ARTÍCULO

La cortesía viene de Oriente

 

Volviendo sobre las viejas teorías que otorgaban a la lírica árabe la paternidad de la lírica provenzal, Galmés de Fuentes ha escrito un libro que se lee como una preciosa antología temática y que deja al lector con la sensación de que esas viejas teorías, urdidas por los arabistas de hace un siglo, no andaban alejadas de la verdad. Galmés había publicado recientemente un pormenorizado estudio sobre las jarchas mozárabes (Crítica, Barcelona, 1994), cuyas conclusiones apuntaban a la confirmación de que el código amoroso de las cancioncillas romances y el de la lírica árabe son completamente distintos. Dado que en las jarchas (y en las cantigas gallego-portuguesas, y en los villancicos, y en los refrains o estribillos franceses) subyace un ideario erótico completamente ajeno al que informa la poesía trovadoresca, y dado también que el amor cortés de la lírica árabe presenta unas profundas concomitancias con la courtoisie provenzal, habrá que desestimar la teoría según la cual la canción de los trovadores constituye un desarrollo de la lírica tradicional pretrovadoresca y postular de nuevo los orígenes árabes de la lírica provenzal.

El autor despliega en la primera parte de su libro las diferentes leyes que componen el código poético amoroso de la lírica cortés árabe, y luego, en la segunda, comprueba cómo, una por una, se reproducen ad litteram en el código poético amoroso de la lírica cortés provenzal. La superioridad de la amada, la obediencia que se le debe, el sufrimiento gozoso, el amor sin recompensa, el amor puro, el secreto del amor, el enamoramiento de oídas, el tema de la albada, la brisa portadora de nuevas, la evocación primaveral, la existencia de una caterva perturbadora de los amantes y los efectos del amor son motivos presentes en la lírica árabe que aparecen calcados en la lírica provenzal. Si a tan significativas semejanzas, probadas por los numerosísimos pasajes aducidos por Galmés, se añaden otros calcos semánticos del árabe –como joven (en su acepción moral, más cerca de la «generosidad» que de la pura «juventud») y midons («mi señor», así, en masculino, aplicado a la amada)–, algunos arabismos técnicos –como trobar o trobador, del árabe darb o drab, palabra que designa el tañido de los instrumentos musicales– y otros motivos de inequívoco origen árabe –como la jactancia, la senhal y el martirio de amor–, el resultado que arroja la argumentación galmesiana es de una extrema solidez. Una argumentación que, a la luz de la monumental obra de R. R. Bezzola (Les origines et la formation de la littérature courtoise en Occident, Champion, París, 1968), no excluye otras influencias en la génesis de la poesía trovadoresca, como la poesía clásica latina –Catulo, Tibulo, Ovidio–, la literatura latina medieval –eclesiástica y goliardesca– y el inevitable sustrato céltico.

Lo demás es poesía, una de las más altas de las letras universales. Siempre he defendido que, entre los siglos XII y XIII , la lengua provenzal toca el cielo de la perfección literaria, con gente como Guillermo de Aquitania, Bernart de Ventadorn, Bertran de Born o Arnaut Daniel al timón de la nave. Lo mismo que la lengua árabe con los maestros de la poesía árabe clásica. Tomemos uno de los motivos desarrollados por Galmés, el del amor puro o fin'amors, llamado udrí en el mundo árabe por haber sido practicado por la tribu preislámica de los Banu Udra, cuyo ideal erótico era, en palabras de Emilio García Gómez, «una mórbida perpetuación del deseo». Los ejemplos de amor udrí entre los poetas árabes incluyen estos versos anónimos, citados en su Libro del brocado por al-Wassa: «El amor es besarse, acariciarse, / o escribirse billetes con hechizos más poderosos / que los de los antiguos magos. / El amor es así: / si se consuma, se corrompe». O estos en los que Mutanabbi hace alarde de castidad: «¡De cuánta mujer bella, de dientes brillantes y labios de miel, / aparté mi boca, y tuvo que besarme en la frente! / ¡Cuántos cuellos de gacela, bellos como el tuyo, se alargaron hacia mí, / y yo no miraba siquiera si tenían collares o estaban desnudos!». Por su parte, la fin'amors de los poetas provenzales consiste en que la dama comparta lecho con su amado y permita que éste la abrace, bese y acaricie, pero sin consentirle que lleve a cabo el fait, o sea, que remate la faena. De estas y de otras «incorrecciones» sexuales por el estilo brotó la courtoisie provenzal y con ella la poesía más hermosa del Medievo europeo.

01/01/1997

 
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