ARTÍCULO

La reconquista imposible

 

El presente libro se inserta dentro de un contexto muy determinado: el de la celebración de los bicentenarios de independencia en Latinoamérica, a cuya sombra están apareciendo numerosos estudios que buscan dar luz sobre el proceso que condujo a la emancipación de las colonias americanas con respecto a España. Entre las principales virtudes de este estudio merecen destacarse tres: en primer lugar, Malamud posee una mirada global del proceso de emancipación latinoamericano (no como un fenómeno exclusivamente americano sino atlántico, es decir, también español). En segundo lugar, se adentra en un terreno menos estudiado, el de las respuestas que dio España a la sublevación de sus colonias. Más en concreto, estudia una institución generalmente poco analizada: la Comisión de Reemplazos. Por último, el libro es mucho más que una descripción de la labor de esa Comisión, ya que se convierte en un breve análisis de lo que fue el proceso de emancipación de las colonias españolas en América.
El autor comienza el libro abordando el análisis del estado de la hacienda americana durante los años del conflicto, comparando los déficits que América acumuló en las primeras décadas del siglo XIX con los superávits de finales del siglo XVIII. La conclusión de Malamud es que España debió afrontar la tarea de la reconquista de América y la lucha contra la Francia napoleónica con sus propios recursos, dado el déficit constante de las cajas reales americanas. Como afirma el autor, «España quedó librada a su propia suerte».
En el segundo capítulo, Malamud analiza de entrada el estado de la cuestión de la independencia de América, tratando de deshacer algunos mitos y clichés: por ejemplo, la independencia no fue un enfrentamiento entre criollos y peninsulares, sino una guerra civil, pues hubo criollos y peninsulares en ambos bandos. Además, no se trató de una revolución económica y mucho menos social, y sí fue, sobre todo, una revolución política «basada en el nacimiento del ciudadano y la ciudadanía».
El pilar en que se asienta este capítulo es el estudio de los dos actores que más interesados estaban en la reconquista de América: los grandes comerciantes gaditanos y la Monarquía española. Los grandes comerciantes de Cádiz fueron el principal sostén de las treinta expediciones que se enviaron a América entre 1811 y 1819. Malamud demuestra que la reconquista no fue una empresa privada, como algunos historiadores han sostenido, aunque hay que reconocer que no se «puede desechar tajantemente el carácter privado de la empresa de la reconquista». Si la organización militar era patrimonio del Estado, el resto caía dentro de las competencias de la Comisión de Reemplazos, dominada por los grandes empresarios gaditanos. Como afirma el autor, al otorgar a la reconquista un carácter exclusivamente privado, «se ha confundido el desempeño de una actividad pública por parte de comerciantes privados […] con una empresa privada».
Malamud analiza por ello los intereses que movían a los grandes empresarios gaditanos a la hora de apoyar el esfuerzo para la reconquista, no sólo por el afán de recuperar los mercados perdidos, sino que las propias expediciones militares servían como escolta para los productos que exportaban los comerciantes. En la parte final de este capítulo, Malamud hace una dura crítica de la política española entre 1810 y 1826 con respecto a las sublevaciones americanas, una política caracterizada por la mano dura, la ausencia de diálogo y pragmatismo, independientemente de que los gobiernos fueran liberales (1810-1814 y 1820-1823) o absolutistas (1814-1820 y 1823-1826).
Los gobiernos españoles carecieron de ductilidad, así como de información buena y fiable, para encarar una sublevación simultánea y extendida por todo el continente americano y enmarcada dentro de un proceso global que afectaba a ambos lados del Atlántico (independencia americana y Guerra de la Independencia). La vía armada demostró ser una política «inútil» para alcanzar el objetivo final: acabar con las sublevaciones y el separatismo. Por último, Malamud analiza la génesis de la Comisión en 1811, su difícil inserción en el entramado administrativo, así como su esfuerzo recaudatorio y organizativo.
El tercer capítulo está dedicado al «desempeño» de la Comisión a lo largo de su existencia: sus competencias –cada vez mayores– y las enormes dificultades que afrontó por la carencia de recursos y por la corrupción. En este capítulo y en el cuarto se analiza la procedencia de sus ingresos: recaudación de impuestos y préstamos principalmente. El quinto capítulo se centra en la abortada Gran Expedición de 1820, que supuso el mayor esfuerzo económico para la Comisión y para la Monarquía de Fernando VII, buscando dar un golpe definitivo a la sublevación, pero que se encontró con innumerables dificultades que fueron retrasando su partida: escasez de caudales públicos, falta de recursos, etc.
A continuación se analiza brevemente el papel de la Comisión en América y, sobre todo, se responde a una de las preguntas medulares que se plantea el autor: ¿sobre quién recayó el esfuerzo económico de mantener la guerra en América? La respuesta es que los diferentes gobiernos peninsulares trataron de que fueran las propias colonias las que sostuvieran el esfuerzo bélico. Pero, dado el mal estado de las haciendas americanas, fue finalmente España la que asumió esa responsabilidad. El séptimo y último capítulo repasa, en fin, cuáles fueron las últimas acciones de la Comisión, su desaparición y las deudas que dejó y que no pudieron liquidarse hasta treinta años más tarde, en 1860.
El libro de Carlos Malamud se convierte, en definitiva, en un análisis de lo que fue el proceso de emancipación más allá de los tópicos habituales (criollos contra peninsulares). El autor recuerda que es imposible entender lo que ocurrió en América entre 1808 y 1824 sin tener en cuenta los sucesos peninsulares (desde la invasión napoleónica hasta la sublevación de Riego, pasando por la convocatoria a Cortes, la aprobación de la Constitución y el regreso de Fernando VII). Asimismo, analiza cómo las penurias de la hacienda española fueron, al fin y al cabo, una, si no la más importante, causa del fracaso de los intentos de reconquista (junto a la falta de habilidad política de los diferentes gobiernos españoles –liberales o absolutistas– a la hora de tratar con los insurrectos). Malamud muestra cuál era el panorama, desolador, de la economía española y americana, ya que «la convulsa situación política y económica existente tanto en la metrópoli como en las colonias atentaba permanentemente contra los intentos peninsulares de recuperar las colonias perdidas como consecuencia de los procesos emancipadores».
De ahí que el libro resulte ser también un resumen de «los apuros económicos» que tuvo no sólo la Comisión sino la propia Monarquía española a la hora de acabar con las sublevaciones americanas. Unos apuros que también tuvieron una vertiente social, ya que en la opinión pública española «el sentir de la población» se mantuvo ajeno al esfuerzo que el gobierno realizaba por mantener unido al Imperio: «la pérdida de las colonias no importaba», lo cual explica finalmente el resto de las causas de la derrota de España.

01/12/2008

 
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