ARTÍCULO

Misericordia

Seix-Barral, Barcelona
272 pp. 18 €
Galaxia Gutenberg, Barcelona
Trad. de Nuria Barroso
430 pp. 20,70 €
 

Según un longevo criterio norteamericano, los españoles gustan de la muerte como tema en sí mismo, por obsesión colectiva. La cultura del país así lo muestra –dicen ellos– de un modo hasta chocante. La escultura hispánica, con el barroco, cedió a una fascinación por la talla policromada que detallaba la agonía del Cristo, con lágrimas de cristal, coágulos y moratones cuidadosamente reproducidos.Y, como si tan morboso criterio idólatra no bastara, hasta las últimas décadas del siglo xx la «fiesta nacional» por excelencia ha consistido en el toreo, un espectáculo que, se diga lo que se quiera, no deja de ser un ritual de sangre derramada, netamente agónico.Así, las metáforas forasteras alusivas a las contundentes violencias periódicas que dividieron a los españoles de un modo rítmico desde 1808-1814 hasta 1936-1939 venían servidas con sus correspondientes tópicos, fuera como vía crucis o como corrida de toros. Esta perspectiva sobre la relación entre el dolor y lo español podía ejercer un encanto perverso –ejemplificado por el novelista Ernest Hemingway (18991961)– o podía resultar repulsivo o, cuando menos, ajeno, como ocurrió con un autor como John Dos Passos (18961970). Éste, dos veces alejado de los castizos criterios hispánicos, como estadounidense y como persona de vagas raíces lusas (era hijo, de hecho, de un exitosísimo abogado mercantil, de evidente ascendencia portuguesa), pudo presumir de «conocer» España y a los españoles, pero su profundidad fue tan escasa como la de su amigo «Hem», quien –con su Fiesta o The Sun Also Rises, su primera novela con éxito, de 1926– dio fama mundial a la provinciana fiesta pamplonica de los sanfermines Al final de su vida, Dos Passos se interesó por esta vertiente de sus orígenes en The Portugal Story: Three Centuries of Exploration and Discovery, Garden City,Doubleday,1969;antes publicó Brazil on the Move, Garden City, Doubleday, 1963.. Tan poco entendía «Dos» (como lo conocían los allegados) de la complejidad hispánica que, presentado a un catalán como Andreu Nin (18921937), que interrumpió su conversación en castellano para hablar por teléfono en su idioma digamos íntimo, el estadounidense pensó que su interlocutor había recurrido a una jerga secreta para no ser entendido (según Koch [p. 188], Nin estaba «hablando bajo en esa suerte de hiperespañol que pasaba revoloteando con tal rapidez que sólo un indígena podía seguirlo. Dos intentó captar el sentido, pero no pudo»).
Renombradísimo en los años treinta, «Dos» culminó, sin embargo, su carrera en aquella época.A pesar de todo, sus novelas fundamentales –la Trilogía de Estados Unidos– han resistido mejor el paso del tiempo como ejercicios de prosa vanguardista que el grueso de la producción hemingwayana, muy famoso en su día y hoy menos. En realidad, tanto «Dos» como «Hem» compartían el fondo ingenuo de haber ido «over there», «allá», a Europa, durante la Primera Guerra Mundial para participar, conduciendo ambulancias, en «la lucha para asegurar el mundo para la democracia» Tomo las expresiones del viejo ensayo de 1964, reeditado no hace tantos años, del historiador Frank Freidel, Over There: the Story ofAmerica's First Great Overseas Crusade, Short Hills, Burford Books, 2003.. Su atracción por la intestina contienda española, quisiéranlo o no, se situaba en la estela de idéntica preocupación misionera.
Por su parte, frente a los remilgos norteamericanos acerca del «culto a la muerte» hispano, los españoles –o, si se prefiere, los hispánicos– juran «por sus muertos» y se sienten ofendidos si alguien los mienta sin el respeto debido. Por lo demás, hay en la perspectiva hispana –en su sentido antropológico– una ambigüedad enraizada acerca del dolor ajeno que se presta tanto al sentimentalismo personalizado como a la más sangrante indiferencia. En cuanto a las manías de los norteamericanos, la respuesta patria es de cierto asco puntilloso ante tanta hipocresía. Por supuesto, a los siempre acomplejados españoles les complace el interés y la curiosidad extranjera, pero son poco indulgentes con el hecho de que estos «yanquis» no acierten a captar toda la compleja idiosincrasia propia a la primera y, a veces, ni a la segunda.
Las dos obras reseñadas se enfrentan directamente a este dilema de percepciones cruzadas y presentan un contraste elocuente. Rara vez se publican simultáneamente dos libros –uno español y el otro estadounidense– que compiten tan directamente por narrar los mismos datos desde enfoques tan opuestos y con resultados tan disímiles. En cierto sentido, los dos libros son complementarios, ya que contemplan los mismos hechos de modo diverso. Ambos autores son novelistas, no historiadores. Pero sus sensibilidades son bien diversas en todos los aspectos (del mismo modo, todo sea dicho, que el libro español luce un inusual índice onomástico, mientras que la obra americana carece de este instrumento indispensable, cuando allá es habitual) La versión española de la obra de Koch reseñada al comienzo ha aparecido muy recientemente, con posterioridad a la redacción de este artículo..
Martínez de Pisón, nacido en Zaragoza en 1960 y residente en Barcelona durante más de dos décadas, es un autor lo suficientemente consagrado para que el crítico e historiador literario José-Carlos Mainer lo trate a fondo en su última recopilación de estudios, lo que, sin duda, constituye todo un reconocimiento a nivel español José-Carlos Mainer, Tramas, libros, nombres. Paraentender la literatura española, 1944-2000, Barcelona,Anagrama, 2005, capítulo 12.. Por el contrario, Koch, nacido en Minnesota en 1941 y licenciado en el City College de Nueva York en 1963, es autor de un par de novelas (Night Watch, publicada en 1969, y The Bachelor's Bride, de 1986 Stephen Koch, La novia de los solteros, trad. de Gemma Rovira, Barcelona,Anagrama, 1989.) en lo que es incuestionablemente un mercado mucho mayor y más competitivo. Koch se dedicó durante veinte años a dirigir «talleres de escritura», hasta el punto de redactar un manual para este tipo de ejercicios formativos Stephen Koch, The Modern Library Writer's Workshop: a Guide to the Craft of Fiction, Nueva York, Modern Library, 2003.. Pero adquirió más renombre con un ensayo sobre la «fábrica» cinematográfica de Andy Warhol y, en especial, con su Double Lives: Spies and Writers in the Secret Soviet War of Ideas Against the West, aparecido en 1994, centrado en la compleja figura de Willi Münzenberg (18891940), el gran publicista del comunismo y el antifascismo de frente popular que acabó enfrentado a Stalin y fue asesinado mientras intentaba llegar a la frontera suiza desde Francia al hundirse la Tercera República con la invasión germana Stephen Koch, Double Lives: Spies and Writers inthe Secret Soviet War of Ideas Against the West, Nueva York, Free Press, 1994. Para su obra sobre Warhol: Stephen Koch, Stargazer: Andy Warhol'sWorld and his Films, Nueva York, Praeger [1973], fue reeditada en 1985, ampliada, y en 1991. En español puede leerse Andy Warhol Superstar, trad. de José Oliver, Barcelona, Anagrama, 1987. .
En efecto, el nuevo libro BreakingPoint de Koch ofrece un refrito de buena parte de lo que ya anticipó en su Double Lives, publicado aquí en 1997 como El fin de la inocencia.Willi Münzenberg y la seducción de los intelectuales, significativamente engalanado con un prólogo de François Furet Stephen Koch, El fin de la inocencia: Willi Münzenberg y la seducción de los intelectuales, trad. de Marcelo Covián, Barcelona, Tusquets, 1997.. Double Lives atrajo suficiente interés en Francia para una traducción al año de su aparición (por tanto, anterior a la versión castellana), y el presente ensayo de Koch sobre la relación de «Dos» y «Hem» en la contienda española ha tenido una recepción inmediata en el mercado francés Stephen Koch,La fin de l'innocence: les intellectuelsd'Occident et la tentation stalinienne: trente ans deguerre secrète, trad. de Marc Saporta y Michèle Truchan-Saporta, París, Bernard Grasset, 1995; Stephen Koch, Adieu à l'amitié: Hemingway, DosPassos et la guerre d'Espagne, trad. de Marie-France Girod, París, Bernard Grasset [2005]. . En cambio, no ha sido recibida por la crítica estadounidense con grandes entusiasmos la reedición actual –«revisada y actualizada»– de Double Lives, que ha coincidido con la aparición en el mercado de Breaking Point Stephen Koch, Double Lives: Stalin, Willi Münzenberg, and the Seduction of the Intellectuals, Nueva York, Enigma Books, 2004. . Puede contrastarse, de modo no siempre desfavorable para Koch, su obra con la aparición de un estudio más académico sobre la figura de este comunista alemán que orquestó una propaganda tan lograda, con un efecto tan duradero, en los años treinta, hasta que se alejó del buen camino estalinista y pagó ese distanciamiento con su vida Sean McMeekin, The Red Millionaire.A Political Biography of Willi Münzenberg, New Haven, Yale University Press, 2003; véase la crítica de Michael Scammell, «The Mystery of Willi Münzenberg», The New York Review of Books, 3 de noviembre de 2005, pp. 32-35, que critica tanto la revisión de Koch como la versión de McMeekin, para acabar elogiando la versión en inglés de Antonio Muñoz Molina, Sefarad, trad. de Margaret Sayers Peden, Nueva York, Harcourt, 2003.. Tampoco, a juzgar por las reseñas en la red, puede decirse que Breaking Point haya suscitado admiración incondicional entre sus comentaristas, si bien la recepción global ha sido positiva Para algunos «blogs» y/o reseñas indicativas en la red: Bonnie Rubrecht, «Hem and Dos in Spain. Review»,The Quarterly Conversation http://esposito.typepad.com/the_breaking_po.html; Tim Davis, «To the Bitter End», America,The NationalCatholic Weekly, vol. 192, núm. 19, 30 de mayo de 2005, http://americamagazine.org/issue/culture/bitter-end; Ron Capshaw, «Necessary Murders», California Literary Review, 22 de mayo de 2005, http://calitreview.com/105/the-breaking-point-hemingway-dos-passos-and-the-murder-of-jose-robles-by-steven-koch/.
Aun siendo un ensayista tan preocupado por la problemática relación entre agentes soviéticos e intelectuales norteamericanos, Koch ni conoce, ni le importa, la política española de aquellos tiempos: inútil buscar nombres como Azaña o Lerroux en su escueta descripción de «theRepublic»: una de sus muy infrecuentes alusiones a las figuras españolas (¡asegura que Largo Caballero tenía su base política en Cataluña!; véase la página 187) da la escasa talla de su perspectiva. La España republicana no pasa de ser un trasfondo, un decorado simbólico sin mayor importancia, que sirve para relatar la vida en color y cinemascope de dos renombrados escritores que partieron del camino político común de las izquierdas estadounidenses para tomar direcciones ideológicas diferentes. En tan fílmica circunstancia, dada la pareja de protagonistas contendientes y la amante de uno de ellos, hay un cadáver –un español, José Robles Pazos (1897-1937), viejo amigo de «Dos» desde 1916, español que enseña en una universidad estadounidense, que ha desaparecido; pronto, ante la cada vez más agustiosa búsqueda de «Dos» de despacho en despacho, la ausencia de Robles se revela como un escamoteo interesado, un asesinato que nadie se atreve a admitir. El muerto, pues, sirve para iniciar la película. Sería el MacGuffin (el término del director británico Alfred Hitchcock –18991980– nacionalizado estadounidense, de estrictísima formación católica y, por cierto, muy anticomunista) para el asunto que empieza una intriga, sin mayor relevancia en sí mismo. Los malos del guión son representados por los soviéticos y, en especial, por Mijail Efimovich Koltsov (18981942), a quien Koch presenta como el director de todo lo relacionado con asuntos de intelectuales engagés en el marco de la Guerra Civil Es conocido por lectores españoles por sus diarios: Mijail Koltsov, Diario de la guerra de Espana, París, Ruedo Ibérico, 1963. . Los españoles son, por lo demás, comparsas. La narrativa de Koch acaba con las últimas implicaciones de la relación entre «Hem» y «Dos» (y las hembras hemingwayanas) en Estados Unidos. De modo bastante irritante (y más para quien ha enseñado a escribir a inocentes), Koch tiene la mala costumbre de explicar qué pasa por las cabecitas de sus protagonistas, sin la insinuación siquiera de un documento que lo justifique. Pretende ser historia, pero está novelada, en el peor sentido.
Por lo demás, su modelo interpretativo deriva del viraje hacia el revolucionarismo –la defensa vagamente «trotskistizante» de los autores del giro historiográfico acerca del conflicto español– que se impuso, en la bibliografía internacional, con obras aparecidas en 1960-1962. Fueron las aportaciones fundamentales del tozudo periodista norteamericano Burnett Bolloten (1909-1987), el historiador militante trotskista francés Pierre Broué (1926-2005) y, algo más libertario, el uruguayo Carlos M. Rama (19211982), que vinieron a consagrar el esquema del trotskista Grandizo Munis (Manuel Fernández Grandizo, 1912-1989, con fama de mexicano, pero al parecer extremeño) 14 Burnett Bolloten, The Grand Camouflage; theCommunist Conspiracy in the Spanish Civil War, Nueva York, Praeger, 1961. Bolloten reelaboró su obra repetidas veces con ediciones en inglés, castellano y francés en 1968, 1971, 1975, 1977 y 1991.Tomemos como referencia la versión en inglés: Burnett Bolloten, The Spanish CivilWar: Revolution and Counterrevolution, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1991; Pierre Broué y Emile Témime,La Révolution etla guerre d'Espagne, París, Éditions de Minuit, 1961. Broué también volvió sobre el tema, pero con menos monomanía: Pierre Broué,LaRévolution espagnole: 1931-1939, París, Flammarion, 1973; Pierre Broué, Staline et la révolution:le cas espagnol (1936-1939), París, Fayard, 1993; Carlos M. Rama, La crisis española del siglo XX , México-Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1960, y su versión en francés: Carlos M. Rama, La crise espagnole au XXesiècle, París, Fischbacher, 1962; G. Munis [sic], Jalones de derrota, promesa de victoria: España 1930-39, México, Editorial «Lucha Obrera», 1948; G. Munis [sic], Jalones de derrota, promesa de victoria: crítica yteoría de la revolución española, 1930-1939, Bilbao, Zero/Zyx, 1977.. La explicación puede resumirse, en síntesis, del siguiente modo: España fue la revolución proletaria por excelencia, lógicamente –hasta por obligación– traicionada por el bigotudo «gran organizador de derrotas».Aquí, los estalinistas fueron cínicamente de la mano de la «burguesía republicana» contra los logros de los trabajadores y, con menor ardor, contra el fascismo, así, en estado puro Leon Trotski, Stalin: el gran organizador de derrotas [¿1929?], Buenos Aires, Baires, 1974. . Koch se lanza sin haber leído más que a Bolloten, por supuesto.
Martínez de Pisón evita estas disquisiciones con una bien deliberada inteligencia, del mismo modo que rehúye las abundantes superficialidades de Koch. No es que Pisón dude de la función ejercida por los servicios soviéticos en España; es más, explica con mayor plausibilidad que Koch el triste destino de Robles a sus manos, con la consiguiente y embarazosa incomodidad para las autoridades republicanas, acostumbradas a torear con banalidades a los extranjeros más que complacientes. Muy al contrario de Koch y al modo de proyectarse en sus personajes, Pisón escribe Enterrar a los muertos desde su propia realidad como observador, como la descripción de una investigación muy persistente, cuyas evoluciones explica hasta el final, para seguir la pista y sus consecuencias hasta la generación posterior a los actores más directos de la contienda. Sin desmerecer de los grandes protagonistas literarios estadounidenses, los enfoca como unos autores forasteros que atraviesan un contexto para ellos exótico, pero que, en realidad, resulta tan significativo, por su misma existencia, como puedan serlo ellos mismos en tanto que autores renombrados. Por experiencia (de hecho, la tenemos todos los que hayamos hecho de guía a un extranjero), Pisón percibe la superficialidad del turista, aunque sea revolucionario, ante la complejidad del medio que atraviesa; al tiempo, sabe que los turistas tienen su bagaje propio, sus antojos, las filias y fobias que traen puestas y que se llevan consigo. Su «Dos» y «Hem» no deslumbran, no son las estrellas tan internacionales que tapan el trasfondo español, reducido a un decorado que podía ser rodado en cualquier parte, como hace Koch. Pisón sí que entiende –en marcado contraste con Koch– las diversas sociedades que su narración atraviesa o entrecruza.Ante la crítica por su ligereza, Koch se envanece, con estilo chulito posmoderno, y hace poco ha afirmado que considera que carece de importancia la diferencia entre historiador y novelista, ya que «la conjetura llena la historia». Es más –asegura–, estuvo tentado de escribir su libro como novela, pero le dio igual, ya que, en el fondo, todo es lo mismo. No advierte que cada género tiene sus reglas y que éstas se imponen, quiérase o no, a su autor, aunque el escritor se crea libre de toda atadura por ser transgresor Véase el intercambio entre Koch y Scammell en The New York Review of Books, 9 de marzo de 2006, p. 57..
Precisamente por ser español, por percibir el medio hispano desde dentro como insider, Pisón puede seguir los hilos de los eventos de los outsiders –sean rusos o norteamericanos– en la contienda española hasta sus últimas consecuencias. Por ello, narra lúcidamente las vidas posteriores de los hijos de los protagonistas hispanos, los jóvenes de la contienda que arrastraron consigo los traumas hacia el exilio y el futuro. Bien leído, Pisón conoce la relevancia de los afamados intelectuales estadounidenses, pero también sabe de la importancia de gentes que para Koch no pasan de ser extras o comparsas sin relevancia alguna. Nada engreído como autor, Pisón investiga, quiere entender y hacer comprensible una muerte, entre muchas, muchísimas otras, que –como suele pasar– dejó heridas en otros. Comunica su curiosidad con simpatía, en el sentido más auténtico de la palabra. El lector sigue y comparte sus ganas de conocer, ya que no es condescendiente. Sabe que cada muerte deja rastros tras de sí: los busca, quiere que los restos «le hablen», se expliquen. Logra así un bello y reflexivo ensayo.
La implicación «ideológico-interpretativa» pisoniana queda sutilmente indicada en el título: «enterrar a los muertos», así, en plural, es la séptima y última de las obras corporales de misericordia propias de la tradición católica. El libro, con su tono fresco, sincero y libre de las siempre cansinas pedanterías ideológicas que tanto abundan en el medio hispánico, ha recibido elogios tanto de los que ahora protagonizan los desentierros como justiciera obsesión historiográfica como de quienes, en el terreno de la divulgación histórica, se jactan de ser «sepultureros de la revolución» Rara vez puede observarse la sintonía del más terso polanquismo con las huestes capitaneadas por César Vidal: véase Ignacio Martínez de Pisón, «El misterio de José Robles»,El País Semanal, núm. 1.480, 6 de febrero de 2005, pp. 2729; Javier Rodríguez Marcos, «La historia es una novela», El País/Babelia, 30 de diciembre de 2005, p. 2; «Anónima víctima de la represión», Historia de Iberia Vieja, núm. 3, septiembre de 2005, p. 108.. En algún aspecto, probablemente más literario que sustancial, recuerda ensayos muy anteriores, pero poco conocidos por estos lares, como el interesante esfuerzo del ensayista angloargentino Andrew Graham-Yooll (1944) acerca de Arthur Koestler (1905-1983) en la guerra de España, una obra aquí desconocida aunque fuera publicada en su día en Madrid (y, a juzgar por los catálogos de las grandes bibliotecas, tampoco muy reconocida en otros lugares, muy inmerecidamente, por mucho que hoy pueda resultar un texto ya algo pasado) Andrew Graham-Yooll, Luchar por España.Arthur Koestler: del infinito al cero, Madrid,Altalena, 1978. Recientemente ha resaltado su interés como autor Arcadi Espada, «La crónica. Diario de un cagón», El País (edición de Cataluña), 9 de enero de 2006, p. 2 [Cataluña]. Y más recientemente todavía, en marzo de este año, se ha publicado Andrew Graham-Yooll, Memoriadel miedo, Barcelona, Libros del Asteroide, 2006 (con un prólogo de Arcadi Espada), dedicado al tema no ajeno del ambiente creado por las desapariciones en Argentina en los años setenta. .
Dicho sea de paso, debe tomarse buena nota de que el asunto que centra estas dos obras no llega a ocupar dos páginas –sin mucho concretar– de la historia de la Guerra Civil del británico Antony Beevor (1946), hoy tan revalorizado en los medios españoles Antony Beevor, La Guerra Civil española, Barcelona, Crítica, 2005, pp. 361-362 (trata de las parcialidades de los intelectuales en general). Sin embargo, la línea abierta por Koch y ahora desarrollada tanto por él como por Pisón ya ha dejado su huella: por ejemplo, en Dan Franck, Libertad! L'amore e l'empegno, l'arte e la política, idrammi e la leggerezza nella Parigi degli anni Trenta, Milán, Garzanti, 2005 (traducido del francés), pp. 252-253, se centra en «l'affaire Robles» (aunque ni uno ni otro aparecen en la bibliografía).. Aun si se admite que Beevor es más un historiador militar con una gran sensibilidad para el detalle reflexivo que un investigador de las manías de los intelectuales, puede ganarse cierta perspectiva sobre el asunto del desgraciado y tan pronto desaparecido Robles, cuya ejecución fue tapada por las excusas vergonzantes y la búsqueda de la complicidad entre los «biempensantes» progresistas Daniel Aaron, Writers on the Left. Episodes inAmerican Literary Communism, Nueva York, Harcourt, Brace & World, 1961, capítulo 15: «The Adventures of John Dos Passos».. No se le ocurre a Koch, decidido a denunciar a Hemingway por todas las hipocresías habidas y por haber, pero el mismo «Hem», antes de lanzarse a unos renovados juegos antillanos con los comunistas y la embajada estadounidense, buscando falangistas en Cuba y submarinos alemanes en sus aguas, sorprendentemente dio muestras de algo parecido al criterio misericordioso de Pisón. Un impulso desconocido llevó a «Don Ernesto» a titular su gran novela sobre el conflicto español –en la que, entre otras cosas, relata toda suerte de barbaridades realizadas en la zona republicana– de un modo que todavía hoy resulta sorprendente, por su ambigüedad subyacente. La llamó For Whom the Bell Tolls, por quién tañe la campana, cita del famoso poeta barroco inglés y clérigo anglicano John Donne Ernest Hemingway, For Whom the Bell Tolls, Nueva York, Scribner, 1940. Pueden seguirse las continuadas «machadas» de «Hem» en el París recién liberado, muy parecidas a sus ostentaciones anteriores en España y Cuba: véase la versión revisada (original de 1994) de Antony Beevor y Artemis Cooper,Paris after the Liberation, 1944-1949, Nueva York, Penguin, 2004, pp. 46, 48 y 56-57 (edición en castellano:París. Después de la liberación, 1944-1949, Barcelona, Crítica, 2003).. Es decir, algo así como Enterrar a losmuertos, pero en protestante.
La palabra «aficionado» –igual que su equivalente amateur en inglés– tiene una doble carga contrapuesta: puede significar un interesado en un tema, con una gran dedicación, o puede indicar la superficialidad del diletante frente a la supuesta seriedad del «profesional». Llegado a este punto, el lector entenderá que, para este reseñador, el autor español refleja muy claramente el tipo más positivo de «afición», mientras el estadounidense encarna la otra. Con novelistas tan lúcidos como Martínez de Pisón da pena ver el panorama tan «comprometido» –aquí también en ambos sentidos de la palabra– de los historiadores españoles, todavía dedicados a desenterrar a los fusilados para lanzar sus huesos a la cara de sus contrincantes ideológicos.

01/05/2006

 
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