ARTÍCULO

Desigualdades de género en la escuela

 

Desde los orígenes de la construcción del sujeto moderno, la educación ha sido instrumento prioritario de estratificación social y de dotación de los papeles sociales básicos. La escuela siempre fue uno de los resortes fundamentales de los reformadores sociales positivistas, para acelerar el progreso social, según unas leyes naturales indefectibles, que sólo los investigadores sociales parecían conocer. Una intervención reformadora sobre la sociedad, tan deseada por los primeros «ingenieros sociales», no podía desperdiciar la ocasión de moldear las mentes incipientes de los futuros ciudadanos modernos. Los orígenes de la pedagogía contemporánea estuvieron en el centro de estrategias políticas muy evidentes. De aquí el interés de la pedagogía como objeto de estudio de las investigaciones históricas y sociológicas. Durkheim así lo apreció y propuso su concepción del «sistema social» desde una investigación pedagógica que, luego, se transformó en vertiente fundamental de la sociología clásica. Su La evolución pedagógica en Francia (1904-1905) subrayó tanto el interés de la pedagogía en la vertebración de la sociedad moderna y las nuevas instituciones sociales, como manifestó el relieve que debería tener la metodología histórica en los futuros estudios sociológicos. Pero, preso de un sexismo con el que Marianne Weber polemizó, sometió las relaciones familiares a una división social del trabajo, según la cual la mujer de un intelectual sólo debería lavar, planchar y pasar los escritos de su marido a limpio. Para salvar este reprochable escollo y avanzar un largo trecho en la comprensión de los orígenes de la educación, los análisis sociológicos realizados por mujeres tienen un interés inestimable. Estudios realizados entre nosotros por mujeres investigadoras, como el de Julia Varela, en su día –Modos de educación en la España de la Contrarreforma (1983)–, o el reciente de Sonsoles San Román, tienen un interés, por ello, especial.

Las primeras maestras indaga en los discriminatorios avatares de las niñas y de unas pacientes mujeres volcadas a la enseñanza, desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta nuestros días, para desvelar las causas sociales de una masiva presencia de la mujer como enseñante en los niveles primarios de la educación, lo que se conoce como «feminización docente». Como señala Mariano Fernández Enguita, en su prólogo, el libro revela de qué forma la mujer, junto con los trabajadores y las minorías, han sufrido las grandes exclusiones que sirvieron de sustrato original de los sistemas escolares. La mujer primero es excluida de la escuela, recluida en el analfabetismo; luego es incluida para ser domesticada, según los patrones sociales de la sociedad industrial y postindustrial. Y hoy, posiblemente, sufre una inclusión excluyente. La mirada retrospectiva sobre las primeras maestras quiere, según expresa la autora, poner en cuestión la explicación que hoy dan las estudiantes, estadísticamente muy mayoritarias en comparación con los estudiantes, a su abundante presencia como futuras maestras en la escuela primaria. No se trata de la «vocación», o las especiales dotes naturales para cuidar de los infantes, niñas y niños, lo que ocasiona el abarrotamiento de las aulas universitarias de magisterio –donde San Román es profesora– y de las escuelas por mujeres, sino el ya antiguo surgimiento de las «semiprofesiones». Los hombres han dejado vacantes ciertas semiprofesiones –limpiadoras, azafatas, enfermeras, maestras...–, en aras de su dedicación en esferas más reputadas y mejor remuneradas de las relaciones laborales. Mostradas las causas históricas y el contexto social y económico que justificaron y justifican la afluencia palmaria de mujeres en las responsabilidades y aledaños de la escuela primaria, caerá destruido, según quiere la investigadora, el mito todavía vigente de la «vocación para maestra».

Con este fin actual, la sociología historiográfica se muestra en este libro harto eficaz. A través de fuentes documentales, testimonios de sus protagonistas históricos, el pensamiento de Rousseau, Kant y Condorcet, tablas estadísticas y fuentes jurídicas, Sonsoles San Román va descubriendo las estrategias puntuales a través de las cuales la mujer fue discriminada en la escuela. El libro comprende una filosofía de la historia caracterizada por la sospecha ante la concepción liberal del progreso. Bajo las aparentemente más filantrópicas intenciones liberales se esconden intereses manifiestamente espurios, primero de los liberales Jovellanos, Campomanes y Cabarrús, del ilustrado Carlos III y del absolutista Fernando VII; después de la Ley de 1836, la Ley de 1838 y la Ley Moyano de 1857, con Narváez; y, finalmente, de la renovación pedagógica krausista e institucionistas iniciada con Sanz del Río. Todas estas iniciativas de reforma social educativa, muy vinculadas a las demandas de mano de obra que exigen las transformaciones en el sistema productivo, van siendo criticadas por sus deficiencias e incapacidades cara a un reconocimiento efectivo de la mujer como escolarizada y maestra en pie de igualdad con el hombre.

Para esclarecer el laberinto histórico de estas estrategias de dominación de la mujer, la autora ha ideado una tipología de maestras bien caracterizada que comprende, sucesivamente, a la «maestra analfabeta», a la «maestra maternal» y a la «maestra racional intuitiva». La maestra analfabeta cumplió una función moralizadora del hogar, había de responsabilizarse en la inculcación de los buenos hábitos de dependencia y sumisión, acorde con la naturaleza de su sexo y ajena a la cultura. Enseña el catecismo, el pudor, el aseo, la prudencia quietista, a contar para hacer la compra y las labores necesarias a la industria textil, sin acceder a la alfabetización. Sus estrechos límites ratifican la reclusión doméstica de la mujer, instruida para un sacerdocio más que enseñada. La maestra maternal es la madre social superpuesta a la madre biológica, una y otra buenas conocedoras de la maternidad, según lo requerido por el tren de la industrialización: atajar la insalubridad pública y acoger a la infancia en las largas horas fabriles de la mujer. El libro destaca cómo los programas de acceso a esta docencia correctora eran claramente más limitados para la maestra que para el maestro. Ésta, considerada pusilánime y carente de autoridad, se remitía a ser la discreta compañera del maestro, siguiendo, o cubriendo las deficiencias de los papeles familiares. La indulgencia hacia la formación de la mujer y el control político, ejercible a través de una educación clasista y sexista, son los caracteres más destacados, por la autora, en la labor reformadora de Moyano, muchas veces celebrada como progresista. Con la Ley Moyano comienza el tortuoso recorrido hacia la maestra racional intuitiva. La autora señala la crisis del período isabelino, tras 1868, como el momento de emergencia de los reformadores. La influencia de Krause, Fröebel y Sanz del Río marcan la tercera concepción del magisterio femenino. La maestra es concebida como el instrumento de integración de la infancia en la espontaneidad de la naturaleza, a través del juego creativo. Ahora la maestra es concebida, en opinión de San Román, como la protagonista única de la escolarización primaria pero no por su sólida educación sino por sus «cualidades» naturales. La mujer es la adecuada intérprete de la activa religión natural frente a la pasividad de la religión eclesiástica. Pero la apertura que el libro reconoce a krausistas e institucionistas es el primer episodio de la criticada «feminización semiprofesional» de la educación, basada no en una igual cultura con el maestro sino en la supuesta naturaleza femenina. Hasta hoy causa de la masificación femenina en el magisterio, compatible con el acaparamiento de los cargos directivos de la escuela por los hombres.

Las ocho ilustraciones que contiene el libro –parcialmente a cargo y bien reproducidas por el fotógrafo Francisco Gor– ofrecen un rápido vistazo de esta «amable» y «dulce» dominación escolar ejercida sobre la mujer en la escuela, plurisecularmente. Su autora ha indagado fructífera y sugerentemente en las raíces sociológicas de desigualdades presentes, y muy actuales, en la escuela, con una mirada retrospectiva a su más reciente pasado.

01/11/1999

 
ENVÍA UN COMENTARIO
Nombre *
Correo electrónico *
Su comentario *
 
 
 
 

Normas de uso
Los comentarios en esta página pueden estar moderados. En este caso no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita las descalificaciones personales, los insultos y los comentarios que no tengan que ver con el tema que se trata. Los comentarios que incumplan estas normas básicas serán eliminados.

 
Deseo mostrar mi email públicamente
 
He leído y acepto la cláusula de privacidad.
 
 
 
Por favor, para evitar el spam necesitamos que resuelvas la siguiente operación matemática:
1 + 4  =  
ENVIAR
 
 
OTROS ENSAYOS DE JULIÁN SAUQUILLO
RESEÑAS

 

BÚSQUEDA AVANZADA

Te animamos a bucear en el archivo de Revista de Libros. Puedes realizar tus búsquedas utilizando los siguientes criterios.

Todas las palabras
Cualquiera
Coincidencia
ENVIAR


Apúntate al boletín de Revista de Libros
ENSAYOS ANTERIORES
RDL en papel 187
RESEÑAS
 
  Apúntate a RdL
BLOGS
 
  Archivo RdL
 
Patrocinadores RDL