ARTÍCULO

Una guía para entender la democracia

 

Dentro del vocabulario político actual, nada suscita tanto acuerdo y al mismo tiempo tanta polémica como lo que entendemos por democracia. Hay un consenso mayoritario para considerarla el único sistema político legítimo, la única forma de gobierno dotada de una legitimidad universal. El último cuarto de siglo ha sido escenario de lo que Huntington llama la terceraola de democratización, tras el ocaso de los regímenes autoritarios de Europa del Sur, el agotamiento de las dictaduras militares en América latina y el final del bloque soviético, que ha aumentado de forma notable el número de democracias en el mundo. Sin embargo, donde termina la validez del argumento aritmético comienza la polémica sobre la naturaleza de la democracia. Que haya más sistemas democráticos no implica que todos sean iguales. ¿Acaso son comparables, por ejemplo, las democracias francesa o británica con los regímenes surgidos en Europa central y oriental después de 1989? Como ha sostenido Alain Touraine, la euforia propiciada por la democratización de los sistemas de Europa del Este se debió más a la desaparición de los vestigios de un poder totalitario que a su equiparación con otras democracias europeas más sólidas. Por otra parte, la existencia de más democracias no debe hacernos olvidar los desafíos a los que ellas se enfrentan en el horizonte del fin de siglo. En el caso de las transiciones a la democracia surgidas tras el final de la Unión Soviética, la política está muy condicionada por el retorno a la economía de mercado y por los problemas derivados de los nacionalismos excluyentes, mientras que en las democracias occidentales, la política se ve condicionada por la economía, la globalización, las nuevas tecnologías y el multiculturalismo. En una palabra, la unanimidad sobre la legitimidad de la democracia como sistema político convive con la diversidad de enfoques sobre su significado ante los nuevos problemas que debe afrontar hoy.

Pensar sobre la democracia presenta ante todo una dificultad señalada hace ya algún tiempo por Robert A. Dahl: la democracia es tanto una idea como un conjunto de prácticas institucionales forjadas desde Grecia hasta el presente y en la que convergen diversas tradiciones del pensamiento político que en muchos casos son incongruentes entre sí y revelan un sinnúmero de problemas para los que no parece haber respuesta definitiva. Ser consciente de esta realidad que afecta a la misma naturaleza de la democracia no elude la labor de «repensar» sus problemas. Así, el último libro de Dahl sobre la democracia se subtitula «una guía para los ciudadanos». Aunque en un sentido diferente, La democracia en sus textos constituye una buena guía para entender la democracia. Planteado como «una recopilación unitaria y sistemática de los textos clave sobre la democracia de la tradición del pensamiento político» (pág. 9), constituye un manual universitario que hace inteligible tanto el devenir histórico del ideal democrático a través de los autores clásicos como el tratamiento de los principales enfoques y cuestiones de la teoría de la democracia contemporánea. La tarea no era simple, y no sólo por la selección de textos, sino también por la necesidad de respetar su orden temporal y a la vez situar a los autores dentro de una corriente de pensamiento y organizarlos por su tratamiento de problemas específicos. Los compiladores han encontrado una solución eficaz diferenciando entre textos clásicos, enfoques actuales y cuestiones fundamentales.

La historia de la idea democrática a través de los textos clásicos, tras una introducción destinada a ubicar al lector, se organiza en este libro sobre la base de los distintos discursos. Como señalan los compiladores, «existen algo así como paradigmas o discursos dentro de la teoría democrática que permiten diferenciar el complejo y plural conjunto de pronunciamientos teóricos sobre ella dentro de determinados "moldes" que "disciplinan", por así decir, sus significados conceptuales» (pág. 10). En consecuencia, el legado democrático desde Grecia hasta mediados del siglo XX aparece articulado en torno a cinco discursos: el de la democracia ateniense (Tucídides, Platón y Aristóteles); el discurso republicano (Maquiavelo, Harrington, Madison, Hamilton y Jay); el discurso liberal (Locke, Montesquieu, Constant, Tocqueville y Stuart Mill); el discurso de la democracia radical (Rousseau, Marat y Marx) y, finalmente, la crítica elitista a la democracia (Michels y Schumpeter). Los textos son presentados por Rafael del Águila, Ángel Rivero, Elena García Guitián, Fernando Vallespín y José Antonio de Gabriel. Quizá se puedan objetar ciertas diferencias de calidad en las introducciones, la discutible ubicación de alguno de los autores en cierto discurso o la dificultad de distinguir entre discursos afines, como el republicano y el liberal. Pero son críticas en tono menor que no empañan el resultado final: la comprensión de los clásicos.

Más riesgos y dificultades hay que asumir al seleccionar un conjunto de textos que reflejen el estado de la cuestión de la teoría de la democracia contemporánea. El panorama de las concepciones actuales de la democracia presenta unos contornos más difusos que los de la distinción entre teorías normativistas y empíricas. En este campo, los compiladores optan por los enfoques normativos, con la excepción de la aportación de Juan J. Linz. A continuación aparecen dos variantes del enfoque participativo-deliberativo a través de dos de sus más conocidos representantes: Jürgen Habermas (democracia deliberativa) y de Benjamin Barber (democracia fuerte). En ambos casos, se acentúa una concepción de la democracia como autogobierno que entronca con el pensamiento de la izquierda. Le siguen dos aportaciones de tendencia neoliberal, las de Giovanni Sartori (democracia y neoliberalismo) y James M. Buchanan (democracia y análisis económico) que nos introducen en los temas relativos al vínculo entre elección pública y democracia. Estos planteamientos, vinculados al pensamiento liberal, están próximos a una definición «mínima» e institucional de la democracia, frente a la definición más normativa y radical de Habermas y Barber. Por último, la contribución de Anne Philips sobre democracia y feminismo nos muestra cómo el debate va mucho más allá de la oposición entre tendencias participativo-deliberativas y tendencias neoliberales. Aunque la selección de los compiladores es acertada, quizá habría sido muy interesante encontrar alguna aportación de Norberto Bobbio, Anthony Downs, Arendt Lijphart o Alain Touraine, por mencionar algunos ejemplos representativos.

Como sucede con los enfoques, la parte relativa a las cuestiones fundamentales supone una labor difícil, dado lo heterogéneo de los debates contemporáneos sobre la democracia. En este caso no se pretende reflejar tanto el debate normativo sobre los principios y fundamentos de la democracia como los temas y problemas cardinales que afectan a nuestras democracias en la actualidad. Así se ordenan una serie de conceptos conexos: la cultura cívica (Gabriel A. Almond), la sociedad civil (Michael Walzer), el pluralismo (Robert A. Dahl), el multiculturalismo (Will Kymlicka), lo público y lo privado (Iris Marion Young), el neocorporativismo (Wolfgang Streeck y Philippe C. Schmitter) y el ámbito internacional (David Held y Giovanni Sartori). Entre estas contribuciones, todas de autores importantes, yo destacaría las de Kymlicka y Held, con sus conceptos de «ciudadanía multicultural» y «democracia cosmopolita». Probablemente se echa de menos algún texto sobre la relación entre la democracia y el capitalismo, uno de los dilemas fundamentales a los que se enfrentan las democracias del Este de Europa y que ha sido abordado por autores tan diferentes como Giovanni Sartori y Alain Touraine.

En conclusión, al final de las más de quinientas páginas de esta guía de buenas lecturas, el lector tiene la sensación de haber comprendido por qué la democracia es una idea y una forma de gobierno tan genial como problemática. Una tarea imprescindible porque, como bien afirmó Giovanni Sartori, «una democracia mal comprendida es una democracia mal dispuesta».

01/09/1999

 
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