ARTÍCULO

Lecturas sobre el islam

 

En sus Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos, Bernard de Fontenelle ilustraba a finales del siglo XVII la diferencia entre el nuevo espíritu científico y el tradicional mediante un diálogo imaginario en el curso del cual un abate explica a una marquesa dos interpretaciones de la fábula de Faetón representada en un teatro. Para la antigua, Faetón asciende porque subir es lo propio de este personaje, en tanto que la explicación moderna resulta mucho más simple: sube porque detrás de la escena hay un juego de pesas y poleas que provoca la ascensión.
Sin pretender en absoluto infravalorar las reflexiones de Celia Amorós sobre el islam, conviene tener en cuenta de antemano que el islam es un fenómeno histórico, con un fondo doctrinal que supone un elemento explicativo insoslayable, pero también con una serie de mutaciones a lo largo del tiempo, siempre dentro del rígido marco que supone el mensaje originario. Queremos decir con esto que en un tema central de su libro, el famoso velo islámico, la autora lo aborda desde el ángulo de la semiótica, analizando su operatividad como símbolo. Sus apreciaciones son lúcidas y de especial interés en el tratamiento de las dimensiones cultural y estética del uso del velo. Pero es que la explicación del tema en el islam no puede prescindir del dato esencial previo que representa la subordinación de la mujer en sus orígenes y el papel que en la misma desempeña el vestido, lo cual se proyecta, islamismo mediante, sobre su imposición en las sociedades contemporáneas. La comprensión de cuanto ocurre remite a la ocultación del cuerpo femenino codificada en los hadices y a su aplicación por medios coactivos en los distintos espacios islamistas, e incluso en países occidentales, tal y como expuso para Francia el Informe Stasi en 2004: las adolescentes son obligadas a llevar velo por la violencia en los barrios periféricos y la única seguridad de no ser agredida es llevar el velo. Poder masculino y religioso se unen para crear una estructura de dominación. Los símbolos específicos del velo vienen después.
Si nos atenemos a las páginas del libro de Amorós consagradas al islam, pues contiene asimismo otros ensayos, los mejores momentos corresponden a su reflexión sobre temas y obras del pensamiento musulmán contemporáneo. Aquí sí que la inserción en un marco teórico más amplio resulta esclarecedora, particularmente en el capítulo «Por una ilustración multicultural», donde Celia Amorós desarrolla una crítica de la tesis multiculturalista clásica, para la cual «todas las culturas son totalidades autorreferidas cuyos parámetros resultan inconmensurables», proponiendo frente a ella la posibilidad de «vetas de ilustración», que desde distintas culturas suscitasen procesos crítico-reflexivos «con virtualidades universalizadoras». El pensamiento crítico musulmán sería una de esas vetas y Celia Amorós se centra en este capítulo para su examen en el marroquí Mohammed al-Yabri, autor de una Crítica de la razón árabe, pero en otros momentos del libro son incluidas asimismo en esa actitud, en el ámbito del feminismo, la socióloga egipcia Lila Abu-Lughod, Fatima Mernissi y Fadela Amara, la autora de Ni putas, ni sumisas. La opción de Celia Amorós es nítida frente al fundamentalismo islamista y acierta al subrayar la coherencia de esos brotes de islam progresista.
No obstante, hubiera sido necesario también tomar nota de fallas observables en ese progresismo. El caso más claro es el de la galardonada Fatima Mernissi, cuyas afirmaciones más recientes sobre la mujer musulmana están envueltas en una idealización del islam y en una crítica tosca de las visiones occidentales. Tampoco al-Yabri está libre de contradicciones: su abierta opción por el racionalismo y la democracia, con Averroes al fondo, intenta apoyarse en el «patrimonio cultural araboislámico», hasta el punto de una idealización absoluta del período fundacional y de la personalidad del Profeta. La reflexión crítica propuesta por Amorós tropieza en ambos casos con importantes obstáculos, que hubieran merecido un tratamiento tan preciso como el que la autora ofrece de la dimensión feminista en la obra del egipcio Qasîm Amîn.
No es el libro de Celia Amorós el único en que un destacado intelectual español vuelca en estos últimos tiempos sus reflexiones sobre el islam. El sociólogo Carlos Moya acaba de publicar un nuevo libro, que en su bibliografía representa un cambio de rumbo, sobre Mahoma, el islam y Maimónides, vistos desde hoy e intentando aprovechar la clarividencia del mayor pensador musulmán de todos los tiempos, Ibn Jaldún, aun cuando curiosamente prescinda de sus apreciaciones sobre el mundo árabe preislámico que con tanta lucidez permiten entender la conjunción de depredación y religión sobre la que se apoya su vocación expansiva. Moya nos propone su interpretación del «monoteísmo semita», sin ocultar la ambición de su propósito ni lograr resolver el problema de lenguaje que le afecta desde sus ya lejanos trabajos de juventud. En otras palabras, Moya es un exégeta brillante, pero en sus exposiciones cree que lo enrevesado constituye signo innegable de capacidad analítica. «Desde nuestro secularizante fin de siglo y de milenio occidental –escribe, por ejemplo–, estremecido puntualmente de ráfagas de apocalipsis y mutas virtuales de reencantamiento, intentemos comprender la arcaizante y esplendorosa pluralidad de esos otros nosotros mismos que se dicen islam. Nada tan distorsionador como la reducción de su arabesco lenguaje a las retículas lógico-conceptuales de nuestra racionalidad occidental». Frente a este neogoytisolismo barroco, vuelve a ser de actualidad la distinción de Fontenelle.
El relato de Carlos Moya sobre la génesis del islam siguiendo la vida de Mahoma tiene demasiadas citas y, como contrapartida, se apoya en insuficientes lecturas. Está plagado, no obstante, de destellos brillantes, tales como el enlace entre la Anunciación y el anuncio por Gabriel a Mahoma de la palabra de Alá. Hay que leer el libro de Moya, muy superior a mi juicio en la segunda parte, sobre Maimónides (acompañado de Averroes) por lo que sugiere aquí y allá, aun cuando la interpretación de conjunto descanse sobre pilares frágiles. No bastan la inteligencia y la imaginación para abordar un tema como el islam; resulta imprescindible asumir la penosa tarea de revisar una multitud de textos originarios y de bibliografía especializada. A partir de ahí, la explicación resulta mucho más sencilla.

01/01/2010

 
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