ARTÍCULO

Y a mí qué me cuenta

 

En la página 234, el narrador protagonista de esta suerte de «confesiones» declara cómo se ligó a una argentina que se llamaba Florence ante El nacimiento de Venus, de Botticelli, en el Museo del Prado. En un relato tan verista donde se nos da cuenta con pelos y señales de todo lo que el narrador protagonista comió y bebió y se metió en todos y cada uno de los aguaduchos, figones, antros, restaurantes, discoteques y afters de Madrid, de todas las películas que vio en la tele de pago, y hasta de los (pocos, eso sí, ¡con esa marcha!) libros que se leyó, en un relato tan «querido diario» como éste, ¿es creíble que el autor le haga decir a su narrador-protagonista lo de la Venus de Botticelli en el Prado? ¿Se trata, acaso, de una broma, por lo del nombre de la chavala? Y, de ser así, ¿dónde está la gracia?
El narrador protagonista, un tal Carlos, premio Nadal en 1996, natural de Elda, autor de dos novelas más publicadas y alguna inédita (como el autor), tras unos años de vida matritense algo errática, por decirlo suavemente, se retira a su pueblo, a casa de sus padres, a lamerse las heridas y descansar, con el propósito de escribir estas páginas que ahora, si lo desea, el lector va a tener en sus manos: en ellas, este escritor sin mucho éxito y que atraviesa una profunda crisis personal y creativa («que a lo mejor no iba a escribir más, que mis novelas eran novelas de principiante, de usar y tirar, que sólo ha­bían tenido éxito por su componente sociológico y no por sus cualidades literarias») da comienzo a unas páginas, un libro, ¿una novela?, en que pormenoriza más que detalladamente la historia frustrada y doliente de su relación de amor-odio casi adolescente (por más que los protagonistas sean talluditos treintañeros) con la tal Sandra Gavrilich que intitula la obra. Consciente de que se trata más de un desa­hogo personal (una terapia a la de­sesperada) que de una obra literaria que asuma siquiera alguno de los postulados constructivos de una narración (sentido de la composición, búsqueda de un estilo, expresar una determinada concepción del universo, profundizar a través de la imaginación en el misterio del mundo, qué se yo...) su autor, Pedro Maestre (a no confundir con el narrador, ¿o sí?, el tal Carlos), se limita a contarnos en primera persona interpuesta la vida y miserias de la relación entre esta chica de éxito y el escritor en crisis, y lo hace como una crónica de lo acontecido, de manera prácticamente lineal y descarnadamente subjetiva (abusa de los juicios de valor, fruto sin duda de esa necesidad imperiosa de desahogarse), llena de salidas nocturnas, amargas reflexiones sobre lo difícil que es cohonestar egoísmo y amor, creatividad y ocio, drogas y trabajo, escritura y marcha, los altibajos de la pareja y el postrer y previsible final de la misma, con el que se inicia la novela, o el libro, o el largo e-mail –por mejor decir– que Carlos le escribe a Sandra. Desahogo, ajuste de cuentas, vomitona final de cuatro años frustrantes y exaltados. Todo eso mezclado, sin duda, en una historia desgarrada que mantiene el interés y hasta consigue su propósito: hace que le cojamos manía al narrador y nos dé pena la interlocutora, pero, ¿y la literatura?
De Sandra se nos dice que era bipolar, que estaba loca, pero sólo eso: se nos dice, no se nos muestra (anulando una de las máximas sagradas de la narración), se nos dice asimismo que el protagonista ha mejorado la relación con sus padres, pero éstos desaparecen de escena en el primer capítulo y no vuelven a aparecer, esto es, a ser mostrados como personajes. El estilo está lleno, por desgracia, de frases hechas y parrafadas melodramáticas y neocostumbristas del tipo «a mis padres se les cayó literalmente el alma a los pies», que si están escritas a propósito para dejar mal al pobre Carlos, para evidenciar que es un escritor frustrado, llegan a cansar y entorpecen el decurso de la narración.
Un libro, en fin, que habrá cumplido su propósito de desahogo personal, y en tanto que acto perlocutivo, quizás, enojar a la interlocutora, la famosa Sandra; un libro, sin duda, que arrastra desde su desesperada torrencialidad vehemente: «Porque esta novela es una novela sin más para el resto, pero para Sandra y para mí es un álbum de fotos, una carta o el monólogo previo a la conversación que tenemos pendiente, improbable, con la que perdonarnos todo el daño que nos hemos hecho». Por lo que respecta a la literatura, en cambio, seguiremos a la espera de esa novela sobre la locura que se nos anuncia obsesivamente a lo largo de estas páginas.
Y un apunte final: desde el punto de vista sociológico, amén de una crónica urbana de la noche más canalla del último Madrid posmovida, apun­ta con ser un ajuste de cuentas con el mundillo literario, la frivolidad (en que él mismo se ve envuelto) inane de las camarillas artísticas y sus alrededores parásitos: todo un recorrido, en fin, por la noche de la capital en estos últimos cuatro años. No debe juzgarse una novela por lo que no tiene, sino por lo que ofrece, y más aún como ésta, que no es en puridad una novela, sino una crónica, como ya he dicho, pero inquieta mucho en este lector la ausencia absoluta (total), en un texto tan pegado a la superficie de las cosas, a eso que suele llamarse la realidad, de cualquier postulado ideológico, político o sencillamente ético en que se abstraiga y reflexione sobre alguna de las actividades de la pareja. Nada. Y otra cosa, obsérvese que la novela, que dramatiza el día a día de una (penosa) relación, acontece durante los trágicos acontecimientos del 11-M y sus alrededores. ¿Dónde estaban Carlos y Sandra en esos días? ¿Se imaginan una novela de amor en Nueva York que transcurriera durante 2001 y en que no se mencionara siquiera el atentado contra las Torres Gemelas? ¿Es otra broma, como la de la Venus de Botticelli en el Prado? ¿Y cuál es la gracia? Lo dicho, y no por este lector, sino por el propio protagonista, ¿o por el autor de la misma?: «una novela más». No es poco. 

 

01/02/2007

 
ENVÍA UN COMENTARIO
Nombre *
Correo electrónico *
Su comentario *
 
 
 
 

Normas de uso
Los comentarios en esta página pueden estar moderados. En este caso no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita las descalificaciones personales, los insultos y los comentarios que no tengan que ver con el tema que se trata. Los comentarios que incumplan estas normas básicas serán eliminados.

 
Deseo mostrar mi email públicamente
 
He leído y acepto la cláusula de privacidad.
 
 
 
Por favor, para evitar el spam necesitamos que resuelvas la siguiente operación matemática:
5 + 3  =  
ENVIAR
 
 
OTROS ENSAYOS DE ÁNGEL GARCÍA GALIANO
RESEÑAS

 

BÚSQUEDA AVANZADA

Te animamos a bucear en el archivo de Revista de Libros. Puedes realizar tus búsquedas utilizando los siguientes criterios.

Todas las palabras
Cualquiera
Coincidencia
ENVIAR


Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RDL en papel 187
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
BLOGS
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL