ARTÍCULO

Impulsos adolescentes

Anagrama, Barcelona
248 pp. 17 €
 

Se podría decir que con la llegada de Fantasías animadas el lector de Berta Marsé sabe a qué atenerse. Tal como demostró en su primer libro, En jaque, los principales argumentos de su prosa se basan en el montaje de historias a partir de una trepidante y jocosa acumulación de malentendidos, apuntillados con la coloquialidad de diálogos muy bien hilados que suelen perfilar una comedia de enredos de aires almodovarianos. En otras palabras, la risa y el sarcasmo son la tónica dominante en el menú, a partir de situaciones que podrían ocurrirle a cualquiera aunque elevadas a un punto de nerviosismo tragicómico que puede alcanzar cuotas desquiciantes. Por lo general, las protagonistas suelen ser mujeres, de todas las edades y condiciones, que destilan su exasperación e impaciencia ante un mundo muchas veces dominado por el monótono perfume de la testosterona. Otras veces, sin embargo, son esas mismas ciudadanas las que se arañan entre sí, desde la más tierna edad, con saña y alevosía. Así, el breve relato que ocupa el centro del volumen titulado «Cocinitas» pone en juego la proverbial mala leche que se puede dar entre las habitantes de un mismo edificio, cuando Susi y Lorena, ambas de siete años, suben a jugar con los fabulosos juguetes que su repipi vecinita del piso de arriba acaba de recibir para Reyes. Deslumbradas ante lo que ellas no recibieron y nunca recibirán, dan rienda suelta a sus deseos frustrados. 
Tal vez, como una deformación profesional, Marsé abuse a ratos de esa atracción por el vértigo de una historia en la que todo parece pendiente del desenlace, como en un guión televisivo. Algo parecido al funcionamiento de la montaña rusa: subir y subir mientras se van tensando las cadenas, hasta llegar al punto de inflexión en el que la trama se lanza en brusca caída hacia el final. Si por lo general los cuentos de Marsé resisten el peso de su argumento, no siempre viene a ser lo más importante. Su interés gravita, más bien, en la notable capacidad de observación de la autora que le permite sacar a la luz una reveladora cantidad de detalles con los que compone una minuciosa radiografía de las pequeñas tragedias que forman parte de la vida contemporánea. En algunos casos se trata de situaciones absurdamente cómicas (la muerte por atropello del perro adorado que una amiga le ha confiado a otra durante un viaje provoca una catarata de estrategias descabelladas para encubrir la muerte del animal).  En otras, se trata de ponerle los pelos de punta al lector con la  recreación del ácido ambiente que fermenta cuando se sientan a comer en un restaurante «cinco mujeres que desde hace una década se reúnen de vez en cuando para hablar a borbotones de sus cosas, y sobre todo de las de otros»; la sangre corre, y si no llega al río es porque está el lavabo de por medio. Dejando atrás el primer cuento del nuevo volumen –una historia enrevesada en clave adolescente sobre la coincidencia entre la ficción televisiva y la realidad familiar del protagonista– se podría decir que Fantasías animadas es un libro que mejora según avanza la lectura. La mordacidad de los primeros relatos va dejando paso a una versión más apaciguada hacia las últimas páginas, hasta culminar en «Las prosperinas», una historia muy distinta al resto. En lugar del gag humorístico, este último cuento pone en juego una versión mucho menos cínica y anecdótica de la vida familiar. Por un momento, la escritora deja de lado el tono arrebatado y se atreve a explorar la nostalgia de una historia perdida en el tiempo que brota de forma inesperada a causa de un trastorno cerebral. Conmovedor y lleno de ternura, el último relato nos acerca tanto a la muerte como a la vida, al darle voz a Pina, una mujer de setenta y tantos años perteneciente a la generación de posguerra cuyos recuerdos y secretos se han ido disolviendo discretamente con la llegada de un mundo más democrático, rápido y aséptico. Sin embargo, su pequeña historia personal, rescatada en este caso por su compañera, logra iluminar y dar un vuelco a toda una vida dedicada a la economía reproductiva en un país conservador y oscurantista. Toda una reivindicación y, sobre todo, una humilde y refrescante lección de vida. En cualquier caso, la mejor confirmación de que el trabajo de Marsé, «cuentista extremeña nacida en Barcelona», es capaz de alcanzar alturas aún no previstas.

01/07/2010

 
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