ARTÍCULO

El lado social

 

Convencidos de que desde la transición a la democracia España se ha transformado en todos los órdenes de la vida, dos de nuestros más reputados sociólogos, los profesores Salustiano del Campo y José Félix Tezanos, han proyectado una obra monumental que condense en cinco volúmenes las aportaciones realizadas por los principales especialistas en cada una de las siguientes materias: sociedad, política, economía, ciencia y tecnología y literatura y bellas artes. Con el patrocinio de la Fundación Caja Madrid y la labor editorial de Biblioteca Nueva, el primer tomo aparecido ha sido coordinado por los propios directores de toda la serie. En veintidós capítulos –en realidad, monografías, dadas su extensión y profundidad–, la obra disecciona los rasgos constitutivos de la sociedad española actual sin descuidar la perspectiva histórica necesaria para comprender el drástico proceso de cambio operado tras la muerte del general Franco. Un libro exigente como éste cuenta, sin lugar a dudas, con lo más granado de los investigadores sociales españoles en las distintas áreas de conocimiento, y de ahí que la familia, la inmigración, la religiosidad, la mujer, los movimientos sociales, la vida cotidiana y los medios de comunicación, entre otros muchos temas, cuenten a partir de ahora con una fuente de referencia inexcusable para todo aquel que, especialista o interesado, se proponga acercarse al estudio de la sociedad en que vivimos.
Aunque variados por su contenido y por el amplio elenco de expertos que los han confeccionado, todos los capítulos comparten una doble perspectiva; a saber: un recorrido histórico desde los años setenta hasta nuestros días y un análisis de la situación actual y de las posibles tendencias futuras, todo ello con una esmerada y constante utilización de fuentes directas de muy diversa procedencia que dota de solidez al conjunto. El planteamiento teórico y la introducción de categorías sociológicas que estas colaboraciones contribuyen a definir se insertan en el desarrollo del volumen, lo cual, unido a los análisis sobre evidencias empíricas, demuestra que, más allá de la importancia política de la transición española a la democracia, el cambio de actitudes, comportamientos y tendencias que, bien se inicia, bien se agudiza en los años setenta, fructificará en la transformación de la sociedad operada desde el final de la década.
El libro se embarca en una aventura apasionante, cual es el análisis del cambio social en España a partir de los procesos de modernización; un cambio muy rápido ya en los años setenta. Ello muestra una cierta singularidad en tanto en cuanto el proceso español fue más tardío, pero también más intenso, que en gran parte de la Europa más avanzada socioeconómicamente. Esta rapidez y esta intensidad se conjugan en el hecho, por ejemplo, de que nuestro país ocupara en 1995 el noveno puesto en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, o de que en 2007 alcanzara una renta per cápita de treinta mil dólares. A ello contribuyó, sin duda, el éxito de la transición política posterior a 1975: con la entrada en vigor de la Constitución de 1978, que hacía de España un Estado social y democrático de derecho, nuestro país hubo de adaptar toda su normativa legal y todas sus instituciones, tanto políticas como socioeconómicas, al modelo de legalidad democrática vigente en el resto de Europa Occidental. De este modo, aunque los factores sociales de carácter estructural siguieron su curso en consonancia con los nuevos tiempos, el cambio de régimen y, sobre todo, la marcha del país hacia Europa, condicionaron su evolución.
En efecto, como señalan los autores del prólogo, es necesario destacar la influencia que ha tenido en nuestra sociedad la integración española en las estructuras comunitarias europeas, un paso esencial a la hora de explicar los profundos cambios socioeconómicos del país: la fluidez de los intercambios entre los centros educativos en general y universitarios en particular, la apertura económica –que obliga a nuevas formas de trabajo de empresarios y trabajadores–, la internacionalización del mercado laboral, el aumento de contactos con movimientos y organizaciones de otros países –y la consiguiente mayor participación de los españoles en asociaciones de carácter europeo e internacional–, por no olvidar el papel del turismo en los cambios de mentalidad de la población (mayor aceptación de otras formas socioculturales e, incluso, importación de algunas de ellas). Todas estas manifestaciones aparentemente espontáneas son, sin embargo, resultado de un proceso largo y complejo al que no es ajena la «europeización». Por ello, en lo que se refiere a este aspecto de la transformación social de España, sería deseable que algunos autores del volumen dedicasen mayor atención a estudiar cómo la adhesión a la Unión Europea se ha dejado sentir en aquellas facetas de la sociedad española que se han propuesto analizar, de forma que entre todos ofrezcan una visión global y completa de la realidad en que nos encontramos.
Llama la atención la exhaustividad con que se afronta el objeto de estudio. Abarcan los capítulos los aspectos más variados de una siempre poliédrica realidad en las sociedades contemporáneas. A los más tradicionales apartados dedicados a la población en general o a la inmigración, la familia, la mujer y la juventud en particular; a la estructura ocupacional y a la estratificación social, la vivienda, el sistema educativo o la delincuencia, se unen los medios de comunicación, la llamada «sociedad de la información», los idiomas, la religiosidad, los valores, la vida cotidiana, el ocio y el consumo, entre otros. Aunque tal variedad de cuestiones hace inevitable que algunas se traten en varios capítulos a la vez (caso de la inmigración), quizás hubiera sido posible, en aras de una mayor claridad, que la delimitación de cada campo de estudio se coordinase mejor para evitar ciertas reiteraciones innecesarias (por ejemplo, entre «La participación de los españoles en asociaciones voluntarias» y «Los nuevos movimientos sociales»; entre «Medios de comunicación social» y «La Sociedad de la Información en España»). Por otra parte, teniendo en cuenta la envergadura de la obra, resulta difícil conjugar la variedad de contenidos con la unidad de método y de discurso, algo que en líneas generales se consigue, aunque cabría sugerir que, frente a algunos capítulos donde el contenido teórico es mucho mayor (los dedicados a los nuevos movimientos sociales, a la juventud o a la vida cotidiana), quizás otros adolezcan de excesivo empirismo (sobre la violencia y la delincuencia, la urbanización y la vivienda).
La extensión y riqueza del volumen impiden que nos detengamos en cada uno de los capítulos que lo componen. Señalemos, tan solo, algunos de los rasgos que presenta como definitorios de nuestra sociedad actual. En primer lugar, respecto a la población, puede que una de las notas llamativas sea su acusado envejecimiento, una de las consecuencias del cambio en las variables demográficas y con incidencia en la estructura de la familia y en las políticas que han de desarrollar las distintas administraciones del Estado. Se trata, no obstante, de un envejecimiento que, al igual que la disminución de la natalidad española (de 2,86 hijos por pareja en 1970 a 1,37 en 2006) no es una tendencia reciente, sino que hunde sus raíces en el siglo XX.
La estructura familiar, todavía firme en su forma nuclear, se incardina en el modelo de las sociedades europeas. Demuestran estos estudios cómo se hace perceptible el proceso de acomodación a las nuevas tendencias: el aumento del número de matrimonios civiles no religiosos, la aceptación social de la separación matrimonial o, en los últimos años, de las relaciones homosexuales. De este modo, a pesar de las posibles consecuencias de la desestructuración familiar, la actual generación de jóvenes manifiesta un elevadísimo nivel de satisfacción general con la vida (88% en 2006); un sector éste, el de la juventud, que, a tenor de los datos, continuará siendo reducido en número. Muy pragmático –aunque otorga importancia a la familia– y solidario –si bien relativamente poco participativo (p. 270)–, tales características, en realidad, identifican a este grupo social con el resto de Europa.
El profundo cambio del panorama educativo en todos sus niveles no sólo ha logrado en estas últimas décadas eliminar seculares carencias en infraestructuras y generalizar el acceso a la educación, sino que las políticas estatales se han esforzado en estos tiempos en cumplir los objetivos previstos por el Consejo Europeo de Lisboa del año 2000, sin perder nunca el horizonte de 2010, sobre todo con el fin de reducir la elevadísima tasa de abandono escolar en España (hasta el 30,8% en 2005 frente al 15,2% de la media comunitaria) y aumentar el porcentaje del gasto público en educación –uno de los más bajos en Europa respecto al PIB–, así como luchar contra la violencia escolar, hecho preocupante por su drástico aumento en tiempos recientes.
El mundo del trabajo ha sufrido también una profunda transformación en función de las innovaciones tecnológicas, que afectan a su propio concepto y a su relación con el ocio, un espacio cuya importancia es cada vez mayor en la vida cotidiana de los españoles. Al respecto, los medios de comunicación y, sobre todo, la televisión, han servido de cauce y, a la vez, de amplificadores de ciertas formas de entender el ocio, lo cual tiene una enorme repercusión en los comportamientos de los españoles en tanto en cuanto «ver televisión se ha convertido durante este período en la actividad hegemónica, tanto por la cantidad de personas que la realizan diariamente (cobertura universal) como por la cantidad de tiempo diario que se le dedica» (p. 564).
El valor de la religión en general, y del catolicismo en particular, ha variado sustancialmente en España, pero las conclusiones al respecto muestran que, a pesar de su retroceso, el número de personas que se consideran católicas sigue siendo elevado (del 91% en 1978 al 77% en 2007), si bien con una vivencia más personal e interior y no mediante la vinculación a la Iglesia católica institucional. Eso sí, el gran cambio ha venido de la mano de la presencia de otras religiones, casi inexistentes hace tres décadas y ahora fortalecidas, entre otras causas, por la afluencia de inmigrantes.
A propósito de la inmigración, el fenómeno empieza a entenderse como problema en los países de acogida y, por tanto, también en España, pasando de ser un beneficio a convertirse en un reto e incluso una amenaza, dada su potencialidad conflictiva, agravada además por la precariedad laboral de la mayoría de los inmigrantes y por la tendencia a la marginación. Si consideramos que la mitad de los cinco millones de empleos creados desde 2000 han sido desempeñados por extranjeros, «no hay que reclamar mucha capacidad de predicción para apuntar que la integración laboral de los inmigrantes será uno de los asuntos más importantes en la esfera del trabajo en la España del siglo XXI» (pp. 350-351). De no ser así, aunque todos los parámetros indican que España se encuentra en la fase de transición hacia la «sociedad posindustrial» o «sociedad tecnológica», podría generarse una quiebra social, ya que el crecimiento de las clases medias, elemento sin duda estabilizador, no ha logrado eliminar ni reducir siquiera la desigualdad o la exclusión, sino que dichas clases comparten el espacio con una elevada tasa de pobreza (en torno al 20%).
Ante este panorama, pues, el siglo XXI abre sus puertas con una serie de desafíos trascendentales a los que la sociedad española deberá, pronto o tarde, dar una respuesta. Entre ellos se encuentran los cambios en la estructura tradicional de la familia, el aumento de la esperanza media de vida y la espectacular afluencia de inmigrantes que ha quebrado la tradicional tendencia a la emigración: el padrón municipal de 2007 cifra en un 10% la proporción de extranjeros en el país. Resultan preo¬cupantes, por ejemplo, en esta primera década, la «precarización» laboral y el mayor impacto del paro entre la juventud y las mujeres. En todo caso, según demuestran los autores, tanto las conclusiones del proceso de modernización socioeconómica como la naturaleza de los retos a que se enfrenta sitúan a España dentro de la evolución de los países europeos más desarrollados, por lo cual, al margen del ritmo más rápido y más concentrado en el tiempo, queda arrumbada por el momento la teoría tan difundida de la excepcionalidad española en Europa.
En definitiva, la obra que nos ocupa tiene la virtud de constituir un compendio histórico de la evolución social de España en las últimas décadas, una radiografía de la realidad actual, con sus luces y sus sombras, y una prospectiva sobre las tendencias futuras de nuestra sociedad. Conviene insistir en la capacidad de investigaciones rigurosas como ésta (aunque, desde el punto de vista formal, el capítulo sobre la religiosidad necesitaría una revisión estilística, y una bibliográfica el dedicado a urbanización y vivienda) para acabar con tópicos, lugares comunes o generalizaciones a las que, a menudo movidos por la urgencia informativa, nos tienen acostumbrados los medios de comunicación. Temas tan sensibles como los de índole social (pensemos en la inmigración, la violencia, la situación lingüística de España) suelen estar sometidos a valoraciones y consideraciones excesivamente superficiales que terminan por reducir a meros esquemas cuestiones complejas, hasta el punto de convertirlas en un simulacro o incluso una parodia de la realidad. En consecuencia, precisamente por la aceleración de los tiempos, se hace necesario que trabajos serios y de calidad como el presente formen parte de bibliotecas especializadas, hasta convertirse, por qué no, en puntos de referencia ineludibles para quienes desde distintos ámbitos (periodistas, maestros, trabajadores sociales, profesores, etc.) tienen la responsabilidad de transmitir informaciones y conocimientos veraces sobre una realidad que, no por parecer al ¬alcance de todos, deja de requerir un análisis profundo.

01/11/2008

 
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