ARTÍCULO

Triunfo de la novela

Seix Barral, Barcelona
360 pp. 19,50 €
Páginas de Espuma, Madrid
228 pp. 15 €
 

A Merino le gusta ordenar sus novelas en tres apartados: metaliterarias, del mito y de la historia. En el tercero entra La sima, su obra de ficción con mayor carga reflexiva y riqueza de pensamiento en su compromiso por explicar la confrontación cainita de los españoles como cultura a lo largo de la historia. Por ello es la más comprometida de Merino y una las mejores, tanto por la hondura de sus ideas en una novela-ensayo como por su construcción narrativa, que comienza con el proyecto del protagonista empeñado en una tesis doctoral que luego se resuelve en forma de novela memorial completada como metanovela que se explica a sí misma en los problemas afrontados en su resolución.
La novela comienza con la llegada del protagonista al pueblo de la montaña leonesa donde pasó su infancia en casa de sus abuelos. Fidel vuelve para estar presente en la excavación de la Sima de Montiecho, donde, según dicen, fueron arrojados los cadáveres de muchos desaparecidos a los que su abuelo mandó matar en la Guerra Civil. Con treinta y cuatro años, este profesor adelantó su llegada para entregarse a la redacción de su tesis sobre la primera guerra carlista, en la que se desataron el odio y la violencia latentes en la confrontación fratricida en las guerras civiles entre los españoles. La apertura de la sima está prevista para el 4 de enero de 2006. Fidel llega el 28 de diciembre. Y en esos días de soledad, llevado por su memoria y la confusión que invade sus recuerdos y su obsesión por el permanente enfrentamiento entre los españoles, sus intentos de redactar la tesis resultan suplantados por la necesidad de escribir sus recuerdos para ordenar su vida poniendo claridad en su disgregada memoria. De ahí la niebla que se extiende por el entorno como elemento real de la montaña leonesa, pero también como símbolo de la confusión en que ha vivido el protagonista desde niño, entre un abuelo falangista que organizó mortales paseos en la guerra y un padre comunista que murió al volver de una reunión del partido. Esta contradicción lo acompañó siempre y aún preside su afán de comprender la perenne violencia en las relaciones de sus compatriotas.
La sima es un título polisémico, en el cual encontramos varios significados: primero está el inmediato, referido a la cueva de montaña que se va a abrir para poder dar sepultura a los muertos allí abandonados; en segundo lugar se descubre un significado relevante en el abismo de odios y rencores que llenan de sangre la historia española en sus guerras civiles; y otro nivel más profundo nos lleva del anterior alcance colectivo al plano individual en la sima de confusión que alimenta la angustia del protagonista después de haberlo arrastrado hasta la depresión y un intento de suicidio. Por eso la novela va imponiéndose frente a la tesis doctoral proyectada. Y su componente de novela histórica, en la modalidad que aborda el pasado proyectándolo sobre el presente, deja paso a la novela del aprendizaje, en la cual Fidel va rememorando, en subjetivo desorden de su dispersa memoria, las experiencias que han jalonado su acceso a la vida adulta, desde sus estudios escolares, sus conflictivas relaciones familiares con sus primos, sus primeros amores y sus intuiciones de la gravedad de lo ocurrido en la Guerra Civil, que marcaron su relación con otros niños y lo impulsaron a interesarse por la historia de España, a convertirse en educador, convencido de que por la educación se pueden superar tales conflictos, y acabar como profesor de historia, obsesionado por la eterna confrontación entre los españoles, que él también pudo apreciar en su aventura peruana como cooperante atrapado en la violencia terrorista de Sendero Luminoso y en la historia de las guerras entre almagristas y pizarristas.
Por esta variedad de enfoques, tanto en su dimensión colectiva empeñada en comprender la falta de entendimiento de una sociedad como en su alcance individual, en cuanto rememoración de su vida para comprenderse a sí mismo, la narración de Fidel, fragmentaria y en controlado desorden, acorde con el nebuloso discurrir de su memoria, tiene tres destinatarios explícitos cuya perspectiva es imprescindible para entender la novela: su antiguo profesor de Bachillerato, que orientó sus primeros pasos por el mundo de la cultura; su director de tesis, cuya visión de la historia española se opone con argumentos a la idea central del protagonista; y su psiquiatra, encargada de ayudarle a reconducir su vida y superar el extravío interior, con una fuerte carga de traumas familiares.
Cuando la recreación memorial, construida en sucesivas analepsis fragmentarias, va completando la vida del protagonista desde su niñez hasta el presente narrativo de sus treinta y cuatro años, entre 2005 y 2006, y parece que no hay solución, ni para su tesis doctoral ni para el arreglo de su vida, el texto da un quiebro en las últimas cuarenta páginas para mostrar el triunfo de la novela y su poderío para descubrir «una forma exclusiva de verdad», por decirlo con palabras del autor. Lo que iba a ser una tesis derivó en relato memorial y acaba exhibiéndose como novela que sólo desde la ficción puede resolver el conflicto planteado, además de explicar los pasos de su proceso genético. Mas, aun naciendo de un proyecto de tesis doctoral, no se trata de una «novela de tesis», como, por aprovechar el juego de palabras, se dice al final. Su riqueza formal y de pensamiento va más allá de una tesis preconcebida, dejando abiertos los interrogantes fundamentales. Esto resulta muy propio de las novelas de Merino, maestro en moverse entre la realidad y la ficción, con pertinentes metalepsis en los cambios de niveles reales o ficticios, mostrando los mecanismos internos de su obrador literario en un texto que es novela histórica y metanovela y en el cual asoman también los mitos y leyendas infantiles.
Esta novela viene precedida de un libro de cuentos, Las puertas de lo posible (2008), con diecisiete relatos que el profesor Souto, heterónimo del autor, encargó a Merino para que escribiera en lenguaje de hoy, más rico que el del futuro, las experiencias del viaje en el tiempo realizado por aquél. Son relatos de ciencia-ficción, alejados de la naturaleza fantástica predominante en la práctica actual, concebidos de acuerdo con los modelos de la ciencia-ficción clásica. Su planteamiento nace de la ciencia contemporánea y la observación de la realidad para, extremando la deducción lógica, con ironía y humor, ofrecer una visión pesimista de las consecuencias previsibles en un futuro cercano, con personas que viven en minúsculos habitáculos, entre robots que viajan por el ciberespacio, bajo la mirada de un gobierno planetario que teledirige las mentes de sus criaturas autómatas, en un mundo deshumanizado en el que han desaparecido los placeres naturales como gozar de la vista y el olor de una naturaleza de montaña, lo cual le está aún permitido al protagonista de La sima.

01/06/2009

 
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