ARTÍCULO

O Estado federal o autodeterminación

La Esfera de los Libros, Madrid
308 pp. 23 €
 

El llamado problema catalán pervive. Cosa lógica si tenemos en cuenta que el nacionalismo catalán se obstina en sostener que España es una nación fallida. Para el nacionalismo catalán, en efecto, España –el Estado español, como dicen– habría impuesto su nación a un territorio y gente que participarían de otra idea-nación distinta: la de Cataluña. ¿Cuál es hoy la situación? ¿Qué futuro? En España desde una esquina, Juan José López Burniol, después de constatar la debilidad histórica de un Estado escasamente jacobino –incapaz de conseguir la unidad de caja, de uniformar el derecho civil, de reunificar las diversas áreas económicas: todo ello explica mucho de lo que ocurre–, analiza el presente de la cuestión catalana y propone una alternativa para superar el forcejeo permanente entre la Generalitat de Cataluña y el nacionalismo catalán, por un lado, y el Estado, por otro.
Más allá de cuestiones politológicas e históricas, el autor –conviene decir que Juan José López Burniol, notario de profesión, no es un nacionalista, sino un catalanista que se siente español y está interesado en la integración de los ciudadanos en la sociedad y cultura catalanas y españolas– levanta acta de la crispación que hoy se constata cuando se habla de la relación entre Cataluña y España. Una crispación y forcejeo que pueden poner en peligro la convivencia y que –según el autor– dan lugar a un distanciamiento sentimental creciente entre españoles y catalanes. Concretando: se cuestionaría el sentimiento de pertenencia a España de muchos catalanes y se percibiría Cataluña como un ente ajeno por parte de muchos españoles. ¿Cómo superar una cuestión –una irritación– que se acentúa con el nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, que quiere «proceder a una redistribución del poder político» que sea «congruente con la naturaleza plurinacional del Estado español»? López Burniol plantea el problema. Si tenemos en cuenta que, según afirma el autor, España ha perdido en Cataluña –como en Galicia, País Vasco y Navarra– la batalla de la educación y la propaganda, si tenemos en cuenta que el sentimiento de pertenencia a España se encuentra bajo mínimos en Cataluña, si tenemos en cuenta que España está a punto de perder la batalla política por culpa de la reforma estatutaria y las previsibles concesiones a los territorios en forma de relación bilateral con el Estado, si tenemos en cuenta todo eso, el Estado no podrá evitar que, antes o después, Cataluña –como otras comunidades– se marche, si lo desea, con la consiguiente desestructuración del Estado y la inevitable cantonalización de España. ¿Qué hacer? Para López Burniol, la alternativa es una reforma constitucional que instaure un Estado federal simétrico por lo que se refiere a la relación con el Estado, y asimétrico por lo que hace a las competencias de las comunidades. O eso, o la autodeterminación –el autor sostiene que Cataluña tiene ese derecho–, que puede conducir a la desestructuración y cantonalización citadas. El detalle: Juan José López Burniol, que quiere «convertir España en una casa común grata y acogedora en la que todos, también los catalanes, se pudieran sentir cómodos», afirma que «mi vinculación sentimental con la idea tradicional de España es plena, pero, precisamente por esto y dejándome de metafísicas, quiero salvar lo que sea posible de ella, y, a tal fin, hay que mirar la realidad y asumirla como es».
Resulta altamente discutible que, contrariamente a lo que afirma el autor, España sea una realidad plurinacional (¿puede existir una nación de naciones?), que Cataluña sea una nación (¿en función de qué criterios?), que la autodeterminación sea aplicable a Cataluña (¿quizá las resoluciones de las Naciones Unidas de 1966 y 1970, la Declaración de Relaciones Amistosas de 1970, o la Declaración de Barcelona de 1995, no reservan la autodeterminación para situaciones de colonización?), que el distanciamiento sentimental entre españoles y catalanes sea profundo e irreversible. Todo eso resulta, insistimos, altamente discutible. Pero, lo interesante de España desde una esquina no está ahí. Lo que confiere valor al libro es que López Burniol ha captado la gravedad de una situación que podría conducir a la desaparición de España tal y como la entendemos hoy. «Tanto España como Cataluña han emprendido un camino que no lleva a buen puerto», advierte el autor. Cosa que plantea dos cuestiones. Primera: ¿por qué en España ha ocurrido lo que ha ocurrido y hemos llegado a donde hemos llegado? Segunda: ¿qué hacer ahora cuando estamos donde estamos? López Burniol, más allá de la redistribución de poder en la España supuestamente plurinacional, no se detiene en la primera cuestión. No detalla el papel desempeñado por José Luis Rodríguez Zapatero, o por el socialismo catalán, o por un Partido Popular que ha impulsado la reforma de ciertos estatutos. Pero sí se detiene en la segunda cuestión y propone –«sin malquerencia ni resentimiento»: hay que creerle, porque la trayectoria personal e intelectual del personaje viene marcada por la honestidad– la alternativa del Estado federal para llegar a una España que sea casa común de los españoles. O eso o la desmembración autodeterminista, asegura. En definitiva, si bien se mira, el autor propone el fin de la conllevancia orteguiana para salvar lo que se pueda de España. Supongamos que el autor tuviera razón y aceptemos el reto del Estado federal. Pregunta: ¿hasta qué punto –hasta cuándo– ese nacionalismo catalán que no cree en la existencia de España como nación, que ha ganado la batalla de la educación y la propaganda, que insiste y persiste en una relación bilateral que pone en entredicho la existencia del Estado, que siempre pide más, se contentará con un Estado federal? «Notas para españoles», según reza el subtítulo del libro. Aviso para navegantes, por mejor decir.

01/01/2009

 
COMENTARIOS

Manel 15/12/12 14:56
Señor articulista, se le supone a usted integridad intelectual. ¿Cómo puede poner en duda que España es plurinacional? Los diferentes idiomas son una plasmación inapelable. Como no le supongo ignorancia, solo me queda la mala fe. Es por eso que España tarde o temprano se va a romper, por esta actitud, de no concebir un Estado donde diferentes naciones y lenguas convivan pacíficamente. Una pena.

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