ARTÍCULO

La escuela de Dachau

 

En 1988 Jean Clair comisarió una exposición de la obra sobre papel de Zoran Music. Tuvo lugar en el Centre Georges Pompidou y era la primera vez que se ocupaba ampliamente de estudiar a este autor. También se encargó de la muestra retrospectiva de Music que se presentó en la Villa Medici de Roma y en el Palazzo Reale de Milán en 1992. Y fue asimismo el comisario de la magna muestra que dedicó al artista de Gorizia en 1995 el Grand Palais de París. A esos trabajos se suman otros que convierten a Jean Clair en el principal ensayista sobre Zoran Music. Con todo, cuesta hablar de Jean Clair como especialista en la obra de este pintor. En los estudios que le ha consagrado es más difícil de encontrar el criterio literario del connaisseur que la escritura palpitante del afectado por una obra que le aprieta el corazón. Sus escritos articulan más bien un discurso crítico y de controvertidos fragores, más atento a dar pruebas de la sinrazón como circunstancia trágica de la cultura moderna que a sopesar analíticamente las pruebas de un conocimiento especializado.
Jean Clair, nacido con el nombre de Gérard Régnier en 1940, ha puesto su pseudónimo al servicio del noble género del ensayo que denominamos historia de la cultura. Ha escrito sobre Balthus, Marcel Duchamp, Martial Raysse y muchas manifestaciones del arte del siglo XX sobre cuya comprensión ha ejercido siempre el papel del polemista. Sea sobre el realismo, sea sobre el surrealismo, en el discurso de Jean Clair se formulan ante todo antítesis. Ahora se ha traducido al castellano, y muy bien, un libro que publicó sobre Zoran Music en 2001, La barbarie ordinaria. El relato que establece de su objeto de estudio no está exento, una vez más, de voluntad de disputa. En la misma colección se ha traducido también hace poco Lección de abismo. Nueve aproximaciones a Picasso, un libro de 2005 en el que el por entonces aún director del Museo Picasso de París ofrecía una sucesión polifocal de lecturas del pintor cuyo orden adquiere la forma de un torbellino. A su vez, el centro de ese huracán tiene forma de sexo de mujer. Ambos libros, uno al lado del otro, forman un contrapunto recíproco y entonan un canto al que es adepto el discurso de Jean Clair, el de la melancolía.
La publicación de La barbarie ordinaria en español ha coincidido además prácticamente con la celebración de una nueva retrospectiva titulada Zoran Music. De Dachau a Venecia, comisariada por el propio Jean Clair, que la Fundació Caixa Catalunya ha mostrado entre febrero y mayo de este año en Barcelona. Se produce así un cúmulo o un concierto de manifestaciones en torno a Music al que responder con receptividad, si bien desde hace bastantes años ha habido reiteradas ocasiones de conocer su obra en España. El artista, fallecido en 2005 a los noventa y siete años, tuvo ya en 1973 una exposición retrospectiva en el antiguo Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid.
Con todo, La barbarie ordinaria no se ocupa de la trayectoria del pintor, de los diferentes registros de este eterno expatriado cuyo horizonte artístico quedó fuera de las nomenclaturas que pueblan el mapa de las corrientes reconocidas de la segunda mitad del siglo xx. Antes bien, el subtítulo del libro, Music en Dachau, acota el tema de consideración; eso sí, no sin impedir que se extrapole a toda una obra que contrapone a una modernidad culpable. Music había vestido con la ropa a rayas de las víctimas del exterminio nazi. Tras ser detenido por la Gestapo en Venecia en 1944, lo deportaron al campo de internamiento de Dachau, ese topónimo de la crueldad situado en la Alta Baviera, que conocerá la liberación en abril de 1945, con Music como uno de los supervivientes. La realidad de Dachau da nombre en el libro a un episodio en el que a la fuerza se sitúa toda una vida. Nada más lejos del alma de Music que pensar en Dachau como un simple lugar de paso, nada más cerca que Dachau como tránsito inacabable de una pesadilla de la que pocos tuvieron la suerte de despertar. Jean Clair llama a ese mundo en términos artísticos «la escuela de Dachau»; y se centra en la naturaleza de los dibujos de cadáveres realizados por Music en 1945 en el campo de exterminio. Todos los demás regresos del artista en décadas posteriores a los motivos que Dachau le había mostrado son objeto de reflexión en la larga entrevista con el pintor que cierra el libro. El ensayo propiamente dicho, por el contrario, se detiene en Dachau como escuela de la honestidad del dibujo y va desgranando, como en un glosario, los agentes de los actos de la humillación representada y los valores del acto de una representación que restituye la humanidad a los muertos despojados de ella.
La capacidad de observación fisonómica de esos dibujos que hacen de los «catastros de cadáveres» su material, la economía de esos apuntes, su dignidad racional, su trazo compasivo, su verdad, se oponen a lo que Jean Clair llama «la tentación del angelismo en el arte contemporáneo, tal y como lo representa la abstracción, y que nunca es más que el reverso del diabolismo que ha marcado nuestro tiempo en las empresas más mortíferas» (p. 51). Music interviene sin fórmulas heroicas ni estridencias al retratar aquellos desnudos famélicos sin vida como interventor del desagravio y Jean Clair entiende que en ese acto está la verdadera conciencia del arte del dibujo, cuyo depositario es el compromiso con la mirada y no el superlativo de la forma. El ensayo La barbarie ordinaria analiza una obra y denuncia un siglo. Su autor pondera el valor de la mirada que no olvida lo real y se entrega a su verdad, bien es cierto que con una escritura que se escucha mucho a sí misma y que no oculta fines programáticos. Pero ese es un inconveniente menor en un libro espléndido en su densidad, en su inquietud y en su propio enojo. Las lecturas del arte moderno que nos ofrecen también otros ensayos de Jean Clair han ido estrechamente unidas a sus avisos acerca del agotamiento que la cultura ha sufrido y sufre en un proceso de exterminación de su sentido, al que, según advierte, están aliadas las políticas de la gestión cultural. Léase su libro Malaise dans les musées (Malestar en los museos), recientemente galardonado con el Premio del Libro Incorrecto. La barbarie ordinaria actúa a otra escala. Un puñado de dibujos de 1945 que harían llorar a un carnicero equino son motivo de interpretación en una sesión filosófica a la que acuden una y otra vez paráfrasis y reflexiones que sitúan en el presente el tema expuesto. El presente es extenuación de la cultura. Afirma al final del libro que el arte se ha convertido en un «ídolo pesado y grotesco», pero después de haber presentado los dibujos de Music como imágenes de la resistencia ante lo que declina.

01/10/2008

 
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