ARTÍCULO

La tercera ladera del discurso: poesía y cristología

 

Recientemente ha visto la luz el libro de Olegario González de Cardedal Cuatro poetas desde la otra ladera. Unamuno, Jean Paul, Machado, Oscar Wilde, publicado por la editorial Trotta a finales de 1996. Su análisis parte de los textos seleccionados: El Cristo de Velázquez de Miguel de Unamuno, El discurso del Cristo muerto desde lo alto del cosmos, diciendo que no hay Dios de Jean Paul Richter, las poesías de Antonio Machado y dos de la más significativas obras de Oscar Wilde, Epistola in carcere et vinculis y Balada de la cárcel de Reading.

Una vez comentadas las facetas lingüísticas y literarias de los textos se acerca el autor a su dimensión intertextual y sociocultural para poder determinar con exactitud cómo se gestó su significado. Así, por ejemplo, para justificar que el Romanticismo no comprendiera que el poema de Jean Paul Richter era una afirmación absoluta de Dios, Olegario González alude a la amputación que sufrió el texto al ser traducido al francés y publicado, junto a otros, en la obra de Madame Germaine de Staël De l'Allemagne (1814). Dicho cercenamiento dejó al texto de Jean Paul carente de su significado primitivo, siendo tradicionalmente vinculado al ateísmo. Para corregir la enmienda Olegario González ofrece por primera vez íntegra y en castellano la traducción de El discurso del Cristo muerto, a partir de la cual expone su lectura del reconocimiento de Cristo como salvador.

En el proceso de reinterpretación que pretende este libro se estudian las estrategias compartidas por los dos principales discursos en juego: el poético y el cristológico. Estos cuatro poetas «han preguntado por Dios y le han preguntado a Dios» (pág. 7). Es precisamente esa interrelación textual y discursiva con que comienza y termina cada capítulo lo que conduce a una lectura en la que se asume que el destino de la teología fue el mismo que el de la poesía: «Estética y mística fueron arrojadas del recinto sagrado de la teología justamente en el inicio de la Modernidad, convirtiéndose así ambas en dos parias de la conciencia humana y religiosa» (pág. 504). La búsqueda del misterio hermana lo poético y lo teológico. El hombre (el poeta) y Dios sólo se encuentran en quien es la conjugación de ambos: Cristo.

Cuatro poetas desde la otra ladera es, por distintos motivos, un buen ejemplo de literatura general y comparada que abarca la época moderna desde el nacimiento de Jean Paul Richter (1763) hasta la muerte de Antonio Machado (1939). Si bien el criterio comparativo en sentido estricto no es dominante en la argumentación, lo cierto es que al seleccionar la figura de Cristo como único motivo e hilo conductor que alimenta la imaginación poética, este ensayo contiene criterios comparativos provenientes de la tradicional escuela francesa. La figura de Cristo se interpreta desde diferentes ópticas: su muerte y resurrección en Unamuno, el reconocimiento de Cristo como ofrecimiento de compañía divina, acogedora y salvadora de la vida humana para Richter, el Cristo solidario de Machado y el Cristo prisionero que siente el peso del pecado de los hombres y se redime, como el artista, a través de la estética en Oscar Wilde.

Además, a la nómina de autores principales hay que añadir el complejo panorama que Olegario González ofrece de influencias (Bergson, Heidegger, Nietzsche, Hölderlin, Kleist...), transmisiones (Dante, Milton, Wordsworth, Byron, Musset, Nerval...) y traducciones (Madame Germaine de Stäel...) que pueden demostrar las relaciones entre obras y autores de diferentes ámbitos nacionales. Al estudio de la literatura más allá de los confines de un país en particular hay que añadir el manejo de las relaciones entre la literatura y otras áreas de conocimiento o de creencia, como las artes, la filosofía, la historia de las ciencias sociales y la religión. Olegario González de Cardedal consigue, desde su exquisita madurez intelectual y su pulcro estilo ensayístico, justificar las raíces religiosas, agnósticas o ateas que se encuentran en los textos extrapolando y cotejando constantes referencias interdisciplinarias. El estudio de la relación arte-poesíacristología lo ofrece en el capítulo de Unamuno. El rector salmantino selecciona el Cristo de Velázquez, popularizado a través de estampas, por su necesidad de estar ante Cristo, de verlo vivo y vivir. El Cristo de Velázquez se contrapone a esos cristos sangrientos y doloridos del barroco y nos muestra una expresión capaz de justificar la resurrección de la carne. La mediación contemplativa o estética conduce a la verdad. En este sentido quizá se hubiera hecho necesaria, dado el vasto conocimiento que el autor tiene del período, alguna referencia al krausismo con sus ideales de belleza, verdad e intrahistoria y a los prerrafaelitas ingleses quienes, como Oscar Wilde, utilizan escenas de la vida de Cristo para encontrar las verdades íntimas del hombre.

Pero Cuatro poetas desde la otra ladera perquiere un objetivo más profundo que asume que la literatura es un lugar de encuentro. El sentido binario que extrapola en un lado del telar a la teología, –sometida a la razón filosófica y a la universidad científica– y en otro a la poesía de la modernidad –presa de los sentimientos y la sinrazón–, es sustituido aquí por un diálogo que tiene el mismo efecto que la lanzadera de ese telar: la teología presta oídos a la poesía, se hermana con ella para elaborar un tapiz en el que la palabra de Dios llega a los hombres a través de la reflexión que estos poetas hacen de la vida y obra de Cristo. Los autores seleccionados, y más aún sus textos, han seducido el pensamiento bipolar de otros ensayistas que han convertido a Unamuno en un agnóstico, a Jean Paul Richter en un ateo, a Machado en un eterno buscador de Dios y a Wilde en un proscrito. La originalidad que entraña este ensayo estriba en el laudable y meritorio empeño de Olegario González de Cardedal por restablecer el diálogo entre dos discursos tradicionalmente enfrentados. ¿A qué ladera se refiere el autor cuando menciona en el título la otra ladera? Es la ladera del misterio captado por la poesía, es, también, la ribera sagrada de la vida, pero ante todo supone una búsqueda de otro espacio que desvela la posibilidad de una tercera margen en su discurso. Teología y poesía, razón y sentimiento, Dios y hombre se hermanan en la vida y el misterio de Cristo. Esa tercera ladera del discurso es un lugar de eterno encuentro y diálogo continuo que crea un locus amoenus donde se produce el reconocimiento de cada uno de los poetas seleccionados en la figura de Cristo. Es este, pues, un libro valiosísimo que hay que leer y conservar pues plantea a los lectores las preguntas últimas sobre la existencia y la trascendencia humanas.

01/11/1997

 
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