ARTÍCULO

Nueva York, años 30 y 40

 

El año de la toma de posesión de Roosevelt, Mary McCarthy se licencia en Literatura por la Universidad de Vassar y contrae matrimonio con un joven dramaturgo. El grupo comienza en la boda de Kay Leiland, recién licenciada en Vassar, y Harald Petersen, ayudante de dirección de escena, «en junio de 1933». Como en gran parte de su obra, McCarthy se interesa en la recuperación del pasado, lo desdobla y juega con él. Le mueve un propósito: exorcizarse de la realidad a través de su encuentro con ella. En Memorias de una joven católica (1957), publicada cinco años antes, afirma no distinguir «los hechos parcialmente recordados [...] de los hechos innegablemente reales».Y, tardíamente, en How I Grew (1987) recomienda: «No trates de evitar a la memoria: permítete aliviarla, confróntala una y otra vez hasta que, al final, descubras que a través de la repetición pierde el poder de hacerte daño». Perteneciente a una acomodada familia, la temprana muerte de sus padres le hace pasar de niña mimada a huérfana bajo la custodia de un matrimonio cruel y vulgar. Este hecho marca toda su vida. En El resentimiento en la moral, Max Scheler describe cinco tipologías sociales y de carácter proclives al resentimiento. Mary McCarthy encaja en tres de ellas, y, especialmente, la de apóstata: «Es alguien –escribe Scheler– cuya vida espiritual no radica en el contenido positivo de su nueva fe y en la realización de los fines correspondientes a ella, sino que vive solamente en lucha contra la antigua y para su negación». De ahí ese acusado sentido de lo anticonvencional, la iconoclastia y el desdén, que, en general, transmite la obra de McCarthy. En El grupo pone al descubierto las miserias, subterfugios, contradicciones, miedos y pavoneos de una pandilla de niñas bien en el Nueva York de los años treinta y cuarenta («desde el crack, las chicas de oro temen que papá pueda perder sus millones» O: «Tenía pocas luces, algo de lo que se envanecían, como si fuera señal de buena cuna»). En todo esto, sin embargo, hay algo más interesante: narrar lo acontecido sin tapujos es como confesarse, «paraliza la difusión del envenenamiento» (Scheler). La propia autora admite en How I Grew que escribir sobre el pasado funciona como una absolución autoimpartida. Las diferentes historias y caracteres presentes en El grupo sirven a McCarthy para hurgar hasta encontrar lo que busca.Vivir la acción desde distintos personajes convierte la trama en un juego de espejos en el que un ángulo muestra otro; la realidad queda al descubierto. Muy al hilo de ello, la propia autora escribe: «Le sorprendió que contar la historia de su relación, primero desde su posición y luego desde la del señor LeRoy sería un ejercicio de narrativa fascinante [...]. Mostraría que cada uno de nosotros estamos encerrados en nuestro propio mundo». Y ese mundo, a pesar del empeño de las protagonistas en desvincularse de la tradición («lo peor que podía sucederles era llegar a ser como papá y mamá»), ese mundo no es otro que el de las convenciones, la vanidad y la incertidumbre. McCarthy utiliza un tema en concreto para llegar a la espina de lo real: el amor. Nada más adecuado para desenmascarar a unas jóvenes recién salidas de la universidad que creen saber y controlar todo hasta que, al disolverse el grupo que formaban en Vassar, cada una de ellas entra en la edad adulta a través del contacto directo con la vida, asunto para el cual no sirve la teoría. Estructuralmente, Kay, Dottie, Pokey, Helena, Libby, Priss, Lakey y Polly se ceden el testigo narrativo sin estridencias, conformando una divagación ordenada e inteligente, y, a veces, demasiado meticulosa. McCarthy es exhaustiva, lo quiere abarcar todo, tiene visión periférica y no le importa alejarse del centro para definir los contornos al detalle, pero estas «fugas» se convierten en digresiones más o menos interesantes según los gustos e inquietudes de cada lector. El grupo es también un retrato de época. En 1933, transcurridos cuatro años desde el crack del 29, la producción industrial de los Estados Unidos había descendido a la mitad, la inversión privada había bajado un 90% y el paro alcanzaba al 25% de la población. En las elecciones presidenciales, Roosevelt vence a Hoover por ocho millones de votos; la serie de reformas que incluye su programa logra animar a todo el país y los ideólogos del New Deal se ponen manos a la obra. Es un momento de cambios socioeconómicos y McCarthy no lo desaprovecha: política, comunismo, buscavidas, canallas, planificación, control de natalidad, métodos anticonceptivos, sexo, psicoanálisis y moda dejan su impronta en la novela. Ello, unido a la mordaz radiografía psicológica de las protagonistas, hace que El grupo funcione como una máquina del tiempo. Desconfiada, atea, erudita, socarrona y punzante, la inteligencia de Mary McCarthy planea sobre toda la novela. Dejó escrito que no estaba dispuesta a creer en Dios sólo para salvar el alma: creía en la escritura.

01/12/2005

 
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