ARTÍCULO

Materia troncal

Espasa Calpe, Madrid
246 pp. 22,90 €
 

No es muy probable que los dirigentes del planeta Tierra sepan frenar a tiempo la carrera hacia el precipicio a que el cambio climático, provocado por el uso desmesurado de combustibles fósiles, nos lleva. Es más, incluso si este mes llegasen a un acuerdo en Copenhague, es dudoso que ello impida que la concentración de CO2 actúe como lo que es ya: una bomba de relojería con mecanismo retardado. De ahí la importancia del libro de Gómez Cadenas, en cuya primera mitad –después de aclarar la amenaza que supone el cambio climático y la responsabilidad que tienen los combustibles fósiles en el mismo, así como la imposibilidad de que las energías renovables puedan evitar la catástrofe– se dedica a resumir las notas esenciales referentes a la producción, utilización, reservas e influencia en la generación de CO2 del carbón, el petróleo, el gas natural y su empleo para la generación de electricidad, siempre con referencias a nuestro país. En esas páginas se mencionan cuestiones claves, como cuáles pueden ser las reservas de petróleo y de gas natural, los peligros relacionados con el transporte de éste, las debilidades para Occidente inherentes a la dependencia de sus respectivos suministros y los peligros que para la lucha contra el cambio climático encierra la preferencia por el carbón de gigantes como China o India. El capítulo 7 se ocupa de un asunto capital: ¿cómo incrementar la energía eléctrica disponible reduciendo el recurso fundamental –los combustibles fósiles– utilizado para generarla? En el caso español, aquélla proviene en un 65% de combustibles fósiles y en un 35% de energías alternativas, incluidas la nuclear y la hidráulica, pero el Gobierno se propone reducir la contribución nuclear e incrementar a cambio la de origen renovable. ¿Será ello posible? La educada respuesta del autor es que NO.
El resto del libro explica el origen, utilización, peligros, aportaciones y falsedades reinantes a propósito de la energía nuclear. Cualquier persona interesada en los aumentos de su factura de la luz y en el futuro de sus hijos –cuestiones más ligadas de lo que se cree– debería leer detenidamente estas 135 páginas para enterarse de cómo es una central nuclear, qué dosis de radiactividad recibimos, su relación con enfermedades como el cáncer, cómo y por qué sucedieron las catástrofes de Chernóbil y Three Mille Island o cuáles son los problemas reales derivados del tratamiento y almacenamiento de residuos radiactivos. Tanto o más interesantes son las falsedades manejadas por los enemigos de este tipo de energía, incluyendo el peligro de construir una bomba atómica con el plutonio robado por grupos terroristas, la escasez de uranio o su elevadísimo coste. La otra cara de la moneda son «las renovables»: la hidroeléctrica –eficiente y flexible, pero sometida a variaciones y capaz de generar catástrofes con mayor frecuencia que las causadas por las nucleares–, la fotovoltaica –subvencionada, poco eficiente y tan cara que, si se lleva a cabo la inversión incluida en el plan gubernamental, equivaldría al precio de una central nuclear que produciría doce veces más de energía, con menos emisiones de CO2 y durante mucho más tiempo–, las centrales termosolares y la energía eólica, las más importantes de la renovables, más cara que la nuclear pero cinco veces más barata que la fotovoltaica.
Gómez Cadenas concluye apuntando que, si las últimas previsiones se cumplen, las emisiones mundiales de CO2 originarán a finales de siglo una concentración de 700 partes por millón que provocarán un aumento de la temperatura de unos seis grados y una catástrofe universal. ¿Puede hacerse algo? La respuesta del autor es afirmativa y consiste en alcanzar la adecuada combinación de energía nuclear y renovable, pero ello supone contar con una política energética clara y convincentemente explicada a una opinión pública que, como los niños mimados, está acostumbrada por los gobiernos de uno u otro color político a moverse exclusivamente por consideraciones inmediatas, egoístas e irresponsables. Y es evidente que los recientes cambios de opinión del actual Gobierno a propósito de la regulación de las energías renovables y sus vacilaciones respecto a qué hacer con los millones de toneladas de un carbón nacional altamente contaminante y caro no auguran nada bueno. Así que, después de cerrar este libro, pienso que si la Educación para la Ciudadanía es actualmente una asignatura obligatoria, la lectura de este libro por nuestros escolares merece aún más esa calificación.

01/12/2009

 
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