citas de Beckett y Borges que abren la novela. Y también en la teorización suave que se hace de la escritura de la misma.

Con todo, no se debe olvidar que Quién se sustenta sobre otros aspectos de mayor calado. No deben deslumbrar los guiños y referencias, sino los temas bien trazados que hacen de cuerpo narrativo y que, leyendo con calma, se enciman sobre este esplendor de corte intelectualista. Además de la permanente fuerza que emana la sensación del fracaso, de la mediocridad y de los consiguientes esfuerzos que, por salir de ambos, realizan los protagonistas, en Quién, destaca sobremanera el mundo de las relaciones interhumanas; unas relaciones que están reflejando crudamente la sociedad que vivimos. Interesa, por ejemplo, el análisis a vuelapluma –y, sin embargo, muy incisivo pese a la parquedad-que se hace del microcosmos familiar; el matrimonio se rodea de indiferencia, rutina, insinceridad, falta de convicción, inercia..., hasta llegar a ser una relación gastada y absurda que se traduce en martirio y penitencia una vez que «ella ha dejado de ser transparente para mí». Es decir, debajo de la capa intelectualista que aflora a primera vista en la novela se asienta todo un campo de realidades que traducen, al menos en algunos aspectos, la confusión actual en ideas, ideologías, formas de convivencia, etc., y que están en relación con esa ambigüedad o falta de fijación llevadas a cabo por los personajes que escriben sus novelas. Aspecto que, a su vez, concuerda con la duda que preside la obra entera. En suma, Quién, además de la intertextualidad, del claro homenaje a la literatura que contienen sus páginas, del deslumbramiento buscado en la inteligencia, del despliegue técnico, del lenguaje tendente al brillo que no tienen por qué ser negativos, contiene también sus buenos valores temáticos, quienes, a la postre, son la verdadera esencia de la novela entregada por Carlos Cañeque. Y, además, se debe añadir el aspecto exógeno a la misma: lo que esta obra supone de superación en la trayectoria reciente del Nadal.

01/04/1997

 
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