ARTÍCULO

Hölderliniana

Sileno, nº 4, Madrid, mayo, 1998
85 págs.
 

En lo que a interpretación de Hölderlin se refiere, la «gran dificultad» fue señalada hace más de cuatro décadas –en 1955– por Paul de Man, en el marco de una operación de distanciamiento crítico respecto a las exégesis hölderlinianas de Heidegger. El poeta «presenta la gran dificultad», venía a decirse, «de ser sobre todo preciso». La crítica lleva ya un siglo –desde la edición de Von Hellingrath– midiéndose con esa, precisamente esa, «gran dificultad». El autor de Ser y tiempo sometió a sitio, desde mediados de los treinta, y Hölderlin mediante, a la esencia misma de la poesía: a la expresión de la parusía, presencia absoluta del Ser. La encuesta progresó luego al compás de la producción de traducciones, y de nuevas ediciones críticas, además de una arborescencia interpretativa que casi amenazó con sofocar a la criatura. Se produjo, con los setenta, un cierto remansamiento. Y el apunte demaniano, preciso como todo lo suyo, tiene ocasión, ahora, de ponerse a prueba, una vez más, con la última entrega de Sileno, monográfico número 4 dedicado a Hölderlin.

Una cierta sensación de vértigo acompaña esta comparecencia. Vértigo porque este número 4 de Sileno literalmente parece pisarle los talones a un número 3 –principios de marzo de este mismo año, 1998– que atiende monográficamente a ese documento de civilización y barbarie contemporáneas que es Nueva York: a contra-tiempo, así, de la semestralidad prevista por Sileno, se acaba por no saber bien quién flota en la estela de quién, si Nueva York en la de Hölderlin, o la viceversa –instantaneidad o contratiempo que quizás no hubiera disgustado al mismo Hölderlin–. Pero vértigo, sobre todo, por otro contexto cuyo espesor debe ser tenido en cuenta en este concreto aquí y ahora. Porque vértigo produce la contemplación de este Sileno cuarto en el horizonte de las casi mil páginas dedicadas a «La Era de la Crítica» por Félix Duque (Historia de la Filosofía Moderna. La Era de la Crítica, Madrid, Akal, 1998), uno de los promotores de todo Sileno y especialmente, se adivina, este Sileno. Se trata de una reconstrucción masiva de la filosofía del idealismo alemán, de Kant al último Schelling, que comparte horizonte –la misma línea de encuentro– con La estrella errante. Estudios sobre la Apoteosis romántica de la historia (Madrid, Akal, 1997) del mismo autor: ahora, en pliegue bien ajustado, interrogación fragmentaria acerca de la vigencia, histórica y europea del movimiento romántico, de Herder a Celan.

Sileno / 4: Hölderlin es el anillo que enlaza a ambos, sistema y fragmento, monolito y astillamiento. Y allí contribuye lo mejor de la investigación filosófica alemana, y lo mejor de la crítica italiana, francesa y española. De nuevo, el artículo de F. Duque, sobre Occidente como tiempo de penuria, sirve, parece, para el anillamiento del conjunto. La escrupulosidad filológica de las contribuciones germanas (Jamme y Frank, centrándose en los intercambios filosóficos de un primer momento, 1789-1795) tiene su contrapunto en la exposición ya rapsódica de la parte no germana del invento, perfectamente europeo en su planteamiento (Goldoni, Barrios, Courtine, revolviéndose en torno a los años de plenitud, 1800-1803). Hay una feliz articulación de todo ello, que si quizás se descompensa a favor de la filosofía, ofrece en cualquier caso asidero suficiente para la poesía. El texto de Goldoni, especialmente, pero también el de Barrios. Pero hay sobre todo en este Sileno una invitación múltiple a la lectura –incluso a la fragmentaria– que el lector puede tejer y destejer a partir de los islotes textuales, inteligentemente escogidos, que rodean al texto, antología con valor propio. Paul de Man enseñó a acceder a esta poética mediante una vía oblicua, siempre extra-vagante (Hölderlin desde Yeats, desde Rousseau, desde Wordsworth, desde Heidegger o desde Hamburger/Jaccottet, intérpretes por traductores). Y Sileno 4 viene a proponer más extra-vagancia, y precisión con ello, en todo esto.

Quizás una mirada hacia atrás no esté de más, tratándose de Hölderlin entre nosotros. Este Hölderlin comparece cuando se puede comprobar, disponiéndose precisamente ahora de las Obras Completas (Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 4 vols., 1998) de Luis Díez del Corral, que ya «El archipiélago» –traducción y estudio– estaba en el punto de mira, en fecha tan madrugadora como 1941, de quien, con precisión hölderliniana, identificó en El rapto de Europa (1954) una de las señas de identidad del «tiempo de indigencia»: del Occidente mismo, condición raptada. Ocasión oportuna, entonces, y ahora, para repensar «el sueño romántico de Europa» (F. Duque).

01/08/1998

 
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