ARTÍCULO

Historias originales

Linteo, Ourense
Trad. de María Tecla Portela Carreiro
282 pp. 15 €
 

João de Melo, escritor portugués no tan conocido en España (donde ejerce, en Madrid, de agregado cultural en la embajada de su país) como debiera, y ello a pesar de que su novela más característica, Gente feliz con lágrimas, go­za desde años años de buena traducción de Eduardo Naval a nuestro idioma (Alfaguara), acaba de ver editado en castellano un volumen con algunos de sus mejores cuentos. Se trata de Crónica del principio y del agua y otros relatos, una selección hecha por el propio autor de tres de cuatro de sus libros que contienen materia narrativa breve. La antología, tan discutible como cualquier otra, pero que viene a reafirmar la «poética» de este autor (quien señala en el breve prólogo de su autoría que todos los cuentos incluidos en el volumen tienen como característica unitaria «mi lenguaje, la creación de mi escritura») nacido en Azores en 1949 y proyectado al mundo literario a través de Lisboa, nos explica –en su variedad– cuánto de opulento y variopinto tiene el mundo de João de Melo, caracterizado en una primera lectura por la presencia de una vis cómica «rara», que a mí me recuerda a la de aquel criado gallego de La dama duende de Pedro Calderón de la Barca, del que se dice que tiene un humor extraño, y que podría emparentar a João de Melo con el Valle-Inclán más esperpéntico. Así el del relato «El vino», asunto tremendista devorado, sin embargo, en su desenlace por una «rara» ternura que se expande a modo de mancha de aceite sobre la sensibilidad lectora o, mucho más acusadamente, el que en «La esposa» analiza una vida de artista engullida por el síndrome de «mantis religiosa». Y, por cierto, que las cónyuges que se dejan ver en las historias melianas merecen consideración aparte. En este último relato, y también en «El solar de los mágicos», se nos muestra un João de Melo oportuno caricaturista, cuando no dueño de pluma muy sarcástica, para poner en solfa fantasmas y fantasmones de los mundillos artístico y literario. En otra órbita, bien diferente, se mueve el autor cuando aborda la temática lírica, con su aquel de realismo-fantástico, como sucede en el cuento que da título parcial al libro, donde De Melo vuelve a su universo azoreano para verter un suceso, más que un sucedido, de levitaciones y retorno a los orígenes con especias eróticas para un mejor condimento del plato, y donde aparece –de nuevo– una mujer peculiar, un punto devoradora aunque lo sea por causa buena. Pero donde el autor da, a mi entender, la mejor medida de sí mismo es en el espacio épico, que en este libro se define con gran brillantez en «Tríptico de los barcos», un espléndido relato que casi podría devenir en novela breve y en el que se nos narra, con ironía pero también altísimo calado lírico, la vuelta a la metrópoli de los combatientes en la guerra colonial. No estará de más recordar que el propio De Melo participó en la aventura-desventura bélica, finalizada el 25 de abril de 1974, en calidad de sanitario, lo que le permite brindarnos datos de primera mano: tremenda la escena en que van brotando los mutilados, lo que no es mala cosa en una estrategia rea­lista. Este relato, además, retrata tres generaciones de portugueses: la que colabora con la dictadura, la que se apunta –no sin oportunismos en algunos casos– a la Revolución de los Claveles y, finalmente, la de la perplejidad que sobrevino a tantos cambios. La traducción de Crónica del principio y del agua y otros relatos se debe a María Tecla Portela Carreiro, quien cumple con funcionalidad su cometido aunque se le escapen algunos «falsos amigos» como «tangerina» (en castellano, mandarina) o «fandango» (ordinario, cuando se refiere a tropa, como es el caso), o palabras vigentes en portugués pero en nuestro idioma arcaicas o muy locales como «frémito» (rugido) o «lasca» (tajada), o –incluso– el americanismo de «cachimbo» (en lugar de pipa). Aparte, la extraña construcción «y contrajimos para siempre la enfermedad de haber sido vivos».
Este libro de João de Melo, editado por tan pequeña como benemérita y combativa editora, debería acercarnos más –y mejor– su figura, de primera línea en las letras lusas, a la vez que servir de pretexto para difundir, de una vez por todas, su novelística entre nosotros. 

 

01/02/2007

 
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