ARTÍCULO

El sueño más perdurable

Destino, Barcelona
192 pp. 15,90 €
 

La nostalgia, en literatura, se viste con los atuendos menos previsibles, y por cada paraíso perdido hay un tiempo recobrado. Maruja Torres ha escrito una novela nostálgica que, bajo la forma de una visión onírica, es una celebración del pasado y un homenaje a dos amigos y mentores muertos, los escritores Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán, aquí llamados Terenci y Manolo a secas. La narradora-protagonista es un avatar irónico y desenvuelto de la autora. Después de quedarse «frita en plena firma de [su] último libro», se reúne en el Más Allá con los legendarios barceloneses, que la reciben disfrazados y «reproduciendo una de las mejores escenas de Design for Living», de Ernst Lubitsch. Los «tres escritores del Barrio» (léase, el Raval de los sesenta) fueron muy cinéfilos en vida y ahora tienen toda la eternidad por delante para ver de nuevo y recrear las escenas de sus películas de cabecera. Pero no sólo eso los ocupa; el cielo es, al decir de Terenci y Manolo, «mejor que Hollywood en sus buenos tiempos» y hasta «superior a Google». Todo está al alcance de la mano y de la imaginación.
Pronto lo tres viajan astralmente por la Barcelona de su juventud, el Madrid donde Maruja Torres vivió en los años ochenta y noventa, y la ciudad más amada de Terenci Moix, Alejandría. En un paisaje que recuerda al cuento «El aleph», la narradora revive «todo. Simultáneamente», desde los primeros besos, pasando por el aprendizaje literario, hasta los días disipados, no sin provecho, en cafés. Tiempo y espacio se subvierten y los personajes cambian de forma y de tamaño, como en otro de los referentes del libro, Alicia en el país de las maravillas. Pero la realidad no deja de darle golpecitos en el hombro a la narradora. «¿Estoy muerta?» es la pregunta que abre la novela; y, sin revelar el final, cabe adelantar que la visión ultraterrena nos llega precisamente porque la respuesta será negativa. Hay que vivir para contarla. «Con las palabras no pronunciadas —dicen Terenci y Manolo—, con las palabras que tanto nos duelen, algunos somos capaces de construir nuestros sueños y, en el mejor de los casos, nuestra literatura, que es el sueño más perdurable.» A partir de la pérdida, Torres ha construido una novela ágil y dinámicamente conmovedora. Y, lo que es tanto o más importante, ha imaginado un género a la medida de sus amigos: la elegía alegre.

01/05/2009

 
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