ARTÍCULO

En busca de esperanza

Gredos, Madrid, 1997
290 págs.
 

El nuevo libro de Rafael Lapesa recoge una serie de artículos publicados en los últimos años que abordan autores, géneros y obras muy alejados en el tiempo. Sin embargo, estos estudios responden a un denominador común, mantenido por Lapesa a lo largo de toda su vida, que consiste en el acercamiento a la realidad humana por medio del análisis de los textos literarios. Cada uno de ellos es un mensaje en el que el hombre de ayer se hace presente entre los hombres de hoy. Lapesa no proscribe el análisis formal de la obra literaria; muy al contrario, se vale de él para penetrar en la profundidad del sentido de la obra. Ocurre, sin embargo que para Lapesa el análisis formal –estilístico, métrico, estructural– no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para ahondar en la raíz humana de la creación artística. Por eso reivindica la relación entre texto artístico y experiencia humana. A esta concepción del arte responden todos los estudios incluidos en este volumen. A ello se debe su profunda unidad interna, superadora de las diferencias que determinan la variedad de autores y de obras estudiadas.

El asunto medieval de «El duelo de la Virgen» le permite comparar la visión de Berceo con la de Joan Roiç de Corella. En el primero, se imbrican con sorprendente contraste lo sobrenatural y la manifestación de la realidad cotidiana, mientras que la Oración del segundo anticipa la plenitud del arte renacentista.

El estudio sobre las serranillas del marqués de Santillana constituye un magistral análisis filológico que, partiendo de la canción de serrana como género poético emparentado con las pastorelas provenzales, le lleva a fijar el texto crítico y la ordenación cronológica de estas composiciones de Santillana, para terminar con un análisis estilístico que le permite establecer la relación con las antiguas cánticas de serrana, ennoblecida con las exigencias del gusto señorial gracias a un proceso de rigurosa depuración poética. Estudios recientes, realizados desde el lado de las composiciones musicales con que se cantaban las «serranas», han puesto de manifiesto asimismo la relación interna entre las cánticas de serrana, las pastorelas de origen provenzal y las «serranillas» de Santillana.

La rigurosa meticulosidad de Lapesa en el manejo de datos y fechas se hace patente en sus «Apostillas a la Comedieta de Ponza», y no por mera curiosidad erudita, sino por la importancia que los datos adquieren para interpretar históricamente la ficción poética. Esto le permite suponer las causas del retraso en dar a conocer la Comedieta, que atribuye a la variable conducta política del marqués, de la que da exacta noticia.

El interés de Lapesa por la poesía lírica de la última Edad Media y del Renacimiento viene de antiguo. Su Obrapoética del marqués de Santillana es un libro clásico de la crítica literaria medieval. En el libro que comentamos nos ofrece varios artículos en los que aborda distintos aspectos de la poesía cancioneril. En el primero de ellos, «Cartas» y «dezires» o «lamentaciones de amor», estudia el reajuste de géneros amatorios que tuvo lugar en el segundo tercio del siglo XV y la aparición del «dezir» lírico destinado a la lectura o a la recitación. Muestra sin lugar a dudas que, sin las cartas y lamentaciones octosilábicas de don Diego Hurtado de Mendoza, no habrían surgido probablemente las de Fernando de Herrera y que, sin las endechas del primero, no habrían surgido las de Francisco de la Torre. La filiación poética del género queda así establecida desde Santillana hasta el segundo Renacimiento. Éste tiene continuación en su estudio sobre «Los géneros líricos del Renacimiento: la herencia cancioneresca», en el que describe el modo con el que los poetas del siglo XVI enriquecieron la poesía de los cancioneros cuatrocentistas, ennobleciéndola con nuevos valores. La documentación estudiada por Lapesa muestra el proceso que llevó a esta depuración de elementos poéticos, sin que por ello se perdiera el tono tradicional característico de la poesía de cancionero. Al mismo propósito responde su artículo «Los poemas de Herrera en metros castellanos», en el que Lapesa acierta a trazar el camino seguido por la poesía herreriana. Los historiadores de la literatura, con significativas excepciones, han minusvalorado la poesía tradicional del poeta sevillano; Lapesa muestra su vinculación con la poesía cancioneril del siglo XV y, especialmente, con la lírica amatoria de Juan de Mena. Por otro lado, la obra en metros castellanos de Herrera manifiesta ciertos aspectos biográficos referentes a su fallida experiencia amorosa con la condesa de Gelves, convertida en poesía ascética del amor cortés.

Sendos artículos sobre la Celestina y el Quijote cierran el capítulo de asuntos dedicados a la literatura del Siglo de Oro. En el primero, Lapesa estudia con agudeza los monólogos de Sempronio (acto I), Celestina (acto IV), Melibea (acto X), Calisto (acto XIII), respectivamente, así como el parlamento de Pleberio tras la muerte de Melibea, en los que se condensa una concepción de la vida basada en la radical soledad del hombre. Un comentario al capítulo V de la segunda parte del Quijote es motivo de análisis de uno de los mejores ejemplos de la jugosa lengua coloquial del español del Siglo de Oro.

El comentario de la Elegía a las Musas, de Leandro Fernández de Moratín, enlaza los estudios sobre la literatura de la época áurea con la de nuestro siglo. Para Lapesa, esa elegía constituye el modelo más representativo del neoclasicismo español. El fino análisis estilístico pone de manifiesto la simetría de su parte poética y el ponderado uso de recursos expresivos conforme al canon neoclásico.

Los estudios relativos al siglo XX se abren con un capítulo dedicado a Juan Ramón Jiménez. Con su conocida modestia, Lapesa excusa su atrevimiento, disculpándolo por su admiración de lector del poeta de Moguer. Desde esta perspectiva, hace una revisión panorámica de la inmensa obra juanramoniana hasta alcanzar una interpretación profunda no ya de lector sensible, sino de profundo conocedor de la poesía contemporánea. Idéntica sensibilidad y finura de análisis muestra Lapesa en su estudio sobre Jorge Guillén, con el que le unió una profunda amistad. La descripción de la sólida estructura interna que rige la poesía guilleniana se pone de manifiesto en el análisis del poema «Lugar de Lázaro» con que comienza Quevan a dar a la mar. Advierte, además, que este poema ocupa un lugar inicial que cierra, con encubierta intención organizadora, el poema «Huerto de Melibea». Ejemplo, todo ello, de la cuidadosa ideación poética de Jorge Guillén.

Lapesa rinde homenaje en este libro a dos grandes maestros del humanismo español: Américo Castro y Gregorio Marañón. El primero fue uno de sus dos maestros directos (el otro fue Menéndez Pidal). La admiración, el cariño, la devoción de Lapesa por Castro quedan patentes en el denso recorrido que hace de su obra. Mezclando recuerdos personales con una descripción del generoso interés intelectual de Américo Castro por el sentido de la historia española, queda configurada una semblanza ejemplar. Con igual admiración, aunque desde otra perspectiva no tan intensamente emotiva, Lapesa describe la aportación de Marañón a la cultura española, tomándolo como ejemplo del científico que, trascendiendo su saber específico, consiguió penetrar, como pocos, en la vida humana.

Diversos son, pues, los asuntos tratados por el autor en este libro. Se trata, sin embargo, de una obra dotada de una profunda unidad: la que le proporciona el saber lingüístico, la finura estilística, la admiración por la belleza y la búsqueda del humano sentir, que han constituido rasgos esenciales de la personalidad de Rafael Lapesa, quien trasciende su profunda formación filológica para buscar el sentido de la experiencia humana en el proceso de la creación literaria. No son frecuentes los ejemplos en los que el crítico consigue identificarse con la obra de otros autores para entenderlos mejor. En este libro, Lapesa se muestra maestro como siempre, pero también, como algunos de los autores y de los personajes que estudia, hombre en busca de esperanza. Como corresponde a un verdadero humanista de nuestro tiempo.

01/04/1998

 
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