ARTÍCULO

El arte, eclipsado por la vida

Cátedra, Madrid
280 pp. 18 €
 

En 1954 moría Frida Kahlo a la edad de cuarenta y siete años. Empezaba entonces uno de los mitos de la historia del arte contemporáneo y el más importante entre las mujeres artistas. Tanto es así, que puede decirse que la mexicana es, sin lugar a dudas, la pintora más conocida de toda la historia, pasada y presente. El interés que despierta la artista entre el público en general es extraordinario. Innumerables exposiciones y escritos, reproducciones, películas, fotografías, pósters, óperas, ballets, así como páginas de Internet, lo ponen de manifiesto, haciendo de ella un personaje de moda y un valor seguro de la industria cultural. La propia Kahlo contribuyó a la creación de su leyenda: vistió trajes de tehuana, habitó la Casa Azul de Coyoacán –donde nació y murió–, se casó con el gran muralista Diego Rivera, pintó numerosos autorretratos. Sin embargo, fue en los años setenta del siglo pasado, con la celebración de varias exposiciones retrospectivas y, sobre todo, a partir de la década de los noventa, a causa de la compra de los derechos de una película sobre su vida y de varios de sus cuadros por precios altísimos, cuando alcanzó mayor popularidad internacional.
En 2008 se publicó un nuevo libro sobre la pintora mexicana firmado por Patricia Mayayo, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, cuya principal línea de investigación es la historiografía del arte feminista. De ahí que haya abordado previamente la compleja relación entre la mujer y el arte, considerada tradicionalmente mero objeto y subordinada al varón, en la mayoría de sus escritos: Historias de mujeres, historias del arte –publicado en 2003 en la misma colección de Cátedra– y Louise Bourgeois, así como, entre otros, artículos y reseñas en las revistas Artecontexto y Exit Book. Conocedora de la abundantísima y muy variada bibliografía sobre la pintora, tanto especializada como divulgativa, Mayayo comienza su trabajo con la siguiente pregunta: «¿Por qué escribir otro libro sobre Frida Kahlo?» (p. 11). Ella misma responde que es precisamente dicha proliferación de textos la que la ha impulsado a escribir sobre la artista, para, a continuación, exponer la tesis principal: que la mitificación de su vida ha eclipsado el conocimiento de su producción y, con ello, su relevancia como artista. Es decir, que determinados episodios biográficos –los más truculentos: el accidente de autobús que sufrió en la juventud y sus terribles secuelas, las enfermedades y convalecencias, las relaciones amorosas y sexuales con destacadas figuras de la cultura, el arte y la política de su época (tanto hombres como mujeres), sus tormentosos matrimonios con el célebre pintor Diego Rivera y la maternidad frustrada– centran la mayoría de los estudios, en detrimento de su pintura. También llama la atención sobre el hecho de que la supuesta subjetividad de su obra no es una excepción en el caso de la mexicana sino que, muy al contrario, es extensible a todas las mujeres artistas. Aparte, Kahlo es el máximo ejemplo, el paradigma, del estereotipo de la artista por otras características que se atribuyen a su vida y a su obra: el desequilibrio emocional, la vulnerabilidad, la supeditación a un artista varón –su marido–, el estilo ingenuo o naïf y la falta de profesionalidad.
A lo largo de cuatro capítulos la autora cuestiona la leyenda que rodea la vida de la artista, basándose en algunas de las principales interpretaciones que se hacen de su obra. En particular, de aquella que ha tenido, y sigue teniendo en la actualidad, una mayor influencia no sólo entre el gran público, sino también entre los académicos: la psicobiográfica, representada fundamentalmente por el estudio de la norteamericana Hayden Herrera, Frida: una biografía de Frida Kahlo. Publicado en 1983 y reeditado en múltiples ocasiones, es considerado por el conjunto de la crítica el texto canónico sobre la artista por su profusa documentación y su gran rigor. Dicha perspectiva consiste en explicar los cuadros de la pintora exclusivamente como trasunto de sus experiencias vitales o documentos biográficos. Si bien Mayayo reconoce la naturaleza autobiográfica de su producción y algunos aspectos trágicos de su vida, rechaza que la pintura fuera para ella sólo un medio de expresión personal con una finalidad terapéutica: superar el sufrimiento físico y psíquico. Incluso señala que el hincapié que se hace en los episodios más desgraciados de su vida ha llevado a algunos estudiosos a escribir verdaderas hagiografías, convirtiendo a la mexicana en una especie de heroína o mártir.
Entre los libros publicados en España que han contribuido a esta visión de la artista sobresalen, aparte del de Herrera, la biografía novelada de Rauda Jamis –que ha alcanzado veinte ediciones desde que apareció por primera vez en 1988–, la monografía de Andrea Kettenmann en la popular editorial Taschen y el estudio sobre la pareja, Diego y Frida, de J. M. G. Le Clézio. En cambio, el ensayo de la mexicana Eli Bartra, Frida Kahlo: mujer, ideología y arte, publicado en 1987, apuntaba ya algunos de los temas abordados por Mayayo, como el hecho de que el carácter subjetivo o personal de la obra de la pintora suponga un desafío a la ideología dominante patriarcal.
De manera particular, la autora critica los siguientes aspectos relacionados con la artista. En primer lugar, su supuesta mexicanidad, su adhesión al nacionalismo que siguió a la revolución de 1910 en México y que suponía la recuperación de la cultura popular y el pasado precolombino, además de ensalzar la virilidad –la figura del héroe–, lo que comportaba la exclusión de las mujeres. A continuación, rechaza la obsesión de Frida por la imposible maternidad (tuvo varios abortos). Pese a que le provocó sentimientos de culpa y un intenso dolor, su correspondencia muestra una actitud ambigua, durante sus embarazos, ante la posibilidad de tener hijos. Por último, considera un ejercicio de experimentación artística, y no únicamente reflejo de sus estados de ánimo, la representación que hizo de sí misma a través de sus múltiples autorretratos. Para ello se basa en el análisis de textos sobre la pintora –la autora maneja una extensísima literatura artística– y de varios de sus cuadros, entre los que cabe destacar: Moisés, Henry Ford Hospital, Mi nacimiento, Mi nana y yo, Dos desnudos en el bosque, El abrazo de amor del Universo, la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl, además de algunos de sus más conocidos autorretratos.
No obstante, y en contra de la habitual simplificación que se hace de la relación de la vida y la obra de la artista, ella propone una aproximación compleja que ponga de relieve las ambigüedades, contradicciones y riqueza de su creación, sobre todo en lo que respecta a su iconografía. Una interpretación política, aunque con matices, ya que también rechaza las interpretaciones unilaterales feministas y poscolonialistas que se han hecho de su obra, sobre todo desde finales de los años sesenta del siglo pasado, por ofrecer una «imagen unificada y coherente de la artista» (p. 48). En lo que respecta al feminismo, corriente crítica a la que Mayayo se adhiere, recoge opiniones discordantes que defienden una revisión del personaje de Kahlo, que numerosas estudiosas y artistas han idolatrado como modelo de mujer que transgredió los principios de un mundo masculino o, por el contrario, como víctima del mismo. Además, defiende la necesidad de contextualizar su obra relacionándola con la tradición pictórica, el arte popular, el muralismo y las vanguardias –el surrealismo entre ellas– y con el trabajo de otras mujeres artistas –conocidas o no de la mexicana–, así como con los debates culturales, sociales y políticos del momento.
Para terminar, hay que hacer una objeción a este ensayo: que la perspectiva de la autora no queda clara a lo largo del texto, creando una cierta confusión que se hace más patente al final debido a la falta de unas conclusiones, una síntesis clara y precisa de sus ideas. También puede reprochársele que obvia toda la producción de historiadoras nacionales sobre el tema, convirtiéndose así en la única interlocutora española en el contexto internacional, lo cual es de lamentar. Ahora bien, este trabajo tiene aspectos positivos. Los más notables son que proporciona una visión mucho más amplia de lo habitual de la producción de Frida Kahlo y que aviva el debate sobre su leyenda, a la vez que da a conocer entre los lectores españoles una extensa bibliografía sobre la artista inédita en nuestro país. Así, pues, se trata no de un estudio más sobre la pintora mexicana, sino de uno de los más pertinentes que se han publicado en los últimos tiempos.

01/03/2010

 
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