ARTÍCULO

Desmitificando el universo rural castellano

Cambridge University Press, Cambridge, 1996 Premio Nadal Destino, Barcelona, 1997
 

Como viene siendo habitual, Vassberg, bien curtido en estudios sobre Castilla en la Edad Moderna desde que iniciara su extensa carrera en 1975 y ampliamente difundido en nuestro ambiente académico, continúa con este último trabajo una trayectoria fecunda que nunca se ha detenido pese a que sean tan notables las carencias historiográficas autóctonas.

La presente obra surgió tras la modificación de un proyecto que, en origen, pretendía acercarse a la realidad cotidiana de las villas castellanas del siglo de oro. Fue en aquel contexto donde se engendró la idea de refutar las interpretaciones no científicas que habían entronado un mito historiográfico según el cual el universo rural castellano se alimentó durante siglos de un férreo aislamiento e inmovilismo para quedar ajeno a la dirección que tomaban las demás sociedades europeas. Esta mitificación del mundo rural tiene las más diversas procedencias, unas autóctonas, otras foráneas. Se origina en el menosprecio político del marxismo hacia la pasividad reaccionaria del campesinado, pero también en el presentismo social, incapaz de reconocer en la movilidad del pasado los orígenes del dinamismo actual. Emana, asimismo, de las dificultades culturales de la clase media para construirse un espacio urbano propio, una frustración que la incita a idealizar el referente campesino como armonioso universo en donde hallar orden social. No obstante, el envite del autor no se detiene ante las responsabilidades de una historiografía –en la que se reconoce antiguo culpable– que ha abundado en alimentar el mito al adoptar una postura tajantemente acrítica con la herencia del pasado. A ella corresponde dar cuenta del ensimismamiento de nuestros estudios locales y de su tendencia a hacer de las instituciones único objeto de estudio, fríamente deshumanizado. Frente al mito, Vassberg apuesta por el retorno a la investigación histórica de las poco atendidas villas de la Corona de Castilla. El resultado es una doble hipótesis que cabalga por cada uno de los ocho capítulos del libro. A saber, las villas y lugares de la Época Moderna constituyeron colectivos muy dinámicos y fue esta extremada movilidad la que permitió su profunda integración en las estructuras sociales, estatales y culturales del entorno castellano.

Tal afirmación sirve de eje sobre el que articular una extensa descripción sobre los rasgos que particularizaban el dinamismo migratorio característico de aquella sociedad a la que la leyenda había arrebatado su tempus histórico. En este sentido, la interacción entre los habitantes de las villas con el mundo que los circundaba quedaba asegurada por una densa red de relaciones económicas –productivas y mercantiles– que unía campo y ciudad, villas y aldeas, individuos y familias. Y a ella se sumaban otros entramados políticos y culturales que acercaban el Estado a la comunidad y ponían en contacto identidades colectivas diversas para hacer de villas y lugares núcleos básicos de recepción de ideas, percepciones, valores y sangre renovadas. La obra de Vassberg constituye toda una novedad que llena con destreza el anacrónico vacío imperante en la demografía histórica y la historia económica hispanas. No obstante, presenta ciertas dificultades de carácter metodológico y teórico que proceden de la ausencia de diálogo, en ocasiones extrema, con los nuevos aportes vertidos en estos últimos años por otras ciencias sociales. Esta carencia se concreta, sobre todo, en que si bien se explicita la necesidad de recurrir al método comparativo, éste queda limitado a describir la singularidad del fenómeno castellano, una vez contrastado superficialmente con otros foráneos. Se pierde, por tanto, la oportunidad de aislar comparativamente las condiciones y estructuras que hicieron posible tanta movilidad geográfica y social. Pero además, la falta de análisis contextual y comparado empobrece dramáticamente el planteamiento de preguntas relacionadas con el tema tratado.

Las consecuencias de tales carencias son molestas para la hipótesis defendida por Vassberg. Primero, porque se sacrifica la explicación a la correlación de unos acontecimientos, no obstante descritos con la fertilidad propia de la mejor tradición anglosajona. Segundo, porque, consecuentemente, las preguntas implícitas en el libro no alcanzan a sobrepasar el terreno de los porqués, permaneciendo casi por completo en los estrictos límites de los cómos.

Por estos derroteros, a la afirmación y preguntas a las que puede llegar el lector tras finalizar su viaje por esta obra son paradójicos: dinamismo y movilidad sí, pero ¿por qué y para qué? La obra de Vassberg tiende así a oscilar vertiginosamente entre la explicación funcional que, sobre la naturaleza migratoria precapitalista, dio D.-S. Reher en 1990 y la explicación circular. Las consecuencias de tal dicotomía son peculiares, pues uno debe saber elegir en el libro entre una visión negativa de la movilidad, considerada ésta como válvula de escape de las sociedades tradicionales cuyas estructuras pueden permanecer así estables; y entre una apreciación positiva en la que la migración es motor de transformación pues garantizaba –y a la vez es garantizada por– la presencia de mejores oportunidades para los protagonistas de esta historia.

El grueso de las descripciones se inclina hacia una apreciación optimista de la movilidad, quizás como respuesta a tantas décadas de «mito estático», en la que el cambio está asegurado por las acciones racionales, intencionales e individuales de unos lugareños siempre dispuestos a comunicarse con el exterior, allí donde surgiesen las oportunidades que pusieran a su alcance una mejor y feliz existencia. Sin embargo, el contexto histórico de la narración traiciona al autor revelando una situación estructural en la que la mayoría de los hombres y mujeres se vieron dramáticamente compelidos a salir, con frecuencia de por vida, de las instituciones vecinales y comunitarias que les reconocían como seres sociales.

Finalmente, el problema al que remite el trabajo de Vassberg tiene una vertiente claramente filosófica. En efecto, tras denunciar la deshumanización que han supuesto los estudios recientes, exclusivamente centrados en las instituciones, el investigador norteamericano acaba por extraer a los sujetos de sus escenarios históricos –estructuras e instituciones-con tal de que los actores recobren la humanidad perdida. Lo que se olvida, empero, es que los habitantes de aquellas villas se movieron por el territorio castellano y aún más allá de sus fronteras teniendo como referente las instituciones locales y foráneas que modelaban sus valores, creencias y vidas. Y la comunicación entre ellas tendió a reconstituir más que a transformar una cultura que difícilmente podía impulsar el cambio de una sociedad cuyas desigualdades obligaban a emprender el arduo camino de la migración, fuera ésta temporal o amargamente definitiva.

01/03/1997

 
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