ARTÍCULO

La otra dialéctica de la Ilustración

 

Hablar hoy de «feminismo» significa, en realidad, hablar de «feminismos». La diversidad de teorías demuestra que el punto de vista sobre el género –una diferencia de tipo derivado– admite una interpretación plural. Si en 1987 C. Mackinnon se refirió a la «segunda ola» de la crítica feminista –desde la crítica al sistema patriarcal hacia la igualdad de derechos–, en 1996 N. Fraser constataba ya el declive de algunas posturas esencialistas. En 1997 J. Drake certifica la llegada de una «tercera ola»: de los argumentos contra los mecanismos de poder hacia una «política de la presencia», según la fórmula de A. Phillips. Los análisis de C. Gilligan dieron la entrada para «otras voces» en distintos campos argumentativos: Epistemología (S. Harding, S. Hekman, H. Longino), Ética, entre la justicia y el cuidado (I. Young, N. Fraser, H. Pauer Studer, S. Moller Okin), Jurisprudencia (Z. Eisenstein, Ch. Littleton), Teoría política, de orientación no contractualista (C. Pateman, V. Held, J. Mansbridge, S. Benhabib). «Feminismos»... El libro de C. Amorós es epítome de argumentos característicos, pero no tópicos, de la teoría feminista. El compromiso de la autora con la difusión y construcción del feminismo ha ido avanzando con cada libro, Críticade la razón patriarcal, S. Kierkegaard o la subjetividad del caballero, Feminismo: igualdad y diferencia.

Tiempo de feminismo es el resultado de un trabajo de largo aliento sobre lo que pudo ser y no fue. Porque la Ilustración estuvo construida sobre una noción reducida y enfática de subjetividad. Porque sus pretensiones universalistas fueron necesarias, pero no condición suficiente para cumplir su propio programa. El feminismo actúa entonces como test de una Ilustración demediada (capítulo II). Y, sin embargo, C. Amorós se distancia abiertamente de las versiones que han emprendido una dialéctica de la Ilustración, en términos tan sumarios como injustos para con las premisas de la modernidad. Su tesis es que la Ilustración –como programa normativo– pone también a prueba los vínculos entre feminismo y «cultura de las razones» (capítulo VII). Por ello, el libro establece una red de argumentos –desde la historia de la filosofía (capítulos IV y V) hasta la teoría política– para concluir que la teoría feminista no es en realidad «otra», sino la modernidad cumplida. El volumen, e incluso su vocabulario, traslucen las sucesivas etapas de la crítica feminista, proyecto y producto radicalmente moderno: Feminismo de «ideas claras y distintas» y premisas universalistas.

Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad logra articular: a) Una versión reflexiva, plenamente moderna del feminismo, realizando el salto cualitativo que va desde los «memoriales de agravios» a la «vindicación». Y no sólo en su vertiente moral (apéndice I). Reemplaza desde el comienzo la noción estándar –más bien enfática– por una noción verosímil de la subjetividad (capítulo I), dando paso así a otra combinación con la epistemología, la ética, la política. b) En su programa alternativo, crítico –pero no adverso a la Ilustración–, el análisis de símbolos y tradiciones forma parte del obligado rechazo hacia una etapa acomodaticia con respecto al patriarcado. Nada tiene en común con las despedidas postmodernas o la impugnación antiliberal (capítulos V y VII). c) Ofrece además un tratamiento de la diferencia que tiene un objetivo preciso: la igualdad. La discriminación inversa, por ejemplo, mantendrá activa la lógica de la vindicación (capítulo VI). Y lo hará en su contexto correspondiente (apéndice II). ¿Otra dialéctica de la Ilustración? Cierto que la teoría feminista guarda algunos parecidos de familia –C. Amorós habla más bien de «alianzas»– con los argumentos de postmodernidad y comunitarismo. Pero, en realidad, pretende algo bien diferente: realizar el programa emancipatorio de la filosofía moderna. ¿Una noción inclusiva de filosofía desde la diferencia? En los años ochenta, las críticas hacia el universalismo abstracto proceden de grupos que habían sido excluidos durante demasiado tiempo del discurso público. En los noventa, los problemas de exclusión, o de participación restringida, aparecen con toda crudeza en las sociedades democráticas. La ética feminista, la política de la diferencia, la jurisprudencia feminista... ¿hasta dónde llevan el cambio de paradigma? Tiempo de feminismo demuestra que modificar el punto de vista significa también reescribir, redefinir «Ilustración» y «sapere aude!».

01/02/1998

 
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