ARTÍCULO

Los cuatro fantásticos y Derek Walcott en el Basurero de la Historia

Mondadori, Barcelona
336 pp. 22,90
 

LOS REYES DEL MAMBO LEEN NOVELAS DE CIENCIA FICCIÓN

En 1990, Óscar Hijuelos, novelista de origen cubano nacido en Spanish Harlem, obtenía el Premio Pulitzer, el galardón más prestigioso de las letras norteamericanas, por Los reyes del mambo tocan novelas de amor. Dieciocho años después, hace apenas unas semanas, otra novela escrita en inglés por un hispano, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, del dominicano Junot Díaz, alcanzaba el mismo honor. En el momento de recibir el premio, los dos autores tenían la misma edad: treinta y nueve años. Nacido en la República Dominicana en 1968, Junot Díaz tenía siete años cuando su familia emigró a una zona particularmente deprimida del cinturón industrial de New Jersey. Durante su infancia vivió el trauma de tener que cambiar de lengua. Tras sobre­vivir a la degradante experiencia que es la escuela pública norteamericana, cursó estudios universitarios en instituciones de poco o ningún renombre antes de ser admitido en el programa de escritura creativa de Cornell, uno de los más prestigiosos del país, donde la presencia de un latino constituía una rareza altamente valorada. Díaz se forjó leyendo desaforadamente cuanto caía en sus manos. Pobre, apremiado por una difícil situación familiar, encontró refugio en la épica apocalíptica de los cómics y los relatos de ciencia-ficción a la vez que en lo que convencionalmente se considera alta literatura. Disciplinado por los talleres de escritura y el consejo de escritores que lo animaron a seguir el oficio, en 1996 la revista Story aceptó publicar «Ysrael», sobrecogedor relato que cuenta la historia de un adolescente cuya cara devoraron los cerdos siendo niño, y que recorre los campos dominicanos ocultando su rostro tras una máscara y entregándose a las fantasías que encuentra en el mundo de los cómics. El cuento llamó poderosamente la atención y poco tiempo después, una revista tan exigente como The New Yorker publicaba «Drown», narración que serviría para titular la edición de los cuentos en inglés. Adelántandose a la salida del libro, estas dos mismas revistas publicaron otros tantos relatos del desconocido autor, creándose así una gran expectación en torno al volumen de cuentos. El libro tuvo una recepción muy favorable, confirmándose así las esperanzas puestas en su talento como narrador. Desde entonces el autor dominicano no ha dejado de estar en el punto de mira del mundo editorial americano un solo momento. Traducido a numerosos idiomas, Drown se convirtió en un long-seller de repercusión internacional. Al castellano se hicieron dos traducciones, una dirigida al mercado nacional español y que se tituló Los boys, y otra dirigida al mercado norteamericano y latinoamericano y que se tituló, por expreso deseo del autor, Negocios, título del relato más extenso del volumen.

BAILE DE MÁSCARAS

La prosa que utiliza Junot Díaz en su primer libro de cuentos es de factura inequívocamente americana: frases cortas, sin adornos, sintaxis limpia, estilo sobrio, preñado de intención y sentido. Agudamente consciente de sus raíces africanas, Díaz necesitaba modelos con los que identificarse, y los encontró en los escritores de la negritud norteamericana, de manera señalada en Toni Morrison. En algunos relatos recurre a estrategias que hacen pensar en escritoras tan distintas como Maxime Hong-Kingston, Leslie Marmon Silko o Lorrie Moore. El influjo de narradores descarnados como Cormac McCarthy es palpable. Sin que se pueda hablar de influencia directa, hay un parecido de familia con escritores realistas cuyo estilo se caracteriza por la crudeza, como Walter Mosley o Richard Price. Junot Díaz ha confesado su admiración por el cuentista Michael Martone. Mucho más significativa es su afinidad con la haitiana de expresión inglesa Edwidge Danticat, cuyo primer libro de relatos, Krik? Krak!, despliega una escritura a la vez poética y brutal, no muy alejada de la que cultiva el ­propio Junot Díaz. Salvando las distancias, se podría decir que el acercamiento de Díaz a la realidad que ­viven día a día los latinos recuerda a lo que hizo Carver con la clase media blanca menos privilegiada, o a Philip Roth con la comunidad judía. Ningún escritor surge de la nada, y Junot Díaz no es ninguna excepción, pero es cierto que el dominicano tuvo siempre claro que carecía de antecedentes claros para llevar adelante su proyecto literario, lo cual le obligó, en un sentido, a empezar virtualmente desde cero.
Aunque constituye un logro más que notable, en Drown la poética de Junot Díaz se encuentra aún sin de­sa­rro­llar. El libro se articula en torno a la tensión, de alto voltaje lingüístico, entre los cuentos que transcurren en su país natal (en los que a través de unos ojos infantiles se evoca la cruda realidad de la pobreza dejada atrás) y los relatos que tienen como escenario suelo norteamericano, protagonizados por adolescentes. El largo relato que pone fin al libro evidencia la necesidad por parte del autor de poner su talento narrativo al servicio de la construcción de una novela.

ENCERRADO CON UN SOLO LIBRO

La excelente recepción que tuvo el delgado volumen de cuentos junto con las grandes esperanzas depositadas en él como escritor obligaron a Díaz a encastillarse en una fortaleza de silencio, a fin de crear para sí el espacio necesario para que sedimentara definitivamente su poética. A un periodista que le preguntó por qué había tardado once años en completar su primera novela, le respondió que, aunque sabía lo que tenía que hacer, le faltaba la formación necesaria para llevar a cabo su proyecto. Díaz se pasó más de una década tanteando, aprendiendo, descartando y volviendo a empezar desde cero. Cuando, por fin, el autor dio su visto bueno, se puso en marcha una cuidadosa operación de lanzamiento. Anunciada como una de las grandes apuestas editoriales de la pasada temporada de otoño, la respuesta superó con creces todas las expectativas puestas en él. Las críticas fueron unánime y encendidamente elogiosas. Varias publicaciones de prestigio declararon su libro como la mejor novela del año. Le fueron concedidos varios premios, los dos últimos el Nacional de la Crítica y el Pulitzer.

LA MARAVILLOSA VIDA BREVE DE ÓSCAR WAO

Lo primero que se tropieza el lector antes del arranque mismo de la novela es una cita de Stan Lee y Jack Kirby, autores de Los cuatro fantásticos, uno de los cómics más populares de la Marvel, que dice: «¿Qué le importan a Galactus las vidas breves y anónimas?». En la página siguiente, Junot Díaz cita un largo fragmento de un poema de Derek Walcott cuyos últimos versos rezan: «No soy más que un negro con reflejos cobrizos en la piel, enamorado del mar. Recibí una sólida educación colonial. Por mis venas corre sangre negra, inglesa y holandesa. Una de dos: o no soy nadie, o soy toda una nación».
La yuxtaposición de estos dos elementos tan dispares anuncian por dónde van a ir los tiros en la novela. La obra de Derek Walcott, uno de los mayores poetas de nuestro tiempo, supone un cuestionamiento del canon occidental. Walcott hurga en la cuna misma de la cultura europea, Grecia, sacando de su entorno a los héroes homéricos y haciendo que se reciclen como taxistas, panaderos o pescadores en las Antillas. Se trata de una operación de canibalismo muy característica de los pueblos del Caribe. Parafraseando una idea del propio Díaz, ninguna cultura ha sabido sacar mejor provecho del basurero de la historia. En su emulación de Walcott, Junot Díaz da un paso más audaz que el poeta. Los invitados fagocitados en el particular festín caribeño que es su novela no son héroes homéricos, sino una caterva de personajes de tebeo. Al hacer algo así, catapulta su producto a una dimensión extraliteraria, dominada no sólo por la estética de los cómics, sino también por la del cine, los videojuegos y otras formas de ciberentretenimiento. En el paquete van incluidos géneros literarios considerados marginales por los sacerdotes del decorum y los guardianes del canon, como la ciencia-ficción, la fantasía y el horror. Se trata de borrar la distinción entre las formas altas y bajas de la cultura. Estos intentos de hibridación y subversión de códigos no son particularmente novedosos. Escritores como Michael Chabon o Jonathan Safran Foer, por nombrar a dos autores de la generación de Junot Díaz, también lo han hecho. Una influencia que opera sobre todo esto desde el fondo es la Haruki Murakami. Lo que lo distingue a Díaz de todos ellos es lo marcado de su preocupación política. Su novela se levanta sobre las ruinas del colonialismo. Su marginación es triple: como miembro de la clase baja de una sociedad violentamente jerarquizada, como hijo de la diáspora africana, y como inmigrante que al huir de la pobreza se ve condenado a adoptar un idioma que, irónicamente, logrará transformar en su arma más poderosa.
Conviene añadir un detalle significativo: Díaz dedica su libro «al pueblo dominicano». Los destinatarios de su singular apuesta narrativa son los miembros de su comunidad. Es para ellos para quienes escribe y hacia quienes se siente obligado. La maravillosa vida breve de Óscar Wao es un canto a su raza, a su país, a su familia, a su cultura, a toda una comunidad dolorosamente repartida entre dos islas, el sector occidental de la antigua Hispaniola y el Alto Manhattan.

¿CUÁNTOS PREMIOS PULITZER ES USTED CAPAZ DE RECORDAR?

La maravillosa vida breve de Óscar Wao es un entramado de narraciones que oscilan, como su primer libro, entre los Estados Unidos y la República Dominicana. Como ya ocurriera con los cuentos, nos tropezamos con una galería de personajes sumamente verídicos y creíbles. Díaz es un excelente cronista de la vida cotidiana, tanto en los barrios de Nueva York y alrededores como en su isla natal. Sus personajes tienen la inmediatez de los individuos que nos encontramos a diario en la calle, sobre todo gracias a la habilidad con que es capaz de captar y reproducir sus modos expresivos. La atención prestada a los personajes femeninos llama especialmente la atención. El engranaje de la novela lo sustentan dos narradores complementarios, Óscar, protagonista de la novela, y Yúnior, conciencia literaria y alter ego del autor, que ya había hecho aparición en el libro de cuentos. Buena parte de la narración corre a cargo de voces femeninas que hablan en primera o segunda persona, registros que Díaz domina con notable destreza. La novela se subdivide en planos que dan cuenta alternativamente de las andanzas de Óscar, Yúnior, y una saga de mujeres. Uno de los aspectos más importantes de la narración es la contrahistoria del Trujillato, en la que Díaz trata de subvertir el tratamiento que le han dado al período novelas como las escritas por Mario Vargas Llosa o Julia Álvarez.
Díaz cultiva una poética del fragmento que impregna todos los aspectos de la novela, incluida la cronología. Desde el principio mismo, recurre al uso de largas notas a pie de página, que sirven de contrapunto a los distintos planos narrativos. Uno de los mayores hallazgos son las rupturas y discontinuidades que fragmentan a las narraciones en microrrelatos que le imprimen un ritmo extraordinariamente ágil a la novela.
La construcción del mundo imaginario del protagonista es un notable logro. Junot Díaz invierte el estereotipo, situando en el centro de su universo narrativo a un latino bastante atípico. Gordinflón, enamoradizo, empollón y escritor en ciernes, Óscar es un inadaptado social y sentimental, que dedica toda su energía mental a la ciencia ficción, bien en forma de cómics, películas o la lectura de los autores canónicos del género.
Es pronto para valorar adecuadamente una propuesta narrativa tan audaz como la que plantea La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Por lo pronto, introduce en el género novelesco elementos que harán levantar las cejas a más de uno. El jurado del Pulitzer suele ser proclive a sancionar propuestas más convencionales. Este año han demostrado una saludable amplitud de miras. Rupturista, divertida y arriesgada, la primera novela de Junot Díaz constituye una valiosa aportación a las letras americanas. 

01/06/2008

 
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