ARTÍCULO

Un viaje hacia el límite

 

El XVI Premio Andalucía de Novela se decantó por un autor, Juan Antonio Bueno Álvarez (Barcelona, 1961), que viene pidiendo paso en la narrativa española con ademán decidido y convencimiento en sus posibilidades. Y no de otra manera cabría entender el gesto de escribir, con la que está cayendo ahí afuera, una novela realista pura y dura, a la vieja usanza, como es El último viaje de Eliseo Guzmán. Anteriormente Bueno Álvarez había publicado La verdadinútil (1999), novela bienhumorada con ribetes de realismo-mágico, y Las estrategias del bachiller (2001), narración iniciática para y de adolescentes, profesores y bedeles, en fin, otra cosa bien ajena a cuanto produce la llamada literatura juvenil. Eliseo Guzmán, el protagonista de la última novela de Bueno Álvarez, dilapidador de una fortuna en Madrid y huido de su tierra andaluza por causas, sin duda, truculentas, decide reemprender un viaje al punto de partida, ahora que se halla inválido y, por lo tanto, en manos de sus dos hijos: el bueno, progresista y romántico y obviamente loser, y el malo, rijoso y acomodaticio, y de alguna manera acomodado, es decir de buen pasar pero sin excesivas euforias. Así las cosas, el punto de arranque tiene mucho de angustia y claustrofobia, también de espacio cerrado dentro de la cerrazón ambiental. En torno a este trío, desplazado hacia un lugar sin nombre pero en el que no es difícil reconocer la silueta y el corazón de cualquier pueblo de la Andalucía interior, saltan las diferentes voces (los tres tipos citados, la esposa de Eliseo entre las nieblas de la enajenación, la hija cuyo embarazo fue la causa de que la familia abandonase el lugar de origen, la mujer humillada y ofendida por Eliseo Guzmán antes de poner en marcha su inmersión en el infierno familiar, etc.) perfectamente diferenciadas, casi siempre salmodiantes y en todo caso dueñas de un sentido del monólogo muy oportuno. Y es que El último viaje de Eliseo Guzmán es una tragedia coral en la que lo único que falta es precisamente un coro, al modo del que emplea Belén Gopegui en Lo real, para subrayar tanta desgracia, tanta incontinencia moral y afectiva. Y esta apelación recurrente a la variedad es lo que salva, en parte, a una novela lastrada por sus excesos argumentales y su continua invocación al embrollo y a la truculencia. Porque Eliseo Guzmán, quien no vuelve al pueblo a ajustar cuentas, como querría el tópico, con su pasado, sino simplemente a ver y oír (lo que no consigue, mucho menos tocar precisamente por su absoluta invalidez), es una auténtica mala persona que destruye cuanto está a su alcance, compendio de una clase social, la del señorito, en decadencia, y en él no parece que Bueno Álvarez haya sido mentiroso a la hora del retrato cuando éste adopta matices sociológicos. En lo humano, sin embargo, Bueno Álvarez probablemente haya incurrido en maniqueísmos muy en plan socialrealismo de los años sesenta. Lo que convierte su novela en un curioso ejemplo de revival de modos y maneras ya superados, bien que Bueno Álvarez, quien posee indudable talento para la narrativa, resuelva el obstáculo entrecruzando voces y actitudes en un mínimo lapso temporal; el de la visita de fin de semana al pueblo y, en paralelo, con lo acontecido a los parientes, bien conflictivos y aun conflictados que permanecen en Madrid. Y aún quedaría como ilustrativo telón de fondo la saga de los Guzmán, con protagonismo de aquellos que alzaron el patrimonio que Eliseo terminará liquidando con excepción de la casa natal hacia la que se dirige la esperpéntica expedición, observada con ojo inmisericorde por víctimas o simplemente curiosos. Elúltimo viaje de Eliseo Guzmán es novela fluida, bien intencionada, que nos retrotrae a ciertas técnicas del primer Juan Goytisolo, por ejemplo, y a la denuncia del Delibes de Los santos inocentes, pero a la que le falta catarsis, auténtica purificación trágica de tanto embrollo familiar, al cabo moderadamente cruento. Socialmente, Bueno Álvarez trabaja bien los dos planos inscritos en su novela, pero a veces se desliza por pendientes de buenos y malos que le hacen perder credibilidad. El último viaje de Eliseo Guzmán es un paso más de Bueno Álvarez en su camino, perseverante y digno, pero deberá forzar la marcha para alcanzar mayores objetivos.

01/08/2002

 
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