ARTÍCULO

En las fuentes de Max Weber

Edición a cargo de Andrés Bilbao CIS. Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid
230 págs. 2.450 ptas.
 

La publicación de este libro simboliza un acto de amistad y de justicia académica. La temprana muerte de Roberto González León fue profundamente sentida por todos los que en algún momento de la vida compartimos con él los problemas de la docencia y la investigación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense. Las breves y sentidas palabras de Emilio Lamo de Espinosa escritas in memoriam de nuestro compañero trazan una semblanza personal del autor, al mismo tiempo que nos advierten de la pobre compensación que supone tener en nuestras manos la obra y no poder contar ya con la presencia de su autor. Y el esmerado trabajo de edición hecho por Andrés Bilbao representa que todavía hoy, en un mundo racionalizado y desencantado, aprisionado en ese destino férreo en el que los seres humanos dependemos de la lógica del sistema económico capitalista, quedan espacios libres para la amistad, el recuerdo y el esfuerzo solidario con el objetivo de sacar a luz pública los frutos del trabajo del amigo desaparecido.

Este libro supone muchos años de estudio y dedicación tranquila a la obra de Max Weber, en un trabajo paciente, de erudito que revisa constantemente los planteamientos y los detalles, que analiza sin prisas los textos del autor objeto de estudio, los contextos teóricos e históricos, así como la bibliografía secundaria, para ofrecer una interpretación personal y novedosa. Esto es una tarea muy difícil y prácticamente imposible, pues sólo la bibliografía secundaria sobre Max Weber y, en concreto, sobre la Ética protestante llena bibliotecas enteras. Y, sin embargo, siendo plenamente consciente de las dificultades, Roberto González León afronta el reto y sale airoso del intento. En el laberinto de textos weberianos, contextos históricos y teóricos, textos de bibliografía secundaria, etc., el autor ha sabido elegir un hilo de Ariadna que le conduce a una salida productiva. Este hilo conductor se basa en considerar como tema central de la obra de Max Weber la reflexión sobre el ascetismo a diferentes niveles: económico, filosófico, religioso y político. La teoría weberiana de la racionalización es reinterpretada desde un concepto de ascetismo que concentra todas las tensiones de la reflexión sobre el cambio desde el capitalismo liberal a la sociedad industrial de masas y de capitalismo organizado. Los procesos de racionalización económica con la aparición de la figura del empresario capitalista y del trabajador asalariado, la racionalización de las imágenes religiosas del mundo con la superación progresiva de la magia, el surgimiento del político profesional moderno en la lucha de los partidos por el poder, la aparición del funcionario especializado con sus características de dedicación exclusiva al servicio de la burocracia pública o privada, el desarrollo del trabajo vocacional y profesional al servicio de la ciencia, son procesos centrales de la modernidad y sin los que nuestra vida sería hoy impensable. Todos estos procesos incorporan, de una manera o de otra, una idea y una realidad de la vida ascética, una forma de acción específica junto con una forma de renuncia. Siguiendo un tema clásico de Goethe, Weber plantea el mutuo condicionamiento de acción y renuncia (Tat und Entsagung). A partir de sus orígenes en la magia, la ascesis siempre ha mostrado un doble aspecto: por un lado, el alejamiento o la renuncia al mundo (Weltabwendung) y, por otro, el dominio del mundo (Weltbeherrschung). Y esto ocurre en las tres fuentes del ascetismo weberiano señaladas por González León: la económica, la filosóficasociológica y la propia de la teología cristiana.

1. La primera fuente del interés de Max Weber por el ascetismo radica en la tradición de análisis de la teología cristiana que está en la base de la Ética protestante. Continuando críticamente los análisis de Troeltsch, la distinción entre ascética y mística, así como entre ascética del sentimiento y ascesis moral, vertebra gran parte de los análisis weberianos de sociología de la religión. Acertado me parece el planteamiento del autor en establecer la necesidad de interpretar los tres volúmenes de los Ensayos de Sociología de la Religión en conexión con toda la obra de Max Weber y, en especial, con su otro gran «programa de investigación» desarrollado durante largos años y que quedó inconcluso a su muerte: Economía y sociedad. El análisis de las relaciones entre ideas religiosas e intereses materiales conduce a dos perspectivas complementarias: por un lado, Max Weber analiza las raíces sociales de las creencias religiosas y, por otro, establece la relativa autonomía de los elementos doctrinales de carácter religioso que tienen sus propias leyes de evolución y de racionalización interna y que ejercen una amplia influencia sobre la conducta económica y la forma de dirigir la vida de amplias capas de la población. El carácter ascético del Beruf, del trabajo profesional llevado a cabo en la vocación a la que uno se siente llamado por la divinidad, es fruto del virtuosismo religioso de las sectas protestantes y ha determinado de manera muy activa el destino de la mentalidad necesaria para el desarrollo del capitalismo contemporáneo. Uno de los elementos constitutivos del capitalismo moderno (y en general, de la cultura moderna), a saber, la conducción metódica de la vida sobre la base de la idea de profesión, tuvo su origen en el ascetismo cristiano.

2. La tesis anterior se conecta en Weber con otra de las fuentes del ascetismo: la tradición del pensamiento económico y la discusión en el ámbito de la economía y sociología alemanas de principios de este siglo acerca de los orígenes del capitalismo racional moderno. En discusión con Werner Sombart y Lujo Brentano, establece Weber la especificidad del ethos profesional burgués, la dedicación constante del empresario burgués al afán de lucro «con conciencia de estar en plena gracia de Dios y de estar visiblemente bendecido por Él a condición de mantenerse dentro de los límites de la corrección formal, de terner una conducta ética intachable y de no hacer un uso indebido de sus riquezas. Además, el gran poder del ascetismo religioso ponía a su disposición trabajadores sobrios, honrados, de gran resistencia y lealtad para el trabajo, considerado por ellos como un fin de vida querido por Dios". Estas palabras de Weber resumen una parte de esta segunda tradición del pensamiento económico. Pero esta tradición quedaría incompleta sin la acertada investigación de González León, "la categoría de ascetismo nos da la clave filosófica de la teoría subjetiva del valor económico". En su análisis, los diversos significados que adquiere la categoría de ascetismo al hilo de la evolución del pensamiento económico marginalista hay que estudiarlos con el paisaje de fondo de otra evolución, ésta de carácter filosófico, en la transición de la filosofía voluntarista de Arthur Schopenhauer a Friedrich Nietzsche. Lo cual conduce al autor a plantear la confluencia de economía y filosofía en la problemática de la destrucción de un mundo objetivo y permanente de valores y la sustitución por la creación subjetiva de los valores, a partir del propio individuo.

3. La lógica interna de su discurso conduce al autor del análisis de las relaciones entre ascesis y acción social en Georg Simmel y Max Weber sobre el trasfondo de las obras filosóficas de Schopenhauer y Nietzsche. A mi juicio, este largo capítulo constituye la mejor exposición de conjunto hecha por un autor español acerca del complejo intercambio de ideas entre Simmel y Weber a comienzos de siglo, así como de las relaciones de los dos sociólogos con el significado del ascetismo en obras filosóficas de Schopenhauer y Nietzsche. Y de nuevo me paerce completamente acertada la posición del autor en el siempre espinoso tema de las herencias nietzxcheanas en la sociología weberiana. El politeísmo de los valores defendido por Weber hunde sus raíces en el diagnóstico nietzscheano de "la muerte de Dios", pero Max Weber, tanto en la sociología de la religión, como en la metodología científica o en su análisis del poder, siempre "matiza, discute y transforma las principales afirmaciones de Nietzche".

Además de estas tres fuentes de la reflexión weberiana sobre la ascesis, González León dedica el último capítulo de su libro a la dimensión política del ascetismo profesional, partiendo de la acertada idea de que Weber no culmina su sociología con una teoría del "empresario capitalista" sino con el replanteamiento de la posibilidad del liderazgo político en un Estado de masas burocratizado, en el que la dialéctica entre organización burocráica y dirección carismática de la política parece determinar el futuro.

De esta manera, los hilos plurales de las tradiciones de análisis económico, religioso, filosófico y político se entretejen enel estudio detallado del ascetismo profesional que determina nuestras vidas, inevitablemente modernas en la dedicacióncompulsiva al Beruf. Y sin embargo, hay otra tradición, la literaria, que el autor sólo deja señalada en la primera página del libro al comenzar citando aquellos "bellos párrafos finales de la Ética protestante", en los que Weber recordaba precisamente que la limitación al trabajo especializado con la renuncia consiguiente a la universalidad fáustica de lo humano es lo que también el viejo Goethe quiso enseñarnos desde la cumbre de su conocimiento de la vida. En los mismos años en que Roberto González León escribía este libro y partiendo del mismo texto que él señala, me ocupaba yo de esta última fuente del ascetismo weberiano en la herencia de Goethe. EN gran medida mi análisis se complementa con el suyo y sólo lamento que el ciego destino me haya impedido discutir y comentar con él nuestros tranajos. Sirvan estas líneas de cálido homenaje a su memoria. 

01/09/1999

 
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