ARTÍCULO

Ciencia para la paz

 

Pugwash es una pequeña ciudad americana que acogió en 1957 a un grupo de veintidós científicos de todo el mundo. El objetivo de la reunión era responder al llamamiento que dos años antes habían hecho algunos de ellos firmando el manifiesto Russell-Einstein. En este manifiesto se hacía una llamada a todos los científicos para que tomaran conciencia de los peligros de las armas nucleares. Los participantes en aquella reunión decidieron fundar el movimiento de las Conferencias Pugwash. Desde entonces este movimiento ha realizado numerosas aportaciones a la paz en el mundo, ha creado una fuerte corriente de opinión entre numerosos científicos en contra de las armas nucleares y ha contribuido a difundir el sentido de la responsabilidad social y moral por la aplicación de los conocimientos científicos a los objetivos bélicos. Uno de los fundadores y tenaz animador del movimiento Pugwash es el físico polaco Joseph Rotblat, quien participó, como muchos otros físicos eminentes, en el proyecto Manhattan y dedicó el resto de su vida a combatir la producción de armas nucleares. En 1995, cuarenta años después del manifiesto Russell-Einstein y cincuenta años después de la bomba atómica sobre Hiroshima, Rotblat y el movimiento Pugwash recibieron el Premio Nobel de la Paz. Los autores de este libro son dos conocidos científicos españoles, en el campo de la psicobiología y de la física. Han escrito esta obra en homenaje de Rotblat y todos los miembros del movimiento Pugwash. En ella los jóvenes científicos españoles podrán encontrar amplia información sobre la historia y las consecuencias de uno de los grandes dramas morales de la física de nuestro siglo: gracias a ella la humanidad ha adquirido por primera vez la capacidad de autodestruirse.

Pero la obra aporta mucho más. Otro de los grandes dramas de la ciencia de nuestro tiempo es la manipulación a que está continuamente sometida. Es cierto que sin la contribución de la física no hubiera sido posible la bomba atómica, pero también es cierto, que si se siguieran las recomendaciones y avisos que los propios científicos hacen en muchas ocasiones sobre las consecuencias del mal uso de la ciencia y la tecnología, muchas de esas perniciosas consecuencias se podrían evitar. También es cierto que si se afrontara con espíritu científico la explicación de esa manifestación brutal de agresividad en que consiste la guerra, se podrían encontrar soluciones y remedios para evitarla. Y ésta es otra de las contribuciones de este libro: demostrar que la guerra no es un resultado fatal de la agresividad humana, sino, más bien al contrario, un «invento» cultural.

El libro tiene tres partes principales y varios apéndices. En la primera parte se presentan los resultados científicos de que se dispone en la actualidad para entender el fenómeno de la agresividad y la violencia en las sociedades humanas, como un fenómeno complejo, de raíz biológica, pero de carácter multidimensional. En la segunda parte se analiza el fenómeno de la guerra y la contribución de la ciencia y la tecnología a los cambios que se han producido en la actividad bélica en nuestro siglo. Pero se hace también una amplia exposición del movimiento científico en favor de la paz y del desarme nuclear. La tercera parte es un alegato en favor de una educación para la paz. La clave del argumento de todo el libro se recoge aquí: la guerra es evitable, la agresividad se puede encauzar, la paz es posible; pero no se conseguirá sin esfuerzo. Hay que prepararse para la paz, orientando conscientemente la educación en una cultura científica y tolerante que lleve a todo el mundo la convicción de que la paz duradera es posible y que la guerra no es un resultado fatal de nuestra naturaleza agresiva, sino una aberración moral.

Los apéndices contienen algunos documentos cuyo conocimiento de primera mano debería difundirse en los centros de enseñanza, como el manifiesto Russell-Einstein de 1955, la Declaración de Sevilla de 1986, sobre la violencia, la declaración de concesión del Premio Nobel de la Paz de 1995 y el discurso de aceptación del premio por parte de Joseph Rotblat, con un título significativo, tomado del manifiesto de Russell y Einstein: «Acordaos de la humanidad».

01/06/1997

 
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