ARTÍCULO

¿He salido bien?

Barcelona, Carroggio, 2000
229 págs. 11.700 ptas.
 

A petición de la Unión Matemática Internacional, la UNESCO declaró el año 2000 en que estamos Año Mundial de la Matemática, y de ahí han venido ceremonias y fastos culturales. En España hemos tenido un acto solemne en el Congreso de los Diputados, con poco eco en los media, cursos y congresos, muchas conferencias y algunas publicaciones.

La fórmula escogida para la edición de este libro creo que es un acierto: consiste en una serie de pequeños bloques o minicapítulos compuestos de: i) título y unas líneas de presentación; ii) foto grande en color; iii) otra (casi siempre la misma en blanco y negro) con dibujos, flechas, etc., añadidos; y iv) una página (alguna vez tres) de texto. La distribución no responde a la división académica convencional de la matemática; se ha preferido, con buen criterio, tratar cuestiones o problemas importantes, pero desde un punto de vista general. Hay artículos sobre matemática pura y aplicada, con una clara, pero medida y justificada, inclinación hacia la segunda. Y, con buen olfato, se ha llegado hasta dominios fronterizos como la proporción áurea en pintura, aspectos geométricos de la Alhambra o el tratamiento matemático de las consonancias y disonancias en música. La mayoría de los autores son españoles, pero hay también extranjeros, entre ellos varios latinoamericanos. Aquí pueden entretenerse los connaisseurs del mundillo matemático descubriendo qué autores, además de figurar, colocan a algún protegido, quienes se limitan a salir ellos y quienes (tal vez por haberse movido) no salen en la foto. Los títulos van desde lo acostumbrado (Ondas solitarias, Patrones evolutivos) a lo que lo es menos (El hojaldre caótico), hasta algunos tan simpáticos y ocurrentes como ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? o Caprichos (el sueño de una tarde de verano).

Las matemáticas están también presentes en la confección del libro, que tiene (se nos advierte) las proporciones del Partenón. Hay 50 minicapítulos firmados, precedidos de una presentación de Jorge Volpi –no hay como estar de moda– La música de las esferas, encabezada por una cita de Silvester (sic) y uno sin firma.

Se diría que entre tanto autor tiene que haber diferencias, pero de hecho –editing o armonía preestablecida– se ven pocas. Hay quien se pone poético, y le sale un ejercicio de redacción de colegio de frailes, pero los textos son, en general, excelentes: se ha procurado (y conseguido) huir de los tecnicismos y las fórmulas en favor de las ideas e ilustraciones de todo género. Hay, claro, limitaciones, y no es seguro que todos los lectores sigan bien la analogía entre la caída de una gata (¿corrección política?) y las teorías gauge (págs. 66-70). Pero es que el asunto es difícil, debido a que la exposición es estupenda. Hay pocas reiteraciones, y alguna –se habla del caos en al menos cinco sitios– viene muy a cuento. Muchos de los resultados o aspectos tratados son muy recientes; además, en un país como éste es un placer que alguno sea de autor hispano, como sucede con Carles Simó (pág. 167).

Como siempre en estos casos, puede discreparse alguna vez. Se dice (pág. 117) que en los Elementos de Euclides está el teorema de «que todo número entero puede obtenerse, de una única manera, como producto de números primos»; ahora bien, es sabido que aunque Euclides tenía aparentemente a mano todo lo necesario para demostrarlo, no lo hizo; es más, parece que hubo que esperar más de veinte siglos (hasta Gauss) para ello, y se ha discutido mucho (todavía hace unos días en un foro por e-mail para historiadores) sobre las posibles explicaciones. Y como uno es más amigo de la verdad que de Platón –bueno, de J. I. Díaz– se permite discrepar del amigo al diagnosticar la unicidad de la solución (en tres dimensiones) de las ecuaciones de Navier-Stokes como «el gran reto de esta época» (pág. 153) para coincidir con quien no lo es cuando prefiere la hipótesis de Riemann (pág. 113). Es una pena que no se haya aireado un libro excelente, S. Hildebrant y A. Tromba, Matemáticay formas óptimas (Barcelona, Prensa Científica, 1990).

El americano traducido –y, a veces, sin traducir– desplaza cada vez más al castellano como lengua usada por los matemáticos de este país. Afortunadamente, tal cosa se refleja poco en el libro, aunque se ha colado algún horror como «testeo» (pág. 21) u «orientacional» (pág. 117). En español no se dice «encriptar» sino «cifrar». Y uno no está seguro de si el «eventualmente» de la pág. 117 no traduce «eventually», porque entonces estaríamos ante un error tan garrafal como frecuente (en general, se traduce por «finalmente», «en último término», etc.). Hay alguna equivocación: Radon nació en Taschen (Bohemia) y por tanto no era austríaco, aunque sí súbdito del Emperador; razonando así, Bela Bartok sería un músico austríaco, y hasta ahí podíamos llegar. Hay pocas erratas, alguna divertida como «tomo» por «átomo» (pág. 173). Y se ha dejado en inglés el texto de una figura (pág. 159).

Una anécdota de matemáticos que viene a ser para éstos lo que la cita de «Caminante, no hay camino / se hace camino al andar» para los políticos y pedagogos: Hardy visita a Ramanujan en el hospital e inicia la conversación diciendo que el taxi que le ha traído tiene un número tonto, 1729. Ramanujan salta: «¡No, Hardy! ¡No, Hardy! Es un número muy interesante, es el primer número que puede escribirse de dos maneras distintas como suma de dos cubos». Aquí se traduce, en versión libre, por «De aburrido nada. 1729...». Todavía mejor, más de nuestros días, hubiera sido algo del género «Pero bueno, osea, Hardy, tío, tron, es que te c...». En esa línea hay que ahondar, hasta conseguir que algún colega –los hay que se troncha uno– salga haciendo gracietas por la tele. Qué diablos, para algo tiene que servir el Año Mundial.

Pero estos detalles secundarios no deben distraer de lo principal: éste es un libro excelente y muy bien editado –calidad de papel y reproducciones en color, tipografía, pocas erratas– que muestra con acierto y (casi siempre) buen gusto muchos de los aspectos más atractivos de una ciencia cuya fama de inaccesible no vamos a descubrir ahora. Con el único inconveniente, quizá inevitable, de un precio que puede alejar a muchos posibles lectores.

01/12/2000

 
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