ARTÍCULO

Ocho años a examen

 

El lector prudente se acerca a las historias oficiales con justificada aprensión. Las publicadas desde el poder están, cuando menos, pasadas por el filtro de la corrección política, llegando algunas de ellas a la supresión de las fuentes que documentaban el protagonismo de los personajes que el régimen ya había liquidado físicamente. Las publicadas desde la oposición, con lamentos jeremíacos del poder perdido, propenden a inventar toda suerte de culpas expiatorias. La función de las primeras es la ocultación; la de las segundas, la confusión.
España, claves de prosperidad representa un ejercicio diferente. Resultado del trabajo de una veintena de profesionales que ocuparon puestos de responsabilidad en la etapa de gobierno del PP, publicada por FAES y prologada por Aznar, esta obra viene a ser la biografía autorizada del gobierno económico del PP de 1996 a 2004. Y gran parte de su valor para los futuros historiadores radica en esa condición de acta oficiosa de las aspiraciones, los objetivos y las interpretaciones de los responsables de la política económica del PP en la era de Aznar. En ella encuentra el lector la interpretación auténtica (en el sentido jurídico estricto) de las medidas económicas aplicadas en uno de los períodos más fascinantes de la historia económica de España.
Fascinante no sólo por el desempeño de la economía que, contemplado desde la azarosa situación actual, parece un logro increíble. Entre 1996 y 2004, el PIB aumentó a un ritmo medio anual cercano al 3,5%, se crearon cinco millones de empleos, se incrementó en diez puntos el índice de convergencia con la Unión Europea, se sanearon las cuentas públicas y la deuda del Reino adquirió por primera vez en su historia la máxima calificación crediticia. Fascinante, sobre todo, por el cambio radical en la orientación de la política económica, centrada en rescatar la economía de su enquistamiento tradicional en una oscilación permanente entre expansiones inflacionarias y devaluación, con escasa creación de empleo, posicionándola en una nueva senda de expansión, basada en un marco de estabilidad y guiada por un reformismo gradualista.
La exposición, extraordinariamente clara, posiblemente gracias a la labor del coordinador, Luis de Guindos, se ordena del siguiente modo: Lo que heredamos del socialismo (capítulo 1); Nuestro modelo (capítulo2); Lo que conseguimos (capítulo 3); Lo que hicimos para conseguirlo en el campo de 1) el mercado de trabajo y la Seguridad Social, 2) la estabilidad presupuestaria y la rebaja de impuestos y 3) la política de defensa de la competencia, la liberalización de los mercados y el fomento de las infraestructuras (capítulo 4); las conclusiones (con comentarios sobre la crisis actual) se recogen en el capítulo 5. La argumentación, siendo apologética, no es en modo alguno dogmática, combinando el análisis económico relevante con la evidencia disponible (recogida en diez cuadros y treinta gráficos). Luis de Guindos es generoso en la valoración de las políticas del gobierno socialista de González, en especial las actuaciones de Boyer y de Griñán, y renuncia al fácil expediente de invocar, en circunstancias difíciles, el papel perverso de las perturbaciones importadas del exterior. Y eso que el período no fue una balsa de aceite en este aspecto: la crisis asiática de 1997, la bancarrota de Rusia en 1998 (con la secuela del LTCM), el efecto 2KY, el estallido de la burbuja tecnológica en 2000 y el impacto de los atentados del 11 de septiembre en 2001, entre otras turbulencias, que obligaron a mantener firme el rumbo en la estabilidad.
La decisión estratégica fundamental fue la de optar decididamente, a pesar de la dificultad de partida, por la entrada de España en el grupo fundador del euro con todas sus consecuencias. El autor dice (p. 104): «Si queríamos conseguir una reputación sólida, tendríamos que dar un ejemplo prolongado y continuo, y por encima de los demás, de estabilidad, rigor y austeridad en las cuentas públicas [...] una vez dentro de la zona euro, España decidió reforzar sus reglas de estabilidad, mientras que el resto de las grandes economías no hicieron lo mismo».
Es imposible pasar revista aquí al análisis detallado que se hace de medidas como la Ley de Estabilidad Presupuestaria, la creación del Fondo de Reserva de la Seguridad Social (FRS), la importante labor de erradicación del fraude en la incapacidad laboral, la supresión del Impuesto de Actividades Económicas o la Ley de Calidad de la Enseñanza, entre otras. Cuando el autor se felicita especialmente del aumento espectacular logrado en el empleo, que califica de «la mejor política social», del fortalecimiento del sistema de la Seguridad Social y del aumento conseguido en la progresividad del IRPF a pesar de la sensible reducción de los tipos marginales, me pregunto si éste no es el programa de la socialdemocracia en acción.
En mi opinión, el FRS tiene un valor más simbólico que real. La garantía de las pensiones futuras radica en una situación saneada de todo el sector público y no en el saldo positivo de una subcuenta (alimentada con ingresos derivados de un impuesto regresivo e ineficiente), cuyo saldo positivo tiene como contrapartida matemática un saldo negativo en el presupuesto de la Administración Central (se podrá expandir el FRS lo que se quiera aumentando el préstamo del Tesoro a la Seguridad Social, pero a costa de elevar el endeudamiento neto del sector público).
En un estudio tan riguroso de la economía nacional como el que se presenta aquí, me ha sorprendido la ausencia de un tratamiento explícito de la clave esencial de la prosperidad, que es el aumento significativo y continuado de la productividad del trabajo. Decir que nuestro crecimiento económico ha sido rico en creación de empleo equivale a reconocer que el aumento de la productividad del trabajo ha sido pobre. En particular, el comportamiento de la productividad total de los factores en nuestra economía es decepcionante. ¿Podrá deberse este potencial inexplorado de aumentos permanentes en nuestro nivel de vida al método elegido de reformismo gradualista frente a una estrategia de big bang?
La importancia de un libro se funda tanto en las informaciones que aporta como en las cuestiones interesantes que suscita y, en este sentido, la obra coordinada por Luis de Guindos tiene el inmenso valor de iluminar un período importante de nuestro pasado reciente y de incitar a una reflexión renovada sobre los problemas de la economía española.

01/07/2010

 
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