ARTÍCULO

Javier Marías: uno y la literatura

Alfaguara, Madrid
472 págs. 3.100 ptas.
Alfaguara, Madrid, 2001
464 págs. 2.655 ptas.
 

Como no soy benetiano, nunca he podido disfrutar a fondo de las virtudes novelísticas de Javier Marías. Sin embargo, suscribo otras muchas de sus pasiones literarias, cuando llevan el nombre de James, Conrad, Stevenson, Nabokov, Dinesen, Bernhard o Faulkner. Cierto que esas pasiones son compartidas por la mayoría de autores serios de la segunda mitad del siglo XX , pero no todas dejaron un rastro fértil en la escritura del acólito ni han inspirado tampoco esas reflexiones escritas que los autores suelen, en privado, hacer de sus maestros. En el ámbito español, además, apenas hay novelistas que mediten cabalmente sobre el oficio. Por tanto, debemos recibir con placer la publicación de Literatura yfantasma, un libro que ya existía, pero que se reedita ahora sustancialmente ampliado hasta configurar un vasto territorio libresco en el que Marías se adentra como avezado explorador.

Literatura y fantasma cuenta con siete partes, dos de las cuales se me antojan personalizadas en exceso. Una es «El autor sobre sus escritos», formada por una docena de textos en los que Marías nos da noticia de la génesis de sus novelas, los motivos o imágenes motrices que las alumbraron, los métodos de trabajo, los peligros del narrar, etc. La literatura queda así como una larga búsqueda de la propia carne, y Marías brinda un testimonio inteligente de esa búsqueda cuyos resultados novelísticos, aunque no suelen conmoverme, gozan de amplio reconocimiento. Tampoco fui feliz con «Asuntos traslaticios», nueve escritos en los que Marías comenta in extenso distintos aspectos del arte de traducir. Pero ¿puede negarse la palabra a alguien que tradujo con tanto ingenio el TristramShandy de Sterne?

El Marías que prefiero es el Marías lector, admitiendo, claro, la falacia de que ese Marías pueda deslindarse del artista. Es el artífice de «Serie inglesa», una cala deliciosa en el mundo de los libreros, las casas de los escritores, la futilidad de la gloria y las sociedades inglesas. O el de «Maestros ya antiguos», donde se habla de Cervantes, Dickens, Joyce, Hammet, etc. Aunque el capítulo «Lolita recontada» no está a la altura del talento de quien lo firma, el conjunto es impecable y a menudo brillante. En el apartado «Otras vanidades», el autor recoge a su vez distintos artículos donde analiza algunas secuelas del quehacer literario: la perversión de los premios, la Feria del Libro, el Nobel, las razones para no escribir novelas o su incurable coleccionismo fetichista. Son estampas más autobiográficas, que descubren a un Marías mitómano, escéptico, lúcido y contradictorio. En este sentido, sorprende que alguien que abomina con tanta convicción de los premios literarios no tenga empacho en abrir el libro con una biografía suya en la que se exhibe con impúdica minuciosidad el listado de sus quince galardones, nacionales y extranjeros, así como el sustancioso volumen de sus ventas. Miserias de la naturaleza humana, supongo, de las que nadie está a salvo.

Este Marías, con todo, parece más próximo al autor de Vida delfantasma, otro volumen recopilatorio, a mi juicio superior al primero, que reúne los artículos menos «literarios», aparecidos durante los últimos veinte años. Corresponden al perfil de un hombre joven, izquierdista y republicano, un tipo sujeto a intensas filias y fobias, imbuido a veces de un afán justiciero excesivo, un ser de carne y hueso polemista y polémico que canta las verdades del barquero. Amparado en una máscara fantasmal, Marías circula por el libro para dejarnos verdaderas perlas como el texto dedicado a esa película tan maravillosa titulada El fantasma y la señora Muir. Curiosamente, el madrileño se nos antoja un escritor mucho más libre, ingenioso y brillante cuando piensa el cine que cuando opina de literatura. Se le ve menos solemne y envarado, más risueño. Esta impresión se extiende a otros temas de interés. No importa que Marías escriba sobre ciudades, películas, viajes, encuentros, amigos, actores, hábitos contemporáneos o asuntos de actualidad como la enseñanza, el deterioro del idioma, el terrorismo o la dictadura mediática. En todos deja su sello personal, su marca de observador apasionado que no puede cambiar el mundo pero se niega al silencio. La estructura del libro nos permite seguir la evolución de Marías a lo largo del tiempo, un devenir no tanto ideológico como estilístico. Su escritura se hace menos dispersa, más certera, lo que redunda en la contundencia de las tesis. Marías, además, incluye la sección «El fantasma recuerda», donde revive con mano maestra personajes y anécdotas de su infancia, así como episodios de la vida adulta. A ese Marías intachable uno le rogaría, humildemente, que empleara todos los esfuerzos de su próxima novela en escribir de una vez por todas el ciclo de sus memorias.

01/06/2001

 
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