ARTÍCULO

Memoria y anamnesis

Plaza y Janés, Barcelona, 432 págs.
Trad. de Eugenia Coicchini
 

Tal vez no sería mala idea que la escritora Amy Tan impartiese un curso intensivo de escritura a algún que otro novelista español autor de best-sellers o, mejor, autor de fast-sellers, término de la industria editorial americana que describe con más precisión esa mercancía estacional, destinada a venderse mucho en poco tiempo, para sepultarse en el olvido a continuación.

Si de virtudes debe hablarse, acaso La hija del curandero, la novela de Amy Tan, podría describirse diciendo que consiente varias formas de lectura. Una de estas formas consiste en un ejercicio de memoria sentimentalmente saturado: la novela narra la biografía de una mujer china, casi siempre a través del punto de vista de su única hija. Esta mujer china, LuLing Liu Young, nieta de un curandero de huesos, deja su país en medio de las trágicas circunstancias de la guerra civil, pierde a su primer marido, pierde a un segundo marido ya en los Estados Unidos, tiene que vivir en una sociedad, la americana, en la que prevalecen unos valores respecto de los cuales se siente ajena en buena medida, depende culturalmente de las supersticiones y tradiciones de una aldea china anterior a la revolución maoísta, sacrifica su vida para educar y proporcionar un futuro mejor que el suyo a su única hija, y, en fin, su vida emocional se alimenta de revelaciones sorprendentes acerca de su propia madre y de sus antepasados. En el declive de su edad, amenazada por la enfermedad de Alzheimer, esta mujer logra recordar el nombre de su familia, logra reconciliarse con su propio pasado, logra convertirse en un símbolo triunfante del esfuerzo y del tesón, y lega a su hija una historia personal en la que cada elemento autobiográfico encaja en una suerte de círculo que al cerrarse explica todo y de todo da razón. Lega también a su hija una historia personal que posee el valor de un ejemplo moral y que prefigura, en sus actitudes, la biografía de su propia hija. El relato, leído de esta forma, es la apoteosis triunfal de la emigrante que, venciendo todos los obstáculos, dejando atrás las penalidades, con el esfuerzo de su trabajo y de su carácter, logra el bienestar personal y la satisfacción de tener y educar una hija que es en sí misma otra forma de triunfo. Se trata, pues, de un camino de perfección, del siempre rentable melodrama tradicional, el que describe con maestría la gráfica ascendente de la pobreza a la riqueza, en el que se han actualizado las convenciones feministas y la corrección política del multiculturalismo.

Otra forma posible de lectura exige un vuelo imaginativo más ambicioso, pues solicita del lector que la interpretación tenga en cuenta lo aplicable al individuo y lo relativo a las sociedades y a los ciclos históricos más largos. Que la nieta del curandero, la mujer china cuya biografía constituye la urdimbre de esta obra, herede de éste un hueso adivinatorio, que el curandero mismo restaure la salud perdida de los clientes componiendo sus huesos, que los sabios chinos y occidentales descubrieran los huesos del hombre de Pekín –es decir, restos de formas de vida cuya fecha puede retrotraerse a un millón de años– junto a la aldea en la que nacieron los antepasados de la protagonista de la novela, que esta misma aldea se vaya deshaciendo por el avance de un barranco que va sepultando los huesos de los vecinos, todo esto, en fin, se teje sabiamente en la novela para conseguir la anamnesis de la protagonista, quien, lejos de ser víctima del mal de Alzheimer, logra por fin recordar el nombre de la familia de la que proviene. Semejante esfuerzo narrativo y simbólico va encaminado a restaurar una idea de lo permanente y lo discontinuo en lo que, a decir verdad, es un cambio individual y colectivo de proporciones difícilmente abarcables. El hueso adivinatorio –lo más sólido del cuerpo humano, pero, habitualmente, lo más incomprensible y lo menos informativo–, se transmuta en esa esencia de lo humano que sobrevive a los individuos, a los reinos, a las dinastías y a las culturas, y que, según una tradición china, sirve además para profetizar el destino. Ese hueso es la parte invariable de la naturaleza humana, presente ya hace un millón de años, actualizado, a su manera, en cada generación. El hueso adivinatorio está recubierto de ideogramas, uniendo así lo invariable y lo contingente del destino humano, uniendo pasado, presente y futuro.

La compleja cadena de símbolos que une al hombre de Pekín («no sólo hombre, también mujer», como recuerda con feminista insistencia LuLing Liu Young, la nieta del curandero) con el hombre chino de finales del siglo XX se entreteje además con una inteligente historia personal de mudez y silencios. La nieta del curandero, LuLing Liu Young, se expresa con dificultad en un inglés aprendido en la escuela de la misión a la que asistió en su infancia, y que apenas fue perfeccionado en su estancia en Hong Kong. A la madre de ésta, la hija del curandero, la dejan muda las brutales condiciones de su vida. Significativa y simbólicamente, la hija y nieta de las dos anteriores pierde la voz con fecha fija una vez por año: «Durante los últimos ocho años, cada 12 de agosto, Ruth Young perdía la voz». La anamnesis que propone la novela no es sólo un ejercicio de memoria, una investigación sobre orígenes y causas, sociales o personales; es también una delicada reflexión y profecía sobre los modos de hablar, sobre el valor de hacer hablar a lo más íntimo, lo más oculto y lo menos expresivo del ser humano: los huesos, que sólo son elocuentes para arqueólogos y médicos..., y novelistas. Es, asimismo, una reflexión que convierte a la lengua en el antídoto contra los males que provocan la mudez o el silencio de las mujeres, y en el medio de reconciliación de la siempre problemática relación entre madres e hijas. Ruth Young conserva la voz el 12 de agosto del año en que concluye la novela. La terapia analítica ha dado su fruto, se ha escrito la novela y el conocimiento ha derrotado supersticiones, incomprensiones e intereses mezquinos. La muy refinada sensiblería de la novela sabe salir triunfante y sin menoscabo de todos los retos a los que se enfrenta.

01/09/2002

 
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