Le Corbusier
ARTÍCULO

La Hispania romana

 

En los últimos años se acumulan los estudios sobre esta época de nuestra historia, decisiva en tantos aspectos. En España y fuera de ella. Sobre el conjunto del territorio o sobre regiones, e incluso localidades concretas. Las obras aquí reseñadas, publicadas casi simultáneamente por dos editoriales eminentemente «literarias», pretenden una visión global de la Hispania romana. Coinciden en el título pero difieren en casi todo lo demás: perspectiva, estructura, metodología e incluso (o más bien «por tanto») en cuanto a los posibles destinatarios. El autor de la España romana de Gredos deja muy claro desde el principio que ante «los muchos problemas y muchas lagunas que vienen a enturbiar nuestra comprensión de la historia de la conquista y del proceso de asimilación cultural, este libro es un intento de examinar, ya que no de resolver, algunos de estos problemas y también de llevar a la atención de una audiencia más amplia los frutos más recientes de la investigación» (pág. 16). Fiel a este programa, Curchin compone un manual unitario, sistemático, apoyando cada dato con la documentación precisa, ya sea extraída de fuentes literarias, cuando son significativas, ya utilizando las últimas investigaciones arqueológicas y epigráficas, según los casos e incluso las épocas. Y sin abrumar nunca al lector, salpicando la información con observaciones personales, discutibles a veces pero siempre sugerentes, y sirviéndose de una bibliografía bien seleccionada y actualizada, en la que alternan en parecida proporción los historiadores españoles y los extranjeros, en especial los anglosajones. A destacar la claridad e incluso amenidad con que el autor lo presenta, virtudes a las que no es ajena la excelente traducción del profesor Calonge. La obra consta de dos partes, denominadas, como reza el subtítulo, «Conquista» y «Asimilación cultural», considerablemente más breve la primera que la segunda. En la primera, desde «la guerra con Aníbal» hasta «la guerra cántabra», se apoya fundamentalmente en la abundancia de fuentes literarias romanas y griegas, sobre todo Tito Livio (y sus «epítomes») y Apiano. Esto explica que se ocupe fundamentalmente de las sucesivas fases del dominio militar romano y se extienda poco sobre los pueblos prerromanos y sobre la sociedad indígena durante la conquista. En algún caso llamativamente poco: media página para hablar de los íberos, encabezada con la frase lapidaria «Si los celtas son ya un problema, los llamados íberos son un misterio total» (pág. 33). Menos aún, prácticamente nada, sobre los pueblos del norte. Curchin lo justifica en las páginas iniciales, cuando confiesa su frustración «por la ausencia completa de fuentes literarias ibéricas, por la falta de datos epigráficos y porque los escritores romanos se concentraron en los temas militares» (pág. 19). La justificación es, sin duda, válida. («La escasez desesperante de documentos afecta a todo el conjunto de la historia antigua, pero dicha circunstancia se hace especialmente grave en el caso de España debido a su condición marginal dentro del mundo antiguo», se lamenta el profesor Gómez Espelosín en la presentación de La imagen de España en la antigüedad clásica, Gredos, 1995.) La solución a este problema la apuntará Curchin al final de su obra: «No comprenderemos el proceso de romanización hasta que o bien los clasicistas dominen la arqueología de la Edad del Hierro o los prehistoriadores dominen el mundo clásico» (pág. 249). En la segunda parte se detiene pormenorizadamente (más de 200 págs.) en los diferentes factores y aspectos de la romanización durante la época del Imperio: papel de la Administración y del ejército («la maquinaria de control»), alcance de la influencia romana en las relaciones sociales, en las vidas urbana y rural, en la producción y el intercambio comercial, en las creencias. Dedica mucha más atención a lo económico, social y cultural que a lo político y militar. Al revés que en la etapa anterior. La importancia de las «fuentes» también se invierte: primarán las de tipo epigráfico y las arqueológicas, sobre las de tipo literario. El autor lo ha explicado ya en el prefacio, al hablar de la «desesperante» tiranía de las fuentes. También aquí hay ausencias clamorosas: no incluye la romanización artística ni, sobre todo, la lingüística, tan trascendental para el conjunto de España y de los países «latinos». Al menos no lo incluye de un modo formal al pasar revista a la asimilación cultural. Aunque sí habla de ello en un estupendo capítulo final, dedicado a la «resistencia a la romanización», en que pasa revista a los episodios más sobresalientes de la resistencia armada, desde la época de la conquista hasta el final del Imperio, y a la resistencia cultural en sus diversos aspectos: social, religioso, artístico, lingüístico. Este capítulo final es sin duda el más original y sugestivo de la obra. Y es ahí donde habla de las limitaciones de la romanización, de las diferencias entre unas zonas y otras, e, incluso, del «fracaso» de la romanización en aspectos importantes: falta de cobertura total («dispersión»), de profundidad y de durabilidad en muchas regiones, con claras referencias a las del norte, centro y oeste, Cuestiones discutibles, sobre todo a medida que, en los últimos años avanzan las excavaciones en estas zonas, impulsadas, en parte, por la movilización general suscitada en las diversas comunidades autónomas para profundizar (nunca mejor dicho) en las «raíces», y hacerlas aflorar, como un patrimonio de identificación y diferenciación colectiva. La obra del profesor Blázquez es una recopilación de trabajos publicados en diferentes revistas y congresos nacionales y extranjeros. La mayoría datan de los últimos diez años. Estamos, pues, ante una obra radicalmente diferente de la anterior, en los diferentes aspectos antes apuntados. No estamos ante una obra de síntesis, destinada a «llevar a una audiencia más amplia los frutos más recientes de la investigación». Se trata más bien de una obra de consulta en que se reúnen, revisan y ponen al día esos trabajos, con la finalidad, sobre todo, de facilitar a colegas y alumnos el acceso a ellos, según declaración del autor en el prólogo del libro. En muchos de los trabajos aquí reunidos estamos ante informes de primera mano sobre esclarecedores hallazgos arqueológicos (la mina de La Loba, en Córdoba, las excavaciones españolas en el monte Testaccio en Roma, en relación con la producción y comercio del aceite), estudios más amplios («estado de la cuestión») sobre la romanización en diferentes regiones españolas (noroeste de la Península, las islas Canarias, la Bética a comienzos del Imperio) o sobre aspectos fundamentales de la economía y de la sociedad hispanorromana (explotación y administración de las minas, la discusión sobre latifundio o pequeña propiedad en el sur)... Todo este impresionante material, fruto de un trabajo de investigación realmente abrumador, al que ya nos tiene acostumbrados el doctor Blázquez («catedrático de Historia de España Antigua durante muchos años» es su modesta tarjeta de presentación), es agrupado de manera más o menos orgánica en un eje diacrónico: «España durante la República», «España durante el Imperio», «España durante el Bajo Imperio». Cada uno de los trabajos (26 en total) está repleto de datos que descienden hasta el más mínimo detalle, de citas, juicios y observaciones enriquecedoras, todo ello apuntalado por un aparato de notas y bibliográfico prácticamente exhaustivo; como no podía ser menos en este autor, sobre todo dado el destinatario fundamental de prácticamente todos ellos: la «academia» (nacional e internacional) de los arqueólogos y de los especialistas en historia de España antigua (los «clasicistas» de Curchin). Para «audiencias más amplias» tiene el enorme valor de ser una mina profunda de difícil acceso pero llena de tesoros, a veces desconocidos, de demostraciones que obligan a replantearse viejos clichés asentados en la historiografía. Es, pues, un estupendo complemento como libro de consulta para ahondar en aspectos que un manual como el de Curchin no puede, por su propia naturaleza, más que apuntar. La preferencia del doctor Blázquez por este método de recopilación de monografías, varias veces demostrada (véase su Urbanismo y sociedad en España o sus Aportaciones al estudio de la España romana en el Bajo Imperio, ambas en Istmo), frente a la redacción de la síntesis que todos desearíamos de él, queda expuesta con claridad meridiana en su introducción al capítulo sobre «La mina republicana de La Loba (Córdoba)»: «Nuestras síntesis sobre este largo y sangriento proceso de conquista romana de la Península han pecado, en muchas ocasiones, de ser demasiado sintéticas (sic), uniformes y partidistas... No se puede simplificar lo que es en sí complicado... El resultado, al fin, cuando leemos un manual, es de que todo parece estar escrito, de que todo tiene un sino» (pág. 29). Toda una declaración de principios, que habrá, cómo no, que respetar.

01/01/1998

 
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