ARTÍCULO

Entre Galicia y Brasil: una saga familiar

Alfaguara, Madrid, 766 págs.
Trad. de Elkin Obregón Sanín
 

Esta es la historia de un pobre gallego soñador de principios de siglo. Futuro emigrante, soñaba con América y, particularmente, con Brasil. Inmenso territorio en el que cualquiera, el menos elegido por la suerte, se vuelve conquistador, en el que las fortunas parecen caer como frutas de los árboles. Madruga, el personaje central de La república de los sueños, es el arquetipo de cierto ascenso social. Un self-made man, un patriarca. Pero también el guardián de una tradición oral anclada en los cuentos y las leyendas de Galicia. De ambos lados del Atlántico se desarrolla esta saga familiar, con voces que se contestan unas a otras a pesar del mar y del paso del tiempo. Generaciones pasadas y presentes dialogan entre sí en una novela enorme, en la que no pasa nada, o casi nada.

La cronología parece completamente aleatoria. Está hecha de constantes vaivenes entre antes y después, entre la adolescencia y la vejez, entre los recuerdos de infancia y el relato parcelizado de la suave agonía de Eulalia, la mujer a la que Madruga se fue a buscar a su pueblo natal para intentar criar en su tierra de elección a unos niños cuyo papel consistirá en cultivar la memoria como si fuera una religión. Entre el abuelo Xan, cuyos relatos provienen de su pueblo perdido de Galicia, y Breta, la más pequeña de la familia, llamada a ser una carioca de pura cepa, la relación es ínfima, casi invisible pero imprescindible. Breta acabará siendo la depositaria de la memoria oral, la que compondrá el libro infinito de esa familia sin apellidos.

Extrañamente, este gigantesco relato es sólo un esbozo, una obra que sugiere más de lo que afirma. En el silencio surgen los odios y los rencores que hacen estallar la familia en mil pedazos y que la recomponen en seguida por una cuestión de necesidad, de supervivencia del clan perdido en un ambiente hostil. Madruga es un déspota ilustrado. Él no acepta ningún cuestionamiento de su propio poder. Pero su objetivo no es solamente hacer fortuna. La fortuna adquirida debe servir para colocar la historia ordinaria de esa familia en el centro de las leyendas ancestrales.

Nélida Piñón se refiere evidentemente a sus propias vivencias para reunir los elementos de esa saga familiar que cubre varias décadas. El ascenso social, y las nuevas tragedias que éste provoca, llevan a una vuelta atrás, a una búsqueda de las raíces y de los orígenes. La palabra es el alma de la existencia. De ahí esos extraños diálogos que se confunden con la narración. Cada gesto es aquí descrito con una minucia obsesiva.

La república de los sueños es la combinación de varios relatos a cargo de distintos narradores, que se acaban fundiendo en uno solo. La aventura banal del emigrante se transforma en epopeya colectiva, la de una de las comunidades que conforman ese amasijo pluricultural que es Brasil. La epopeya se desarrolla en un ambiente de sorda violencia. Cada guerra en el interior del clan, incluso cuando concluye con una muerte, da lugar a un nuevo nacimiento.

El escritor israelí Amos Oz me decía un día que prefería contar el «otoño de su abuela» antes de cualquier «otoño del patriarca». Con eso entendía que era mucho más interesante una tragedia familiar, el relato de la gente sin historias, que la historia de un pueblo o del poder ejercido en contra de ese mismo pueblo. Nélida Piñón, por su parte, ve a la familia como un microcosmos paradigmático de una entidad más amplia, como el reflejo del nacimiento de Brasil, un gigante formado por miles de hormiguitas procedentes de todas partes. El libro peca por momentos por exceso de simbolismo. Al querer hacer de la familia un símbolo, se olvida darle consistencia, con la profundidad psicológica que requiere un universo tan cercano y a la vez tan incomprensible.

Como en el seno de tantas familias, hay un clima permanente de incesto. Pero Nélida Piñón ha logrado imponer una enorme distancia entre sus personajes y ella, para atenuar el dolor y ensalzar el recuerdo.

Un libro tan grueso merecería, sin duda, una crítica un poco más extensa. Pero su lectura, a veces, se hace ardua y resulta difícil entrar en una historia tan inasible y, ¿por qué no decirlo?, bastante aburrida. Felicito de antemano al lector desinteresado que logre llegar hasta el final.

Nélida Piñón es una escritora prolífica, autora de unos quince libros, desgraciadamente poco conocidos fuera de su país. Este inmenso mamotreto permitirá tal vez descubrir, junto con Clarice Lispector, una de las voces femeninas más importantes de la república de las letras de Brasil.

01/11/1999

 
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