ARTÍCULO

Horizontes de María Zambrano

 

Lejos ya de su consideración inicial como nota a pie de página del pensamiento orteguiano, la obra de María Zambrano (1904-1991) ocupa hoy un espacio propio en la historia cultural española del siglo XX. En buena medida, que haya podido ser ampliamente glosada y desglosada se debe a una circunstancia singular: su recepción ha sido igualmente fértil en públicos a menudo difíciles de conciliar, como el académico (congresos e investigaciones), el creativo (músicos, poetas y pintores) y el lector general (que llega a ella a través de la llamada «recuperación de la memoria histórica»). Esta vitalidad de la obra zambraniana se refleja además en numerosas publicaciones cada año. Existen ya, por ejemplo, dos revistas dedicadas a ella: Antígona (Fundación María Zambrano, en Vélez-Málaga) y Aurora (Seminario María Zambrano, en la Universidad de Barcelona). Al mismo tiempo, Las palabras del regreso (que recoge escritos compuestos tras el fin del exilio) ha sido reeditado recientemente en la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra por Mercedes Gómez Blesa, una gran conocedora de la obra zambraniana. La publicación en esta editorial supone un hito dentro de la perspectiva de los campos de producción cultural que en su día describiera Pierre Bourdieu, pues logra insertar a Zambrano en el canon de las lecturas fundamentales en español.
¿Cómo abordar y evaluar lecturas surgidas desde horizontes intelectuales tan diversos? En la introducción a Un compromiso apasionado, Ana Bundgård distingue dos modos de abordar la empresa crítica: «En contraposición al hermeneuta gadameriano que no aspira a la objetividad, sino que pone en juego su subjetividad, afirmando que la meta de la comprensión es la “fusión” del propio horizonte con el ajeno, Tugendhat propone hablar de razones al referirse a la “verdad” en el proceso de interpretación textual» (p. 14). Se trata de una distinción particularmente fértil para entender y evaluar con justicia crítica la diversidad de publicaciones recientes sobre Zambrano, a grandes rasgos bifurcadas en estas dos tendencias. La perspectiva de Ana Bundgård está expresada con nitidez: «Comprender en profundidad, aunque sin fusión entre mi horizonte y el de Zambrano, los textos seleccionados para análisis con el propósito de explicarme y explicarle al lector por qué razón el pensamiento político-social de María Zambrano tiene unas características determinadas en una coyuntura histórica dada y cambia en otra, y por qué Zambrano entendió la relación del intelectual con la política con una radicalidad sin parangón» (p. 13). Con igual nitidez expresa Jesús Moreno Sanz su perspectiva en la introducción a El logos oscuro, que se acerca más a los postulados de Gadamer: «Descifrar adecuadamente los peligros y aventuras que hace correr al pensamiento (y al vivir) esta inmersión de Zambrano [...] exige que, además de toda la potencia doxográfica que pueda poner en juego, sea mi propio pensamiento el que necesariamente se implique en esta pesquisa [...]. Que ella misma [mi investigación] ha tenido mucho de quête espiritual no menos que puramente intelectual» (p. 22). Cercanos al horizonte de fusión gadameriano están también María Zambrano: la dama peregrina, de Rogelio Blanco, María Zambrano. Desde la sombra llameante, de Clara Janés, y Esencia y hermosura, la antología de Zambrano que José Miguel Ullán preparó y enmarcó con «Relato prologal: Señales debidas».
Ana Bundgård es autora del fundamental Más allá de la filosofía. Sobre el pensamiento filosófico-místico de María Zambrano (2000), que considera «una unidad indivisible» (p. 16) con su reciente Un compromiso apasionado. El nuevo libro ofrece una precisa y ordenada panorámica de las circunstancias intelectuales y políticas que permiten contextualizar y apreciar la «radicalidad» (p. 13) y la «honestidad intelectual» (p. 278) de la obra zambraniana anterior al exilio. Con este fin, aproximadamente la mitad de las páginas disertan sobre la España de Primo de Rivera, la República y la Guerra Civil. Se trata, pues, de una documentada monografía que resulta útil para conocer no sólo el pensamiento de Zambrano, sino también (y a partes iguales) las vicisitudes de la historia cultural española anterior al conflicto bélico. La descripción de los ejes generales que sostienen y definen esta era tiene su contrapeso en el análisis textual detallado de escritos zambranianos como Nuevo liberalismo (Horizonte del liberalismo) y Los intelectuales en el drama de España, entre otros. De particular interés y acierto en esta reconstrucción casi arqueológica del pensamiento zambraniano son la recuperación y el análisis no sólo de obras mayores conocidas, sino también de escritos generalmente considerados menores, del tipo de cartas a Ortega o colaboraciones en revistas como Hora de España o El Mono Azul.
Además de la claridad que este equilibrado enfoque aporta al conocimiento de la obra zambraniana y su contexto, el libro de Ana Bundgård destaca por analizar en detalle «el drama vital de María Zambrano en la década de 1926-1936, en que vive escindida entre su tendencia al ensimismamiento para «saber mirar con toda el alma» y el compromiso político con «el río de la historia» derivado de su preocupación por el redescubrimiento de la identidad nacional» (p. 105). Se trata, de hecho, de una de las constantes en toda la trayectoria del pensamiento zambraniano: la tensión entre el discurso racional sociopolítico y el discurso espiritual (p. 127), entre lo político y lo religioso (p. 129), entre la justicia social y la verdad moral (p. 276). El libro señala que la razón poética será la solución zambraniana a esta escisión. En este sentido, más allá de los objetivos propuestos, la investigación de Ana Bundgård supone una original aportación al conocimiento de la génesis de la razón poética desde una ladera sociopolítica e intelectual.
A la razón poética se acercan también los cuatro tomos de El logos oscuro, de Jesús Moreno Sanz, uno de los más ávidos, activos y entregados estudiosos de Zambrano. Se trata de «una monografía, aunque no unilineal sino quizás un tanto caleidoscópica» (vol. I, p. 17) que, al igual que el pensamiento zambraniano, puede leerse como confluencia entre «mirada unitaria y propuesta de “circulación” de los saberes» (vol. I, p. 88). Desde esta perspectiva múltiple y multiforme, aunque el eje de las reflexiones es indudablemente la obra zambraniana, el libro en su conjunto debe leerse, en rigor, como la obra de un filósofo (Moreno Sanz) que desarrolla su pensamiento a partir de un peregrinaje espiritual por círculos superpuestos: del pensamiento zambraniano al pensamiento occidental moderno y desde ahí, pasando por Lezama Lima, al pensamiento oriental.
En esta erudición caleidoscópica, el libro va señalando numerosas compuertas que dan a espacios aún no suficientemente explorados en el pensamiento de Zambrano. Por ejemplo, enfatiza el magisterio del islamólogo Louis Massignon. Se trata de una apuesta de lectura novedosa, pues en la nómina de sus maestros normalmente se subrayan sólo figuras como Ortega o Unamuno. También, de entre otros ejemplos, resulta novedosa la sección dedicada a las correlaciones entre el pensamiento zambraniano y las teorías lingüísticas contemporáneas. En particular, las teorías sobre la afectividad y el carácter transformador del lenguaje contribuyen a iluminar el hasta ahora no estudiado «lenguaje interior» (vol. III, p. 346) del pensamiento zambraniano. Y debe mencionarse, también de entre otras posibilidades, la «teoría del rostro» (vol. II, p. 10) que el libro invoca para entender la «ética del pensamiento» (vol. II, p. 10) zambraniana. El logos oscuro constituye, por tanto, una propuesta de lecturas múltiples (y necesariamente abiertas) de la obra zambraniana.
La obra de Jesús Moreno Sanz se apoya en numerosos inéditos, al igual que lo hace Rogelio Blanco en María Zambrano: la dama peregrina. De hecho, el libro tiene un capítulo en el que se reproducen varios textos con «la frescura de lo inédito» (p. 20). Las reflexiones están presentadas en tres capítulos principales: razón vivida, razón pensada y razón contemplada. En sus consideraciones sobre la última, Rogelio Blanco propone uno de los aspectos más innovadores del libro: la existencia de una «razón pictórica» (p. 143) en la obra de Zambrano. Es una razón «de mediación» (p. 144) que está plasmada en las confluencias zambranianas con la pintura de Luis Fernández y con la del menos conocido Ángel Alonso. Avanzando por esta intuición, Rogelio Blanco propone además la figura del pintor-filósofo. El libro ofrece otros muchos aspectos con la frescura de lo no suficientemente estudiado aún, como menciones a la figura del extraterrestre en la obra zambraniana (p. 95), una larga y profunda digresión sobre la utopía que se desata a partir de la lectura de Zambrano por parte de Blanco (página 75 y otras), o puntualizaciones sobre el sentido de la democracia, que es interpretada como una exigencia de compromiso y recuperada para el mundo actual: «Y la historia ética se construye aceptando su permanente carácter “auroral”. Es en la hora de la aurora cuando todo nace, cuando todo es posible, cuando abunda la paleta policroma de posibilidades y aparece esa patria-mar. Y el régimen político que a ese modo mejor se adecua es, para Zambrano, la democracia. [...] Y Zambrano juzga duramente a los políticos que juegan con las esperanzas de los pueblos. Un pueblo sin esperanza deviene en masa, luego pierde la respetabilidad, la libertad: todo» (p. 119).
De otra fusión entre el horizonte del autor del libro y el de los textos de Zambrano (también con algunos inéditos, en este caso un epistolario con el pintor Juan Soriano) surge Esencia y hermosura. Antología, uno de los últimos proyectos intelectuales del fallecido José Miguel Ullán. El volumen incluye, además de una selección de textos zambranianos, el ya citado «Relato prologal: Señales debidas», que repasa las fases en la confluencia vital e intelectual de Ullán y Zambrano durante más de dos décadas. Como en una de las anécdotas narradas, la memoria entra entonces «en un pozo con fondo: el de revivir el pasado como si se tratara de un futuro inmediato» (p. 31). Se recorre así el último trecho de la vida de Zambrano y su confluencia también con Juan Soriano, centro del apéndice «María Zambrano en Polonia». Más allá incluso de los textos, el relato es una evocación de la figura de Zambrano y de su capacidad de irradiación, de «imantación» (p. 71) en los seres e incluso los espacios que la rodearon. Con tonalidades que transitan libremente, como la voz de la Zambrano retratada, entre «la compasión, el humor y el enigma» (p. 104), el relato «Señales debidas» ofrece además una visión privilegiada de la entereza intelectual de Ullán: «Tal vez trate esta crónica a toda prisa de algo que, situado durante tanto tiempo acullá, semiescondido, se disuelve en el mismo instante de contemplarlo. O de cómo lo sustituye un nuevo sentimiento de lejanías; removido por una voz que, a cada nueva visión, se remonta a lo entrevisto mucho antes, a lo ya perdido de vista. Y, aunque reconozco que algún lector sensato podrá tomarse esto como delirio personal y no del destino, creo que es ahí donde se entrelaza esta voz con la voz de María Zambrano» (p. 78).
De voces y horizontes entrelazados con Zambrano habla también María Zambrano. Desde la sombra llameante, de Clara Janés. Si bien la autora muestra aquí fundamentalmente su faceta de crítica y conferenciante, el libro ofrece también otro ejemplo de la vigencia de la obra zambraniana en la poesía española contemporánea. En efecto, al igual que el volumen compilado por Ullán, estas páginas nos brindan la oportunidad de conocer mejor el enigmático y complejo universo del pensamiento poético de Clara Janés. Aceptando el desafío extremo de «comunicar sin llegar a comprender» (p. 30) que en su día aceptara también Zambrano, la autora se adentra en infinitos que comparte con el pensamiento zambraniano, como las aguas, los ritmos y el tiempo, la aurora. De particular interés es el capítulo dedicado a los «números del alma» (p. 69), que vincula el pensamiento zambraniano con la música, la poesía y los elementos matemáticos. Las palabras de Clara Janés van desplegándose así en una continuidad sin fisuras con las citas de Zambrano, entregando al lector un resultado que, además de la fina exégesis de la obra zambraniana, es una lectura hermosa y poética que nos habla de dos horizontes cruzados: «La frase “la música sostiene sobre el abismo a la palabra”, que conocí primero, precisamente, como comentario añadido a la lectura de unos fragmentos de Claros del bosque, llevada a cabo por María y recogida en un casete, me había impulsado a mandarle mi libro Kampa, entonces inédito. Aquella primera conversación a solas, donde me habló del rumor del lucero y de la resurrección, acontecida más de un año después de mi envío, era su respuesta» (p. 127).

01/09/2010

 
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