ARTÍCULO

La desolación de la minucia

Planeta DeAgostini, Barcelona
380 págs. 30
 

Chris Ware es, de entre los autores norteamericanos de cómics que reciben el título de «independientes», por ajenos a la producción comercial de las grandes editoras, un caso aparte. Si la mayoría de los independientes se nutre más o menos directamente de la tradición contracultural del cómic underground, lo cual se suele traducir en dibujos en blanco y negro, de trazo suelto, sombreados a mano y cierta propensión al feísmo y la deformación humorística, Ware, por su parte, elabora un dibujo en color, refinado y minucioso que, pese a los varios estilos que despliega, deja siempre la impresión de una paciente y lujosa orfebrería, más propia del ilustrador publicitario o del portadista de revista con pretensiones que de un narrador en viñetas más o menos apresurado. Por sus dibujos, uno lo imagina, entre los parias editoriales, impecunes y desastrados que firman cómics de autor, como un dandi que cada día renueva la flor exquisita en el ojal de su americana.

Jimmy Corrigan. El chico más listodel mundo es la más extensa y ambiciosa de sus obras, la que le ha ganado fama y una selecta cuadrilla de secuaces, colegas que se esfuerzan por aplicar al arte de la historieta su lección de minuciosidad y cuidado exquisito del dibujo. Su sombra se percibe en las páginas de algunos de nuestros mejores autores jóvenes. También le ha ganado, dicho sea de paso, un número insólito de premios y reconocimientos propios del medio del cómic o incluso fuera de él, entre otros el American Book Award en 2000 (el año de su publicación original en forma de libro), el Alph-Art y el premio de la crítica en el Festival de Angoulême, el más importante de los europeos, en el año 2003. La presentación del dibujante al público español no podía elegir, en suma, mejor tarjeta de visita.

La obra tiene una extensión insólita en un cómic, casi cuatrocientas páginas, y un formato apaisado de lo más inusual. Éste, que parece pensado para contradecir los que tramitan los consabidos pasatiempos comerciales, deriva de su historia editorial y contribuye a su sentido.

Ware comenzó a publicar Jimmy Corrigan en un periódico de Chicago en 1993 y luego desplegó la historia durante siete años en sucesivas entregas de su revista Acme Novelty Library, a la que da formato y contenido distintos en cada salida. La articulación del relato en ese tamaño es, pues, una más de sus decisiones de autor, y expresa, lo mismo que la elección del estilo de dibujo, de las tipografías y de los contenidos de textos de acompañamiento y comentarios editoriales, su intención y su particular universo. Ware, fanático del detalle y de imaginación visual enciclopédica, juega sin restricción con las inmensas posibilidades que le ofrece la variadísima tradición de los productos impresos. Algunas de sus planchas adoptan el aspecto de páginas de periódico de hace un siglo; otras, de colecciones de estampas o cromos; otras, de construcciones recortables para niños; abundan, por supuesto, las que incluyen imágenes o textos modelados al estilo de los insertos publicitarios, y también las que juegan con daguerrotipos, diagramas y todo tipo de soluciones gráficas. La historia se asemeja, así, a una especie de catálogo de posibilidades de diseño gráfico, que recuerda no poco a las modernas revistas ilustradas de ese ámbito. Ware es además muy aficionado a insertar en sus cómics comentarios y textos editoriales de todo pelo, desde supuestas cartas de lectores o anuncios por palabras a explicaciones editoriales bufonescas. Las páginas de guarda de Jimmy Corrigan, por ejemplo, incluyen tests acerca de las habilidades y los procedimientos requeridos para leer una historieta e instrucciones para comprenderla íntegramente. Ni que decir tiene que dichos textos son humorísticos y, junto con el título, definen de entrada la actitud socarrona que preside el meticuloso trazado de la historia que abren. Ware, el autor más esmerado y perfeccionista del cómic actual, se toma a broma el discurso intelectual sobre el medio.

Sin embargo, la historia que despliega este cúmulo de parodias textuales y visuales tiene poco de graciosa. Jimmy Corrigan, pese al título que le endosa Ware en la obra, es el ejemplo perfecto del pobre hombre, inepto, atrincherado en sus rutinas de oficinista de segunda, incapaz de entablar una relación humana, desprovisto de afectos y siempre solo. La obra salta atrás y adelante en el tiempo y hace visibles sus fantasías y sus recuerdos de niñez, pero se detiene en la vida monótona y anodina de Jimmy adulto, un solterón que soporta las llamadas atosigantes de su madre y no conoce a su padre. Una parte significativa de la historia gira precisamente en torno a ese padre ausente, al que podrá conocer para encontrarse inmerso, también en este caso, en una relación caracterizada por la incomunicación, el abuso y la falta de respeto.

Una de las paradojas más notables del relato es que este elemento argumental procede de la propia experiencia del autor, según confiesa al cierre del volumen. También él fue un niño abandonado que conoció a su padre ya adulto. Cabe suponer que otros ingredientes de la historia tienen también ese mismo origen. Desde luego, pese a la deformación obligada por el tenor de la historia, el protagonista tiene rasgos similares a los que descubrimos en las pocas fotografías de Ware publicadas. Quizá el autobiografismo lo aproxima al resto de los independientes, pero el tratamiento que da a la historia lo cuestiona sistemáticamente y recuerda al lector que el artificio visual y la fantasía rigen su curso, en contra de la propensión generalizada de los cómics autobiográficos a construirse una verosimilitud a partir de dibujos descuidados, ironías y confidencias de antihéroe.

Jimmy Corrigan es un personaje tan patético en su nulidad que ésta resulta hasta desaforada. Su mundo se reduce a una mesa de trabajo y una casa solitaria. No tiene relaciones humanas. Ware dibuja su historia con fría premeditación, para subrayar la soledad y el aislamiento emocional del personaje. Por lo general, las personas con las que dialoga tienen el rostro semioculto o fuera de campo. Cuando no es así, como en el caso de su padre reencontrado, la cualidad de la relación es tan notoriamente degradante que no existe atisbo de comunicación entre los interlocutores. Ware da idéntico tratamiento visual a la vida real del personaje y a la imaginaria. Sus fantasías de poder y sus pesadillas de impotencia despliegan una agresividad reprimida junto al pavor a ser agredido (en relación con su padre, en particular). Este mundo interior es una prolongación de su vida exterior y agudiza la impresión desconsoladora que ésta produce. Por añadidura, el aislamiento y el fracaso de la relación humana es constante en las escenas de niñez y en las de madurez, y hasta en los episodios que protagonizan sus antepasados, un siglo atrás. La estirpe de Corrigan también está condenada a la soledad, como la de los Buendía.

Las líneas que encuadran las viñetas son inusualmente gruesas, como para subrayar su carácter cerrado.

Ware acumula viñetas minúsculas y repetitivas, que visualizan el estancamiento en soledad del personaje. También es recurso reiterado la escena muda y el cuadro de ambiente en que Jimmy Corrigan queda perdido en su pequeñez. Las figuras están dibujadas con trazo nítido y de grosor variable según el plano que ocupan, rasgo formal que, sumado a la minuciosa reproducción de las estructuras arquitectónicas, desplegadas con un detallismo geométrico distanciador, recuerda las planchas de Winsor McCay un siglo antes, en su deslumbrante Litte Nemo inSlumberland. Esa cuadrícula de imágenes perfectamente delineadas pero monótonas y de colores planos refuerza la impresión de que Jimmy Corrigan vive en la más absoluta desolación. Ware manipula los tiempos con la misma soltura que los planos de lo real y lo imaginario. Su relato está trenzado mediante juegos y paralelismos visuales, con un empleo sabio del motivo recurrente y del color que identifica y califica. Y su dibujo resulta a menudo tan fascinante como el relato a que contribuye. Jimmy Corrigan constituye una elaborada y magistral estampa del desamparo y el aislamiento de nuestra existencia moderna, una brillante metáfora de la trama de nuestras soledades. En sus últimas páginas, el protagonista conoce a Tammy, una nueva compañera de trabajo, cordial y dicharachera. Pero sus silencios fuerzan a suponer que tampoco Tammy podrá quebrar la muralla de su retraimiento.

01/11/2004

 
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