ARTÍCULO

Experiencia intuitiva

Seix Barral, Barcelona
384 pp. 20
 

Cuenta José María Merino (1941) en Ficción continua, un conjunto de ensayos y reflexiones sobre el hecho de escribir y la aventura de leer, que empezó a escribir su primera novela para desembarazarse de un cuerpo extraño (un hombre que escribía una novela) que le había invadido de manera inesperada y subrepticia. La presencia de este cuerpo, muda y opaca pero insistente, acabó siendo tan desazonadora que al final se puso a escribir una novela sobre un hombre que escribía una novela. Desde entonces, concluye Merino, «escribo mis ficciones con la sospecha de que encierran un enigma que no estoy seguro de ser capaz de desvelar».

Esta experiencia le sirve al escritor para ilustrar el punto de partida de este conjunto de ensayos. Partiendo de esta premisa, en la primera parte de este volumen el autor presenta su particular visión de ciertos temas a través de textos que han acabado cristalizando en charlas o conferencias: la invención literaria, el delirio quijotesco, la palabra oral frente a la escrita, la aventura de leer, fantasía e imaginación literaria, veinte consideraciones a la hora de escribir narrativa, experiencia con los jóvenes de un instituto (interesantísimo este texto), etc.

Cuenta José María Merino que empezó escribiendo poesía y que en ella encontró su verdadero «taller literario». De ahí pasó a las narraciones, novelas y cuentos tan impregnados en su caso de elementos como tiempo, sueño y memoria, así como de ciertas invenciones de la imaginación como los temas del doble, el apócrifo, la metamorfosis y el gusto por lo inquietante, «eso que se agazapa al borde de lo real y que algunos integran en la panoplia fantástica».

En la segunda parte, escrita con un estilo preciso y hermoso, afable y cordial, el autor hace un amplio recorrido por el cuento español.También hace un análisis de clásicos rusos como Pushkin, Goncharov y Tolstói, y novelas como Al romper el alba, El corazón de las tinieblas, Siddharta, Mi idolatrado hijo Sisi o La Sagafuga de J. B. Para finalizar analiza otras cuatro novelas llevadas al cine. Podríamos decir que estamos ante un completísimo documento –me atrevería a decir casi «manual»– de crítica literaria, basado en la experiencia de Merino como lector, escritor y crítico (literario y de cine).

Especialmente atractivas son las reflexiones acerca del cuento como género. Según Merino, éste viene definido por el movimiento interior, la verosimilitud y la intensidad dramática («a un cuento le perjudica un solo párrafo de más»), elementos sin los cuales puede haber una ficción estimable, pero no un cuento. Además se queja el escritor de que al cuento se lo considere «un asunto menor, indigno de todo el respeto crítico», así como del poco interés que le presta la industrial editorial.Y para demostrar que es un género tan importante como cualquier otro, hace un completísimo análisis de los cuentos de Clarín, así como un recorrido por cuentos españoles desde la Edad Media al siglo XVII y de los situados en la frontera del siglo XXI . Deduce Merino de esta panorámica que el cuento estaría reservado para una minoría de lectores más avezados («el lector mayoritario exige textos bien explícitos, donde el asunto tenga un desarrollo prolijo»), ya que «conforme [el] gusto se hace más refinado, el lector va disfrutando de otro tipo de ficciones, e incluso llega al cuento y la poesía».

En lo que respecta al cuento, únicamente decir que el apoyo que hace del género, y su reiterado interés por ensalzarlo, resulta a veces un tanto forzado y sospechosamente benévolo. Porque no todos los cuentos de Clarín son tan magníficos como pretende exponer. Los hay magníficos, sí, pero también los hay aburridos y hasta mal construidos, y no se trata sólo de una cuestión de falta de verosimilitud, como dice Merino casi al final del capítulo, refiriéndose a «La mosca sabia». Difiero también con respecto al comentario expuesto en el apartado dedicado al cuento español en la frontera del siglo XXI , en el sentido de que los narradores aparecidos en la Antología Páginas amarillas (Madrid, Lengua de Trapo, 1997), escritores nacidos entre los años 1960 y 1971, «ofrecen, en general, notable solidez en el uso de sus recursos». En todo caso, esto es una opinión estrictamente personal.

Porque Ficción continua es, en conjunto, un interesantísimo libro, muy instructivo, bien escrito y certero, nada pretencioso, que además reúne la difícil cualidad de hacerse asequible a un abanico muy amplio de lectores que podría ir desde estudiosos del mundo de la literatura a escritores, cinéfilos, profesores y lectores cultos (y no tan cultos). Aunque esto, una vez más, no sea probablemente más que un logro basado en la intuición del escritor, en la «intuición continua».

 

01/06/2005

 
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