ARTÍCULO

El economista manco

 

El panfleto es un género celebrado en Francia y despreciado en España. En Francia lo han cultivado los escritores más insignes: Frédéric Bastiat en toda su obra; Jules Michelet en Des Jésuites; Victor Hugo en Napoleon le petit; Émile Zola en J’accuse; Julien Benda en La trahison des clercs; Jean-Paul Sartre en Un essai sur la question juive; Jean-François Revel en La cabale des dévots, y Raymond Aron en Pladoyer pour l’Europe décadente, por citar los casos que vienen más a cuento. En el panfleto se defiende apasionadamente una causa (o se ataca una situación), apelando a las emociones del lector, ciertamente, pero también argumentando las tesis presentadas y aduciendo las pruebas relevantes.
En la España actual, el panfleto, confinado a las alcantarillas de la literatura, es un escrito situado en las fronteras del Código Penal y la definición del Diccionario de la Real Academia, «libelo difamatorio», y refleja el estilo bronco de nuestro debate político. El proyecto de Carlos Rodríguez Braun, anclado en aquella visión noble del panfleto, se inspira en las obras de Aron y Revel y, sobre todo, en las de Adam Smith, Bastiat y la escuela austríaca; el pulso de estos insignes defensores de la libertad late a lo largo de estas colecciones de ensayos polémicos, tituladas muy atinadamente, Panfletos liberales.
Rodríguez Braun ha reunido en estos libros una selección de sus publicaciones en la prensa diaria a lo largo de un decenio, defendiendo la libertad y atacando las más variadas supersticiones alimentadas por el pensamiento único. La primera entrega de Panfletos liberales recoge los escritos publicados entre 1999 y 2004 y la segunda lo publicado entre 2004 y 2009, ambos inclusive. A pesar de su origen coyuntural, todos los artículos incluidos conservan su frescura inicial y algunos (por ejemplo. el incluido en la página 128 del primer volumen) han resultado proféticos. Facilitan la lectura la agrupación del material por epígrafes como Capitalismo, Liberalismo, Estado de bienestar, Globalización, Literatura, América Latina, etc., y unos muy útiles índices onomásticos, bien raros, por desgracia, en las ediciones españolas. Los dos libros componen un panorama de las principales cuestiones debatidas en España en la última década.
Carlos Rodríguez Braun es un nuevo Catón, defensor de la libertad de los modernos, y en sus escritos domina el censor de las intromisiones del poder en la vida privada de los ciudadanos y de las tentaciones de éstos a renunciar al ejercicio de la libertad. No debe sorprender, por tanto, que el grueso de sus críticas se dirija contra el gobierno de turno, cualquiera que sea su color. En la primera entrega de sus Panfletos liberales Aznar se merece dieciocho reprimendas, mientras que Zapatero se gana otras tantas en la segunda. Rodríguez Braun tampoco rehúye el combate dialéctico con las figuras intelectuales más prestigiosas. En estas páginas se enfrenta, entre otros, a Savater, Cebrián, Vázquez Montalbán, Gabriel Tortella, Sampedro, Mayor Zaragoza y José Antonio Marina. Respetuoso siempre con la persona, es implacable con los sofismas del adversario, que desarma con un lenguaje claro y directo, aderezado con giros de lo que Américo Castro llamó la peculiaridad lingüística rioplatense.
También encontramos en los dos libros al Rodríguez Braun pedagogo. En muchos ensayos se recrea comentando obras de pensadores extranjeros actuales, como Jasay o Dalrymple, o nos da a conocer a nuevos autores españoles, como en Celebración del doctor Bolaños. En un artículo de un folio no hay espacio para análisis técnicos rigurosos, y en estos panfletos aparecen ocasionalmente dioses bondadosos (Smith, Hayek, Friedman, Coase) y deidades malignas (Keynes, Galbraith, Stiglitz, Krugman), ya que el autor no se deslumbra con modas académicas ni prestigios internacionales, excepción hecha del éxito de Nassim Taleb, aplaudido sorprendentemente en «El cisne austríaco» (Panfletos liberales II, p. 51) sin justificación aparente. Cito: «la idea del cisne negro se remonta a Popper» y, así, Taleb «evoca lo que Schumpeter llamó el “vicio ricardiano”, la propensión a confundir el modelo con la realidad [...] y entonces aparecen los cisnes negros, lo inesperado», si razonamos «desde una campana de Gauss». Abandonando su claridad habitual, aquí el lenguaje de Rodríguez Braun se hace orwelliano, y termina diciendo que Taleb «recela de la autoridad científica de la economía neoclásica, la corriente predominante», sin que nos diga cómo y por qué.
Hay que reconocer que Taleb escribe con facilidad y que dice cosas importantes y originales, pero lo importante en él no es original y su originalidad puede rayar en el disparate. Es cierto que el descubrimiento de un solo cisne negro constituye una evidencia que obliga a rechazar la hipótesis de que todos los cisnes son blancos, pero sostener esto medio siglo más tarde que Friedman y Popper«The Methodology of Positive Economics», de Milton Friedman, es el primer ensayo en el libro Essays in Positive Economics, publicado en Chicago en 1953. La obra de Popper, publicada en alemán en 1935, apareció en versión inglesa en Londres, en 1959, con el título The Logic of Scientific Research. no es para poner una pica en Flandes. Y decir que los únicos economistas dignos de mención de los últimos tiempos son Daniel Kahneman y Amos Tversky (porque son psicólogos) es ciertamente original pero insensato. Por otro lado, los razonamientos de Taleb sobre el carácter aleatorio de las medidas de desempeño de gestores de inversiones y operadores bursátiles se encuentran en manuales introductorios de estadística tradicionales, a veces con los mismos ejemplosMuchos temas en los que se recrea Taleb, como la distinción entre un proceso estocástico y su realización temporal, la paradoja del cumpleaños, el problema de la ruina y las variedades de diseño muestral pueden encontrarse en manuales de estadística. Morris DeGroot ilustra el problema de manipulación de la muestra, precisamente con un ejemplo de predicción bursátil, en Probability and Statistics, Nueva York, Addison Wesley, 1985.. Por último, la afirmación de que la economía financiera está casada con la distribución normal (la campana de Gauss), lo que ha inducido a minusvalorar la probabilidad de sucesos extremos (cisnes negros), es simplemente falsaTaleb critica la hipótesis de los mercados de activos eficientes de los académicos de la teoría de las finanzas, a los que acusa de ver el mundo en términos de distribuciones normales o gaussianas, y esto no carece de ironía. Eugene Fama, el autor de «Efficient Capital Markets: A Review of Theory and Empirical Work» (Journal of Finance, vol. 25, núm. 2 [mayo de 1970], pp. 383-417), el artículo más citado en la literatura financiera, descubrió ya hace casi medio siglo que las distribuciones que generaban los rendimientos de las acciones cotizadas en la Bolsa de Nueva York pertenecían a la familia de Pareto-Levy con un parámetro de dispersión inferior a 2, lo cual significa que su varianza no existe (si el parámetro es igual a 2, la distribución es normal). De Eugene Fama, el lector puede consultar: «The Behavior of Stock-Market Prices» (Journal of Business, vol. 38, núm. 1 [enero de 1965], pp. 34-105) o «Some Properties of Symmetric Stable Distributions» (Journal of the American Statistical Association, vol. 63, núm. 323 [diciembre de 1968], pp. 817-836)..
Es natural que en un panfleto aparezcan filias y fobias, pero, al referirse a Samuelson, el polemista parece silenciar al pedagogo. El Samuelson que nos presenta Rodríguez Braun ha sido refutado por Coase en el análisis de los bienes públicos, «despellejado sin reparos» por Taleb y es culpable de equiparar la crisis económica a la caída del Muro (Panfletos liberales, pp. 41, 51 y 129, respectivamente). Esto es una caricatura. La realidad es que Samuelson es el fundador del análisis económico contemporáneo, con contribuciones decisivas en casi todos los campos, incluido el de los bienes públicos, cuya trascendencia no queda disminuida un ardite por la brillante investigación histórica de CoaseRonald Coase ha demostrado, en efecto, que, en contra de la creencia dominante, en el Reino Unido, en los siglos XVII y XVIII y principios del XIX, muchos faros se explotaron en régimen de empresa privada. La explicación se encuentra en un artículo magistral suyo titulado «The Lighthouse in Economics» (Journal of Law and Economics, vol. 17, núm. 2 [octubre de 1974], pp. 357-376). Sin embargo, esta prueba histórica no invalida el análisis de Samuelson de los bienes públicos, que deja bien claro que es posible que sean producidos en ocasiones por empresas privadas. Véase su «Diagrammatic Exposition of a Theory of Public Expenditure» (Review of Economics and Statistics, vol. 37, núm. 4 [noviembre de 1955], pp. 350-356).. Me pregunto cuál sería la reacción de Rodríguez Braun si se presentara a Friedman como el consejero económico del conservador Goldwater y la figura dominante del departamento universitario que formó a los Chicago boys de varios gobiernos de Pinochet, sin mencionar sus contribuciones fundamentales, como la historia monetaria de Estados Unidos, la función de consumo, la eficiencia del ejército voluntario o el impuesto negativo sobre la renta.
Siento una gran admiración por el autor de estos panfletos, especialmente cuando lo critico, porque tiene una virtud que el presidente Truman valoraba singularmente: Carlos Rodríguez Braun es un economista manco, especie rara en este tiempo de corrección política. Su mensaje es siempre estimulante y las páginas de sus dos entregas –hasta el momento– de Panfletos liberales serán leídas y releídas con gusto por todos los interesados en las controversias de estos años.

01/12/2010

 
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