ARTÍCULO

«Duelo al sol» en la filología goethiana:

Frankfurter Ausgabe. 40 tomos en 45 partes Deutscher Klassiker Verlag, Francfort
50.000 págs. aprox.
Karl Richter et al.(eds.) Münchner Ausgabe. 21 tomos en 33 partes Carl Hanser Verlag, Múnich
34.914 págs.
 

No lo sabe casi nadie, pero es la pura verdad: hay una variante de los famosos versos iniciales del Fausto que, por desgracia, no está incluida en ninguna de las ediciones de Goethe que aquí reseñamos: «Con ardiente afán, ¡ay! / estudié a fondo la Filosofía / la Jurisprudencia y la Medicina / y también, por desgracia, la Filología».

¿Que cómo lo sabe el reseñador? Bueno, también él ha estudiado Filología con algún afán, y ha dado con este hallazgo tras años de investigaciones en el legado de Goethe. Por el momento, se le dispensará de dar la referencia exacta. Se podrá leer en el tratado nº 1.001 de la Academia de Ciencias de N., en N. Baste con decir que, como su colega el fámulo Wagner, ha «buscado tesoros con mano ansiosa» en el suelo fértil de la filología goethiana y ha encontrado esta «lombriz de tierra».

En otras palabras: una cierta dosis de burla es propia de los filólogos goethianos. Ya el secretario de Goethe, Friedrich Wilhelm Riemer, la sintió ocasionalmente, aunque Goethe mismo se asomó repetidas veces a la Filología, y no sólo, como Fausto, en calidad de fracasado traductor.

Pero hay que ser filólogo, mucho más que mero lector, para salir lleno de entusiasmo al encuentro de las hazañas del año de Goethe. En algunos casos, el peso de los comentarios ha arrollado el de los textos. En la filología goethiana, esto parece más inevitable que de costumbre: las notas a pie de página alcanzan, contra lo que indica su nombre, hasta el borde superior de la página. Las ciencias humanas son ciencias de la nota a pie de página. «El filólogo entra / y os demuestra / que hubo de ser así».

En el año de Goethe se han concluido dos grandes proyectos: la Edición de Múnich de la editorial Carl Hanser y la Edición de Frankfurt de la «Deutschen Klassiker Verlag». «Ahí está, el pobre Thor / y es editado como un señor».

Ambas ediciones fueron comenzadas simultáneamente en 1985, y han sido concluidas en un tiempo ridículo para empresas de este tipo. La Alemania goethiana ha sido muy trabajadora. La campaña paralela no estuvo motivada, como en otros casos sabrosos, por una competencia entre las dos Alemanias, abstracción hecha de la competencia editorial y entre las metrópolis del libro. No: los alemanes, a los que recientemente se acusa de ser un ex pueblo de cultura rebarbarizado, que cierra sus institutos Goethe por todo el mundo, no han reparado en gastos en su Goethe, por lo menos en lo que a ambas editoriales respecta. En verdad, ha trabajado con ardor en torno al mayor de sus poetas, en realidad la mayor de sus figuras intelectuales. ¡Esto bastaría para dar merecida fama a las dos ediciones, dejando aparte todas las demás cuestiones! El espectáculo puede empezar: High Noon en la filología goethiana.

La diferencia más clara está en la disposición: la Edición de Múnich (EM) muestra a Goethe ordenado por épocas de su creación, tal como sólo habían hecho antes la edición no comentada de Propyläum y, en las ediciones parciales, las del joven Goethe. La Edición de Francfort (EF) se atiene a la habitual disposición de la obra por géneros.

Ambas cosas tienen sus ventajas, igual que, naturalmente, sus desventajas. La EM sigue, en la perspectiva histórico-evolutiva fundamental en Goethe, aquella «forma» que «se desarrolla viviendo». ¿Por qué Goethe, tras la fosilizada fachada que cultivó de oficio y por su papel público, está tan incomparablemente vivo, tan lleno de sorpresas? Porque jamás degeneró en eco de sí mismo. La palabra mágica es «metamorfosis».

Junto a ello, la EM subraya la convivencia de los géneros más variados. Literatura, Estética, Crítica, Ciencias Naturales, textos políticos, autobiográficos... todo está ahí al mismo tiempo. La versatilidad, la inaudita riqueza de Goethe, lo ilimitado de su actividad, se hace editorialmente patente. Goethe no es el nombre de un autor, sino el de un mundo.

Pero sólo tirando del hilo de la cronología no se puede hacer una edición completa de Goethe. Por eso, la EM ha tenido que hacer algunas reducciones inevitables de su principio. Dentro de los volúmenes correspondientes a cada época, cuya denominación y periodización no carece de cierta arbitrariedad, ha vuelto a agrupar los textos por géneros.

A su vez, en su gigantesco apartado final, la EF ha dispuesto cronológicamente cartas, diarios y conversaciones. En lo demás sigue el principio, no menos importante para Goethe, de la «forma acuñada» por el género, por el que él mismo se orientó en su última edición en vida.

La distinta disposición tiene consecuencias en cuanto a facilidad o dificultad para el usuario. Quien, por ejemplo, busque las distintas versiones del Fausto, tendrá que echar mano en la EM, con ayuda del índice, a un total de cuatro volúmenes distintos, mientras en la EF lo tendrá todo junto en la fulminante edición, excesivamente comentada, de Albrecht Schöne (¡825 páginas de texto, 1.130 páginas de comentarios!). En momentos así, al usuario a veces le parece como si la EM hubiera sacrificado la mejor utilidad a la tesis que la estructura. Pero también retendrá con cierta satisfacción que la polaridad, tan fundamental para Goethe, se ha tenido en cuenta en las dos ediciones a contrapelo de todo principio editorial.

Ambas ediciones prometen unas «Obras completas». Y uno asentirá impresionado al medir los metros cúbicos de biblioteca, que hacen saltar la báscula de la cocina: la EM alcanza un total de 34.914 páginas, de las que 14.022 son de comentarios, con 20 tomos subdivididos en 32 partes y un volumen de índices, en letra pequeña y mayor número de líneas. La EF espera en 40 volúmenes, subdivididos en 45 partes, con la bagatela de 50.000 páginas, de las que 15.000 son comentarios.

Pero todo esto no sirve de nada: «Obras completas» son obras completas. Y ninguna de las dos ediciones, ni en general ninguna edición de Goethe hasta la fecha, hace justicia a esa pretensión. La edición que, en cuanto a pura masa de texto, sigue siendo la más extensa es la edición de Sophie, de Weimar, reeditada para el año Goethe, con sus delicados 143 volúmenes, y sobre todo la gigantesca edición de las cartas, que ocupan ellas solas 50 tomos. Sigue manteniendo además la ventaja editorial de ser una edición histórico-crítica. Pero también ella presenta notables lagunas, no sólo porque desde que se publicó, entre 1887 y 1919, se han descubierto muchas cosas nuevas, sino porque además le falta un comentario.

Naturalmente, el valor de dejar lagunas abiertas es mayor en la EM. De la correspondencia sólo se ha recogido la mantenida con Schiller y Zelter, de las conversaciones sólo las tenidas con Eckermann, los diarios faltan por entero.

La EF ofrece claramente más Goethe, pero tampoco es en modo alguno completa en lo referente a las cartas, los diarios, las conversaciones, los escritos oficiales. En algunos casos, hay que seguir echando mano a otras ediciones:

– para los encuentros y conversaciones, a la edición de Ernst y Renate Grumach, que ahora ha llegado hasta 1808, además de a la edición de Biedermann felizmente reeditada en dtv, reelaborada por Wolfgang Herwig;
– para los diarios, a la edición de Weimar, y ahora a la edición integral histórico-crítica empezada en Metzler;
– para los textos de Ciencias Naturales, a la edición Leopoldina;
– para los escritos oficiales, a la edición de Willy Flach y Helma Dahl.

Realmente «Obras completas», todo Goethe, sigue sin haberlas... si es que llegará a haberlas algún día. A pesar de todos los esfuerzos, hasta la fecha todas las ediciones goethianas fracasan ante Goethe. Naturalmente, eso dice menos en contra de ellas que en favor de Goethe. Porque, volvámoslo a decir: Goethe no es el nombre de un autor, sino el de un mundo. El que no se pueda acabar con él lo engrandece...

En cuanto a la configuración del texto, en realidad el núcleo editorial, las diferencias son en su conjunto más bien despreciables. Ambas ediciones están filológicamente bien cuidadas. Ofrecen las variantes y versiones esenciales. La controversia, de tanta tradición en la filología goethiana, sobre las versiones de primera y segunda mano, pierde aspereza. La única lástima es que ambas ediciones modernicen la ortografía. Que lo hagan «cuidadosamente», como reza la promesa en tales casos, que quieran mantener la mutilación dentro de unos límites, no legitima la inculta intervención. Por lo demás, toda modernización huye demasiado pronto de su justa Némesis: ¿A qué modernización se ha hecho referencia, a la antigua o a la nueva, tras la reforma ortográfica? ¡Dejemos al menos al poeta escribir de manera tan anticuada y tan novedosa, tan bien y tan mal como le apetezca!

El comentario es la joya en ambas ediciones. Ambas han logrado reunir –con notables diferencias de nivel en cuestiones concretas– a magníficos equipos de expertos. Con ayuda de los comentarios, también el aficionado a Goethe deseoso de saber puede transformarse en especialista en Goethe sin tener que parecerse a su colega el fámulo Wagner. Los comentarios de la EF son en su conjunto –no siempre en el caso concreto– más amplios y más detallados que los de la EM. Una coordinación aún mejor habría podido evitar solapamientos y repeticiones. La edición crítica más utilizada hasta la fecha, y probablemente también en el futuro, la «edición de Hamburgo» a cargo de Erich Trunz, reeditada en el año de Goethe en una hermosa versión en tapa dura y otra de bolsillo –ambas a un precio sin igual–, se podrá seguir recomendando como edición de extensión media.

En su conjunto, las EM y EF ofrecen, con las salvedades apuntadas, más Goethe y sobre todo «más luz» sobre Goethe que hasta ahora. ¿Arrojan también alguna sombra? Tres botones de muestra.

El poeta del Fausto, el poeta de Margarita, ha vuelto a ser fuertemente puesto en cuestión por el rompedor de tabúes goethianos W. Daniel Wilson, ahora como una especie de asesino de infanticidas, que con su voto en el «consejo secreto» del 4 de noviembre de 1783 habría condenado a muerte a la Margarita de Weimar, (Joh)Anna Catharina Höhne. Ambas ediciones contienen las escuetas líneas de Goethe. La EM no entra en el caso en sus comentarios, la EF le dedica casi dos páginas. El hecho de que falte la referencia a la ejecución de hecho de la pena, es valorado por Wilson con excesiva mezquindad. Baste con decir que la edición del Fausto de Albrecht Schöne comenta el caso de manera cautelosa.

Ejemplo dos: la difícil filología del Diván de Oriente y Occidente. Ahora recibe nuevo impulso con la edición y comentario, por vez primera íntegros, de todos los documentos del legado a cargo de Anke Bosse: una tesis doctoral, que hace saltar por los aires toda idea media de obra lograda.

Desde la confesión tardía de Marianne von Willemer ante Hermann Grimm y su publicación en el Anuario de Prusia de 1869, se sabe que no sólo fue la musa amada de «Hatem» Goethe, sino también coautora del Libro de Suleika. Los poemas al viento del Este y al viento del Oeste se deben con seguridad a ella, y quizá «Colmado de tu amor...» y «Dime, ¿has compuesto tú muchos poemas?...» quizá también. Goethe incluyó esos poemas, con modificaciones más bien pequeñas y sin mencionar a su autora, en el Diván. Poemas de Goethe que

Sobre esta especie de soberana apropiación y expropiación, que puede atribuirse a la discreción de Goethe, pero también a su conocida negligencia en cuestiones de propiedad intelectual se da información precisa en ambas ediciones. Esto vale también para la edición facsímil del Diván, magníficamente comentada por Katharina Mommsen, que hace especialmente evidente el acto de la apropiación de puño y letra. Pero ninguna edición da el paso que habría que dar de una vez: reseñar directamente a Marianne von Willemer como coautora, identificar el Libro de Suleika como obra colectiva. Esto no es cháchara feminista de moda, sino cuestión de justicia. Las editoriales aún pueden hacer méritos con una reimpresión para bibliófilos.

Y aún se pierde otra oportunidad. El libro «Hafis», del Diván contiene dos poemas «Fetwa», una cuestión no carente de interés para los lectores que en algún momento de la última década hayan oído hablar de un escritor de Oriente y Occidente llamado Salman Rushdie y una «Fetwa» o «Fatwa» dictada contra él. Ambos comentarios vuelven a informar maravillosamente sobre el significado legal de una «Fetwa», y también sobre el trasfondo histórico de su escritura: Goethe echa mano a los dos dictámenes jurídicos que ha encontrado en casa del orientalista Joseph von Hammer-Purgstall y del abate italiano Giambattista Toderini.

Pero ambos comentarios renuncian a dar la información, que posiblemente sería útil aquí, de que la «Fetwa» en Goethe, igual que en la tradición islámica, no significa una «condena a muerte» o incluso una «llamada al asesinato», sino justamente un «dictamen jurídico» clerical. Se deja pasar la ocasión de aprovechar los poemas de Goethe, así como sus extensas manifestaciones en las «Notas y tratados para la mejor comprensión del Diván de Oriente y Occidente», para llegar a una mejor comprensión, antifundamentalista, de las difíciles relaciones entre Arte y Corán, Poesía y Religión. Esto, por otra parte, no significaría dar entrada a una actualidad de cortas miras en un comentario destinado al tercer milenio; sería demostrar cuán rico, cuán abierto es el mundo de Goethe también aquí, precisamente aquí, y qué confrontaciones es capaz de superar.

Pero a pesar de todas las –grandes– alabanzas y los –pequeños– reproches, aún no hemos tocado la mayor diferencia entre las dos ediciones. No nos referimos a la diferencia de precio, que a primera vista podría decidir sobre la compra si no hubiera que calcular la relación calidad-precio con números de páginas y de letras, y menos a que ambas ediciones se puedan adquirir salomónicamente, gracias a su inconfundible perfil.

Tampoco nos referimos a la manejabilidad y belleza tan queridas por Goethe. La EM se lleva el premio a la elegancia y la «noble simplicidad», mientras la edición de Klassiker, con sus volúmenes que asientan compactos en la mano, ha apostado más bien por la «silenciosa dignidad» de la representación.

No, nos referimos a una especial oferta que ambas editoriales hacen. No podría ser más distinta. Porque la EM ofrece los valiosos volúmenes, junto al entelado, también en «suave piel de oveja de la altiplanicie escocesa en color natural», mientras la escuela de Frankfurt, con un hálito de canto de sirena comercial, da su preferencia a las «pieles escogidas –probablemente por los responsables de la edición– de cabra Radja de la India oriental». Oveja o cabra, esta es la cuestión, aunque la piel promete en cualquier caso un Goethe cuya fecha de caducidad se adentra en el tercer milenio.

Traducción de Carlos Fortea

01/12/1999

 
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