ARTÍCULO

Él, Fuster

Intr., selección y trad. de Justo Serna y Encarnación García Monerris Espasa Calpe, Madrid
320 pp. 19,90
 

El escritor valenciano Joan Fuster Ortells, fallecido el 21 de junio de 1992, abandonó pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse a la creación literaria, sobre todo como articulista y ensayista, y hoy se le reputa como uno de los autores contemporáneos en lengua catalana más relevantes. Esta selección y edición de escritos ensayísticos muestra lo más significativo de su pensamiento a partir de algo más de sesenta textos y citas entresacados de una extensa obra publicada en catalán 1 .
Como sucede en toda recopilación, es bueno iniciar su comentario con las propias opiniones de sus dos antólogos, Justo Serna y Encarnación García Monerris, profesores de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia, quienes exponen sus criterios de selección en una amplia introducción. Previamente debe observarse que poder leer escritos de Fuster en castellano siempre resulta novedoso. Si todo autor escribe para unos lectores, el mismo Joan Fuster advertía, en la introducción del primer volumen de sus Obres Completes en 1967, que los destinatarios directos de aquellos papeles eran los valencianos, mientras que el lector no valenciano que tomaba en consideración era el catalán, añadiendo: «Aquest català ideal, hipotètic, i al mateix temps real, verificable, no seria vertaderamente català en el supòsit que s'oblidés de la parcel·la valenciana del paratge comú» 2 . La publicación de una parte significativa de su obra para un público castellanohablante, ajeno a los destinatarios originales, hace de esta antología una reconstrucción más compleja y polifacética de su autor 3 .
Al respecto, señalan sus responsables que esta antología es a la vez más modesta y más ambiciosa que otras en catalán. En primer lugar, la selección de ensayos se ciñe a las décadas de 1950 y 1960, calificadas como el momento de esplendor intelectual de Joan Fuster. En segundo lugar, la selección no se ha realizado en torno a una temática específica, sino a partir de lo que los profesores Serna y García Monerris consideran el hilo argumental más genérico y transversal de Fuster: el ensayo civil, que no exactamente cívico como intelectual catalanista, puntualizando que éste es «un peligro al que desea conjurar y que daña su vanidad de "literato", poniéndolo así, entre comillas.Y precisamente por esto, por considerarse un literato, por querer reinventarse como persona haciendo uso de la palabra leída o escrita, Fuster no quiso agotarse en la tarea cívica en que se vio envuelto, esa tarea que tantos le encomendaron.Y por eso se propuso no dejar de ser el escritor civil que ya era, alguien que reflexionaba sobre la vida y sus aparentes menudencias». Este es el sentido del título de la antología, aunque con exceso sean calificados como «nuevos» tales ensayos civiles. Mediante la ordenación de los textos ensayísticos seleccionados se construye, por consiguiente, una compleja
figura poliédrica del «literato» Fuster: una particular ordenación a modo de discurso de un discurso. Cual lados de tal figura geométrica, cada uno de los siete capítulos de esta antología puede leerse según el orden que el lector más guste. Éste puede empezar por el capítulo séptimo y último, «Y morir debe ser dejar de escribir», un breve capítulo, al igual que los aforismos, que recoge expresiones de un pensamiento disperso, como es el pensar, de un inteligente escepticismo y una ácida ironía. Pero la lectura puede empezar, o continuar, por cualquier otro capítulo, como el primero, «¿Qué o quién soy yo?», fragmentos de lo que Fuster relató ser: su biografía desde que naciera en la localidad valenciana de Sueca el 23 de noviembre de 1922 y estudiara leyes en la Valencia de la posguerra; su compromiso literario desde que descubriera la lengua catalana; su reconocimiento intelectual al hilo de una vocación literaria autodidacta que vivió como búsqueda de su identidad en la sórdida realidad social, política y cultural bajo la dictadura. Una vida que transcurrió entre Sueca,Valencia y Barcelona; una trayectoria que convirtió a Joan Fuster en referente de la cultura catalanista, sobre todo después de 1962, tras haber sido sucesivamente: «españolista», «regionalista bien entendido», «regionalista valenciano» y «nacionalista valenciano».
Los restantes capítulos son otras tantas caras poliédricas de su persona, de él, Fuster: el capítulo segundo, «Figuras de proa», sobre la lectura, más propiamente de Fuster como lector (de Erasmo, Montaigne,Voltaire, Sartre, Camus, Eugeni d'Ors o Josep Pla), quien entendía que se lee para comprenderse a uno mismo, para comprender a los otros, para comprender nuestro tiempo; el tercero, «Fragmentos del yo», acerca de la escritura, de Fuster como escritor de ensayos y aforismos, para quien «escribir» es «vivir» y viceversa, «vivir» es «escribir»; el cuarto, «El arte es dicción», sobre la creación estética: la búsqueda de la «originalidad», la mimesis y el plagio, o el lugar de la literatura catalana, son los temas tratados en este capítulo. Comentarios que retornan actuales a tenor de las reflexiones que se han sucedido en la teoría literaria en torno a la relación entre autor, texto y lector. Quizá las reflexiones recogidas en estos capítulos sean la parte más destacada por los responsables de la presente antología.
Sólo en el capítulo quinto, «Un país imaginado», se seleccionan tres textos fundamentales acerca de las convicciones y el compromiso nacionalista de Joan Fuster, quien imaginó retrospectivamente la esencia histórica y lingüística de lo que gustó llamar «Països Catalans», una unidad que hubo de armonizar con los particularismos del Principado, las islas Baleares y Valencia, hasta Orihuela. Convicciones sobre una identidad colectiva que fueron parte de una personalidad complicada, según muestran los textos seleccionados en el capítulo sexto, «La vida en prosa», un título, una vez más, que exhala imaginación. Paradójicamente, Fuster afirmaba que cada convicción que se adquiere es un prejuicio que se acumula. Sólo el escepticismo corrige moralmente la fanatización y el embobamiento, además de permitir el sarcasmo. Una actitud que es conforme a la necesaria conciencia de la relatividad de la moral de cada época. Pero si el hombre no puede conocer la verdad, debe recuperar su libertad en medio de la «costumbre» abrumadora, de lo «habitual» como normalidad: un peligro que roe las raíces de la conducta civil de los individuos.
En resumen, esta antología no es una explanación de la figura de Joan Fuster (la de un catalanista comprometido desde la Ribera baja valenciana hasta su fallecimiento en 1992), sino que la modela de manera más compleja. Los profesores Justo Serna y Carmen García Monerris seleccionan y unen fragmentos textuales hasta formar cada una de las superficies de esa figura poliédrica a que se asemeja a la persona de Fuster, quien se consideró sobre todo un «hombre de letras», sobrellevando sus circunstancias vitales con inteligente escepticismo. No deja de ser una propuesta muy sugerente.

01/06/2005

 
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